Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘conversar’

Yo, la más estresada del día, con déficit de cafeína y envuelta en libros… Yo, la que pongo bandera a media asta por una cafetera rota, y me precio de conversar largo y abrazar hondo, he tropezado hoy con mis palabras. Y huí. Y divagué por cinco minutos cuando tuve delante de mí este adorno de flores. El regalo que salvó mi día. Huí como en esa canción de Sabina: “…dijo Hola y Adios”. Huí, y solo en la puerta me detuve a mirar hacia atrás, porque con esa prisa tan absurda, me alcanzó la sensación de habérmelas robado.

Read Full Post »

mar_EE.UUMirar el río hecho de tiempo y agua/ recordar que el tiempo es otro río,/ Saber que nos perdemos como el río/ Y que los rostros pasan como el agua.

Jorge Luis Borges

 

Cada 13 de febrero es su cumpleaños. Así desde 1983. Ella sabe que debe dejar la tarjeta de felicitación un día antes y un día después, porque un solo día no basta. A fin de cuentas él le ha regalado más que una tarjeta.

Él le regaló dos de las lecturas más imprescindibles de su vida: Hamlet, y La insoportable levedad del ser. La introdujo en Milán Kundera y ella no salió igual.

Él le regaló la sinceridad de toda buena relación, y el respeto, y las largas conversaciones sobre lo humano y lo divino. Y la posibilidad de nombrarlo primer novio. Le regaló luego la amistad de quienes se reconocen hasta en lo oscuro, y se aprenden a fuerza de mirarse. (De quienes saben que solo discutirán visceralmente por dos camisetas de fútbol, porque ella nunca será madridista, porque él nunca será culé).

Se comparten las fidelidades más auténticas, y aun en la distancia, sin testigos y sin alzar voces, continúan uno en defensa del otro, con el compromiso intacto de rescatarse a fuerza de verdades.

“Cumplo 24” –le dice. “24 + 10” –añade con la sonrisa irónica que lo caracteriza. La sonrisa irónica y ladeada que ella adora, y le parece que esa forma de decir su edad es, como todo lo suyo, muy original.

Entonces ella cree que no lo ha felicitado lo suficiente; pone en su honor una playlist diversa, como él suele hacer, que incluya todos los géneros. Como hacía en tiempos de universidad, cuando lo conoció. Relee la Poesía de poeta y de loco que él tenía, y queda así, invocándolo, se le agolpan las letras y termina escribiendo todo esto. Por él.

Read Full Post »

labiosDespierto a medianoche y te hablo. No sé si estás despierto, ni siquiera sé si estoy despierta, pero te hablo. Se me escapa un pedazo de poema, y me preguntas qué nombres digo, qué digo, qué nombres… Y menciono a Dulce María Loynaz y a Carilda Oliver Labra. Me ves sin entender, sin entenderme, sin entenderlas. Te cito versos de cada una:

La Balada del amor tardío, de la Dulce María:

“Amor que llegas tarde,
tráeme al menos la paz:
Amor de atardecer, ¿por qué extraviado
camino llegas a mi soledad?”

Y me guardo la palabra atardecer, y la escondo de todos, y de mí misma, porque los atardeceres son irrepetibles. Eso creo, que si algo especial existe es un atardecer. Y no lo digo, solo lo escondo.

Y cito también Se me ha perdido un hombre, de Carilda:

“Yo pensando
en dónde está la mitad del cuerpo mío,
en quién va a cantar ahora para quitarme
el miedo,
en las veces que no nos besamos
y en las que nos besamos,
en sus ojos coléricos frente a la injusticia,
en ese silencio con que me responde,
en la herida que nunca le cosí,
en sus manos.”

Y me guardo la palabra manos, y la escondo de todos, y de mí misma, porque tus manos son irrepetibles. Eso creo, que si algo especial existe son tus manos. Y no lo digo, solo las escondo.

Miro tus manos, cada vez más nítidas, y no. Cada vez más cercanas, y no. Como los atardeceres. Efímeros. Efímeras.

Despierto a medianoche y te hablo. Me quedo repartiendo palabras al azar, poemas al azar, te busco al azar, y no hay nadie. No hay más nadie que yo –sola- en la habitación. No sé si estás despierto, no sé si existes. Ni siquiera sé si estoy despierta, no sé si existo. Mas, se me escapa un pedazo de poema, un atardecer, y tus manos…

Read Full Post »

avion-se-va“Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos…”

Mario Benedetti

 

 

— ¿Qué vas a hacer?

— Regreso.

— ¿Te amenazan y regresas?

— ¿Qué voy a hacer? No es fácil esto. Allá son implacables. Iré con buena cara. Me arreglaré todo lo que pueda antes de bajar del avión.

Me dan deseos de abrazarlo y deseos de golpearlo al mismo tiempo, por hacer un chiste con algo tan grave, por tomarse a la ligera su propia vida y (egoístamente, pienso) por dejarme así, en vilo, esperando noticias suyas hasta que llegue. Hasta que ese avión aterrice -lo sé- no tendré paz.

Cualquier otra persona pediría algo diferente. Pediría algo así como: pon una velita por mí, reza por mí, pídele a todos los santos por mí… o alguna de esas cuestiones tan folclóricas entre cubanos. Él no. Él pide, en cambio:

— Pon una alerta de Google Noticias con mi nombre… si pasa algo, por ahí sabrás.

