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Posts Tagged ‘deseos’

Preludios

Se fue, imaginando que la lluvia corría por las ventanas, por las piedras, por las calles. Se fue pisando los charcos. Todos le dijeron que afuera el sol ardía en la piel, que la sequía había dejado la tierra árida, agrietada, descolorida. Casi todos la creyeron loca. Ella estaba viviéndose. No importaban las voces de los demás, en ese momento no había otro sonido que el de la lluvia golpeando el cristal de la ventana. Quiso salir a empaparse, a pisar los charcos, a beber de esas gotas. Quiso…Y lo hizo. Por un momento llovió solo para ella.

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Passion_ La vida es bella

“Tomás se decía: hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no sólo distintas sino casi contradictorias.
El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres), sino en el deseo de dormir junto a alguien (este deseo se produce en relación con una única mujer).”
La insoportable levedad del ser, Milán Kundera

 

 

— ¿Estás bien?

— Sí.

Y vuelve a preguntar como si ella llevara algo marcado en el rostro, o desdibujado, que le indicara al resto del mundo que no, que no está bien, que le sucede algo.

Ella, que sabe el valor de cada palabra, no puede volver a dar un Sí por respuesta. Al menos no sin admitir que se ha quedado varada en puerto ajeno, y que cada vez más viene a su memoria ese fragmento de la película que más le gusta.

La vida es bella. Lo dijo Roberto Benigni desde el título. Este diálogo entre Guido y Dora la marcó para siempre. Al menos eso cree. Y ahora se entrecruza con su vida, con lo que quiere decir, con lo que piensa. Y por primera vez tiene que ceder cuando le aseguran que no siempre las palabras, las benditas palabras, alcanzan para decirlo todo…

— ¿Qué diálogo? ¿Qué palabras?

— El momento más desgarradoramente sincero de esa película. Cuando Guido acompaña a Dora hasta la puerta de su casa, y habla con la mayor naturalidad de su más hondo anhelo:

“Se me olvidaba decirle algo.”
“Decirme qué”.
“Que tengo unas ganas de hacerle el amor. Pero no se lo diría a nadie, y mucho menos a usted. Deberían torturarme para obligarme a decirlo.”
“¿Decir qué?”
“Que tengo ganas de hacerle el amor. No una vez, sino cientos de veces. Toda la vida. Pero eso no te lo diré nunca. Ni aunque me torturen.”

 

(Algún día tal vez. En algún lugar tal vez. A alguien tal vez…diré esto. Por ahora es solo imaginación, y el apasionarme por una película que me encanta. Después de todo, La vida es bella… Después de todo yo ahora, con todo y soledades, me siento escandalosamente feliz. Y eso basta)

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2014

navidadCasi se acaba el 2013. Diciembre se convierte para muchos en tiempo de recuento, de repasar lo sucedido en estos 12 meses, y mirar al futuro después de un pasado a veces reinventado. Planes, metas, proyectos…cada cual anotará –en papel o mentalmente- lo que desea para los próximos meses.

Yo he vivido 26 años y aún no descubro por qué las personas se felicitan cuando termina un año y comienza otro. Tal vez sea: “felicidades por vivir un año más”, o “felicidades por estar en mi vida”, o…en fin…que no se me ocurren muchos por qués a las felicitaciones de estos días.

De todas formas quedan pocas horas para pasar del 2013 al 2014, y me sumo a desear –como si el desear mejor a todos se hiciera realidad- yo deseo que todos, los que me leen y los que no, los que comentan y los que no, los que les gusta el mar y los que no, tengan un 2014 sin soledades (sin soledades del alma, que son peores que las físicas). Que puedan espantar las traiciones, sentir paz… y bueno, de paso también deseo que regresen a leerme de vez en cuando, 🙂 yo en cambio regalaré abrazos.

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deseos

Los primeros deseos de mi niñez los pedí a una flor como esta, de las que se deshace en copos. Pensaba en algo que quería, la soplaba y listo…

En las noches velaba el cielo para ver si encontraba alguna estrella fugaz, y hacer alguna petición. También servía lanzar una cáscara de naranja completica, o un cake con una velita –un fósforo también sirve- y antes de soplarlo ahí va otro deseo.

