ahorros

— Tenemos que ahorrar dinero. Tenemos que ser más responsables.

— Sí. Ahorrar.

— Por ejemplo, hoy nos pintamos las uñas nosotras, y ahorramos $20 cada una.

— Anjá.

— Vamos bien. Nos arreglamos el pelo en la casa, y así guardamos unos $50 que es lo que cuesta…

— Anjá.

— ¿Sabes lo que significa?

— Que estamos creciendo y nos toca preocuparnos por nuestra economía, y…

— ¡Que podemos ir a esa cafetería que tiene el café delicioso y esos dulces franceses de morir!

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Sensibilidades

Servando Cabrera--Arabesca, diosa indianaHay personas que me impresionan porque me quieren sin decírmelo. Al menos sin decírmelo explícitamente. Lo demuestran de alguna forma que logra penetrar en mi sensibilidad.

Me ha sucedido recientemente con dos profes que quiero mucho: Mercedes Rodríguez Y Miriam Rodríguez. Los nombres hasta se parecen (aún recuerdo mis enredos a la hora de citar a ambas para mi Tesis: Rodríguez, M. (2005) y no supe cómo salí de aquel trance de diferenciarlas en la bibliografía).

Recientemente conversé con la profe Mercedes, le pregunté por Alfonsina –ella tiene una nieta que se llama Ana Sofía, pero como le gusta la poesía de la Storni, quería que la nombraran Alfonsina. No logró el nombre, pero Alfonsina es, entonces, una suerte de código entre ella y yo para referirnos a la niña.

Le dije que iría a su casa, que tengo un café muy sabroso y lo quiero compartir. Me dijo: “Tú para venir no tienes que traer café. Te espero. Yo he querido deshacerme de algunos libros, materiales…y no los he botado pensando en ti, en que pueden servirte”.

Con la profe Miriam también hablé por teléfono. De crónicas, de mi maestría, de periodismo y de familias. Ya terminando le dije: “bueno, profe, y ahora que se reanuda la Serie Nacional, ¿quién gana, Villa Clara, Industriales… quién? Y me respondió que ella quiere que gane Industriales, siempre. “Pero si no ganara, entonces quisiera que el primer lugar sea de Villa Clara, para que tú estés feliz”. Quedé muda.

Solo personas de tanta grandeza pueden apartarse de lo que quieren, de lo que en primera instancia es bueno para ellas, de alguna adicción que las haya acompañado de por vida –ya sea libros o un equipo de béisbol- para pensar en mí. Las dos me impresionan y cada vez que hablo con ellas creo que robo, o al menos creo estarles robando: un pedazo de sensibilidad.