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Posts Tagged ‘Coyoacán’

Coyoacán, Ciudad de México.

Dos turistas, mapa en mano, tratan de ubicar la calle Viena, y en ella el museo que otrora fue la casa de León Trotsky; ese lugar donde vivió desde que se alejó tormentosamente de la Casa Azul de Frida Kahlo. Ese lugar donde transcurrieron varios meses de 1939 y 1940 en los que aparentemente no pasaría nada… y sin embargo sucedieron los dos atentados: el primero fallido, el segundo definitivo.

Los dos turistas se detienen frente a una mujer, porque creen que los orientará mejor que un mapa. Si es residente de esa zona, ella debe ser, por ende, una mujer-brújula. Y ellos la necesitan.

— Señora, por favor, ¿Puede decirme cómo llegar a la casa de León Trotsky?

Y sin vacilar demasiado, ni mostrar extrañeza alguna, les respondió:

— Lo siento. Yo hace poco que me mudé y aun no conozco bien a los vecinos. No sé dónde vive el tal León ese que ustedes buscan.

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Frida Kahlo“Preciosa imagen –me comenta- se le ve joven y serena. Nada atormentada, como sí lo fue después”.

Me lo escribe y del otro lado del frío cristal de la computadora, mi expresión serena se torna atormentada.

¿Dijo algo sobre Frida? ¿Dijo algo sobre mí? Me confundo. Me mezclo.

Frida Kahlo me renace. Me duele. Me hipnotiza. Me desvela. Me revive, o la revivo.

Guardo sus fotos con recelo. Voy a su casa, ahora convertida en museo, solo para quedarme un rato en su jardín. Quieta. Me aprendo sus trazos, sus apuntes. Admiro sus pinceles, sus libros. Y vuelvo al patio a tomar aire. Dentro, en un cofre junto a la cama, están sus cenizas.

Silencio. ¿Cómo vas a decir de tormentos si no sufriste lo que ella, si no viviste lo que ella?

Ese pedazo de Coyoacán fue el primer lugar que quise visitar de México. Y también el primer lugar donde lloré. La Casa Azul.

─ Si muero en México –le dije a una amiga- quiero que me incineren y me rieguen en el patio de la casa de Frida Kahlo.

─ Eso es ilegal.

─ Pues no te preocupes, cabré en una bolsita. Ahí me pones, con 40 pesos te compras el boleto de entrada, y cuando estés entre los árboles, abres la bolsa y me esparces. Nadie lo notará.

─ ¡Loca!

Hojeo el facsímil de su diario íntimo. Me detengo en sus citas:

“Yo solía pensar que era la persona más extraña en el mundo, pero luego pensé, hay mucha gente así en el mundo, tiene que haber alguien como yo, que se sienta bizarra y dañada de la misma forma en que yo me siento. Me la imagino, e imagino que ella también debe estar por ahí pensando en mí. Bueno, yo espero que si tú estás por ahí y lees esto sepas que, sí, es verdad, yo estoy aquí, soy tan extraña como tú”.

Sí, estoy aquí. Leyéndola.

“Cada (tic-tac) es un segundo de la vida que pasa, huye, y no se repite. Y hay en ella tanta intensidad, tanto interés, que el problema es sólo saberla vivir. Que cada uno resuelva como pueda”.

Frida Kahlo. O yo. Ya no sé quién escribe. Quién lee. Quién pinta. Quién vive.

Me revive, o la revivo.

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