Lo admito, tuve la vocación necesaria para trabajar en algún lugar donde las cosas cayeran del cielo, así, nada más de pedir que se conceda esto o aquello. Pero como no encontré una oficina donde dedicarme a solicitar o reclamar ansias atrasadas, pues me decidí por lanzar botellas al mar. ¿Y quién dice que muchas no viajan con mis anhelos?

De esa forma conocí varias personas a las que quisiera que se le cumplieran sus sueños, pues todas, como yo, reconocen que desear es importante.

Recientemente un amigo cumplió años. Quise regalarle un deseo. Le doy un pedazo de cake, pongo un fósforo encima, y le advierto que cuando lo logre encender –en medio de tanto aire que hace en la calle- pues él debe desear algo. Un fósforo, dos, tres… ¡todos se apagan! Ya sé, mejor lo enciendo y lo pongo directamente sobre el trozo de pastel. Así, sin previa consulta, prendí el fosforito, pero no se sostuvo encima del dulce, sino que fue a caer sobre la mano de mi amigo. “Bueno –dice- me quemé, pero al menos me dio tiempo a pedir el deseo”.

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Hoy es 31 de diciembre. Se nos esfuma otro año.

Las empresas hacen balances de sobrecumplimientos y de estadísticas de estos 12 meses. Algunas personas rememoran lo mejor y lo peor que les ha pasado. Otros hacen planes y promesas.

Yo solo quiero hacerme regalos. Me voy a regalar muchas ganas de abrazar, flores, atardeceres, y aún me debo un amanecer por algún lugar del occidente del país.

Me regalo mi compañía y como hasta ahora, el valor de irme sola a tomar café, helado, sentarme a leer en un parque y ver las olas chocar contra el muro del malecón.

Me reglaré más libros, té, lluvias, y hojas y lapiceros para escribir a mano.

También deseo. Deseo tranquilidad. Esto es, que la música de mis vecinos no me despierte 6:30 am los domingos mientras intento recuperar horas de sueño.

Deseo decir te quiero siempre que quiera, y que también me lo digan. Deseo regresar al Muelle Real de Cienfuegos, tener historias que convertir en crónicas, deseo sonreír muchísimo.

Deseo, de ser posible, que mi corazón se porte bien y decida quedarse otro año más.

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“Aprendiendo a vivir

en este siglo feroz

Aprendiendo a seguir

contra viento y marea siendo yo”.

Mario Benedetti

 

Me enamoré del Periodismo. Del olor a tinta impresa, de la premura del cierre, del conocer nuevas historias, de querer escribir la palabra correcta, de reír y soñar con mis amigos en la sala de redacción.

Y aunque llevo todo esto a la par de las conferencias enla Universidad, nunca puedo guardar mi orgullo de decirme periodista. Cuando más deseos de escribir tengo he pretendido que mis venas, en vez de sangre, se llenen de tinta.

Y no han sido pocas las veces que he tenido que salir a la defensa de mi profesión…u oficio. Como aquella vez en que una Doctora del Instituto Pedagógico apuntó hacia tres recién graduados donde me encontraba y nos dijo: ¿así que ustedes son “periodisticos”? Así, sin tilde en la segunda í, sonaba a desprecio, y para confirmarlo apuntó: el periodismo es una falacia. O cuando un hombre me dijo: no sé cómo todos ustedes pueden escribir de lo que no saben…

Pero en ambos casos, y en otros que he intentado olvidar, me incluían en la lista de personas que descuidan horarios para salir a cazar noticias, o historias.  Nunca, hasta este fin de semana, me habían excluido.

Recientemente tuve que viajar a Sancti Spíritus junto a dos profesoras de la Universidad para revisar pruebas de aptitud de Periodismo. Yo, que hace poco estuve sentada desde el otro lado.  Allá nos brindaron café y ante la negativa de mis dos acompañantes, una joven colega señaló: “A ellas no debe gustarles el café, porque son profesoras, no periodistas”.

Tuve deseos de mostrar mi carné dela UPEC, donde me acreditan como redactora-reportera del periódico. Tuve deseos de mostrarle la página 6 de ese día, donde había publicado un trabajo mío. Tuve deseos… Sin embargo, solo la miré, tomé mi taza de café, papel y lapicero en la otra mano, me senté y comencé a escribir etas líneas.

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