Y me dan ganas de gritarle. De gritarle, de escupirle en un grito: Te odio. Te odio. Te odio.

No de negarlo tres veces, no de desconocerlo tres veces, sino de odiarlo. Odiarlo tres y cuantas veces pueda, cuantas veces alcance a gritarle: Te odio.

Pero me calmo, porque aunque logre quebrar mis nervios, yo no lo odio. No tengo capacidad para odiar. Y porque ya tengo entrenamiento en eso de autocontrolarme cada vez que un amigo se va o regresa. Su caso es diferente, lo sé. Pero es su vida, es su decisión –pienso- y yo solo estoy siendo egoísta en grado muy. Muy egoísta. Tremendamente egoísta.

Hago acopio de paciencia y le pregunto al fin, luego de un prolongado silencio:

— ¿Cómo hago eso de poner una alerta en Google Noticias?

— Te explico: escribe mi nombre en Google Noticias. Listará noticias sobre mí. Abajo, al final de la página, hay un botón que dice “Crear alerta”, sigue los pasos, y cualquier noticia sobre mí irá a tu email. Es un modo de estar justamente alerta, y no desesperarse.

¿Y no desesperarse? ¿En serio? Lo odiaría ahora mismo con la misma intensidad que lo quiero, estoy más que desesperada, y… ¿me dice que una alerta en Google Noticias es una buena forma de no desesperarme? Me calmo, otra vez. O lo intento al menos, por él. Y me despido, porque no puedo –aunque quiera- seguir esta conversación.

— Está bien. Ya lo hice. Te quiero.

— Yo también te quiero.

Y me quedo aquí, delante de la pantalla de la computadora todo el día, esperando…

Read Full Post »

mujer-cine…be happy

 

 

Me pierdo entre los cafés. Me fugo a las cafeterías. Hasta una servilleta sirve para anotar mi felicidad. El olor del café, el sabor del café…Yo.

Me escondo. Es tiempo de esconderme en mis propias letras, y de renovarme en las ajenas. Por eso me regodeo entre tantos libros, bibliotecas, librerías. Parece un mar, y me fascina.

Regreso a mí con la piel erizada de palabras. Y por primera vez me pierdo, yo sola, en un cine. En muchos cines. Conmigo misma.

Me reconozco cada día más. Hago lo que me gusta. Me agrado cada día más. Y soy inmensamente feliz.

Read Full Post »

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Hay personas que se empeñan en reaparecer cuando perciben que las palabras ya no les corresponden. Escribo de poemas intensos, de abrazos para contrarrestar el frío que empezaba a calar por dentro. Y reaparecen.

No dicen a tiempo, pero se aferran en volver a destiempo. Solo por el egoísmo de quedarse sin alguien que les deje palabras en tropel. Palabras por correo, palabras en mensajes, palabras en botellas.

Yo, que de un tiempo a esta parte he aprendido que los afectos –cuando pasajeros- llevan fecha de caducidad, cuando quiero decir algo, me desbordo. Como ahora, contra todo manual establecido.

Sobre todo porque no quiero que me suceda como en los versos de Dulce María Loynaz:

Vivía- pudo vivir- con una palabra apretada entre los labios.
Murió con la palabra apretada en los labios.
Echaron tierra sobre la palabra.
Se deshicieron los labios bajo la tierra.
¡Y todavía quedó la palabra apretada no sé dónde!

O como la Última noción de Laura, de Mario Benedetti…donde, luego de tantos silencios, ella admite que:

Usted Martín Santomé no sabe
cómo querría tener yo ahora
todo el tiempo del mundo para quererlo
(…)
usted de todos modos
no sabe ni imagina
qué sola va a quedar
mi muerte
sin su vida.

Decir a destiempo es dejar morir las palabras. Tal vez por esa razón, cuando he escrito de soledades o de extrañar a alguien, y reaparecen personas que nunca pronunciaron las suyas, yo –de visceral que soy- los convierto en fantasmas. ¿Por qué vienen? ¿Por qué en ese momento? ¿Querían que me aprendiera sus palabras? Qué pena. Lo siento. Llegan tarde… Aun cuando esté sola, cuando esté acompañada, o cuando me abrace a alguien –o no-, desconfío profundamente de aquellos que dicen te quiero a destiempo.

Para ellos -como Alfonsina Storni- no estoy. “Le dices que no insista, que he salido…”

Read Full Post »

tiempos

reloj-de-arena-173765“¿Tienes tiempo?”

A mí me obsesiona el tiempo. Más bien: no perder el tiempo. Puedo pasar horas recorriendo un museo, deteniéndome en cada trazo de una pintura, o acariciando las columnas.

Me entretengo con los sonidos –sobre todo del mar, el viento en los árboles, y el trino de las aves. Gusto de oler las páginas de los libros y revistas, como mismo el aroma del café.

Paso horas leyendo.

Me escurro hacia los bancos en los parques a mirar, asombrada, cuanto hay a mi alrededor. La vida misma me impresiona.

En ocasiones soy demasiado visceral.

Me encanta conversar, pero con personas muy puntuales. Y soy incapaz de soportar una plática donde el tema no lleve una buena dosis de razonamiento lógico.

Por eso me asombra que quienes no sepan de qué van a hablar, se me acerquen con la tan manida frase de: “¿Tienes tiempo?”

Yo tengo. Tengo mi tiempo. Mas, egoísta que soy, raramente lo comparto.

Read Full Post »

Older Posts »