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Posts Tagged ‘Enrique Milanés’

blog de Enriquesí, en Rique. Un título tan original no es mío, sino de alguien sumamente original a quien –pese a escribir muy bien y tener casi un club de fans- no se le ha subido el caimán para la cabeza.

él tan modesto, trata de pasar desapercibido, esconderse en un silencio, o fugarse a un cuadro de Van Gogh. Pero su rana, su gota, y sus crónicas azules –que no se le escapan- no lo permiten. Eso, más el puñado de buenos amigos que tiene.

quienes lo queremos le escribimos o llamamos de cuando en vez, para comprobar que no se ha ido en silencios ni con Van Gogh, que sigue al alcance de un abrazo, de un consejo, de un suspiro, un caimán sin muela.

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Enrique Milanés es uno de los periodistas más talentosos que conozco, aunque ese talento vaya envuelto en una gran dosis de modestia, humildad y silencio.

Modestia, humildad y silencio. Tres cualidades para una. Talento.

Si no me creen, revisen su comentario en uno de mis post primeros, cuando yo me declaraba ladrona de historias, y lo mencionaba. “A mí, que casi siempre quedo insatisfecho con los míos, me vendría muy bien creerme coautor de tus post. ¡Qué maravilla esa: escribir bien sin escribir palabra!”

¿Ven? Y tan bien que se le da la crónica -él no tendría ni que madrugar para llegar al encuentro de cronistas de Cienfuegos- sin embargo, no participa todos los años. Para que descansen de él, dice, como si alguien en su sano juicio quisiera privarse de su presencia.

Siguiendo sus crónicas en su caimán sin muelas me alarmé porque a este caballero de la palabra se le había escapado, sin notas de despedidas ni rastros, su crónica azul. ¿Cómo podía ser posible?

Hace poco demostró, una vez más, ser todo un caballero. Accedió a firmar un documento legal, oficial, e irrevocable que sus tres mosqueteras: Leydi, Marian y Nyliam (L, M, N) le enviaron en sobre sellado. Le pedían, nada más y nada menos: ser su Dartagnan.

Sí, porque si ya tenía tres cualidades para una, era justo también que pudiéramos decirle: “Uno para todas y todas para uno”.

En verdad el inicio de esta complicidad surgió con un libro suyo que, luego de varios meses en mi librero, Marian quiso leer. Entonces yo, sin terminarlo, se lo presté. Luego la niña del pedacito de mar no quiso devolverlo, ni prestárselo a la muchacha de los Ojos a la N que también lo quería. Llegó un momento en que las tres nos disputábamos a un Enrique que estaba a cientos de kilómetros de distancias.

Después de varios pactos de tregua y fidelidad, L, M, N acabamos nuestra guerra y decidimos, pues, a sus espaldas –y no sobre sus espaldas porque este Enrique nuestro padece de dolores de columna- pactar lo siguiente:

-Cada vez que nos reuniéramos las tres lo llamaríamos por teléfono. Esto le ha valido unas cuantas llamadas a deshora, casi siempre pasadas las 11 de la noche.

-Hacer que el autor nos firme el libro a las tres. Tres dedicatorias diferentes. Así podemos compartir su libro de crónicas raras.

-Nombrarnos sus tres mosqueteras y pedirle –carta, dibujo, dedicatorias, firmas y libro de El cochero azul mediante- ser nuestro Dartagnan.

Ya ven, este ha sido un Enrique Milanés muy solicitado, por el cual sus tres mosqueteras casi versionan la canción de otro Milanés… pues ♫“te prefiero compartido antes que vaciar mi vida…♪

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amor_besandolalunaMe han alertado varias veces, me dicen que cualquiera, tan solo leer mi blog, podría enamorarme, que debo tener cuidado. No, cuidado debe tener quien lo intente…porque ya hay quien se ha lanzado el mar sin botellas y no le ha resultado… Pero bueno, como soy muchacha bondadosa y me porto bien, voy a facilitar las cosas. Aquí anoto lo que deben hacer (al menos saber). Lo demás, tarea independiente…

1- Escuchar jazz, soul, blues, trova, mientras los inciensos y las velas se consumen.
2- Saber si el mar golpea o acaricia.
3- Haber visto “El club de los poetas muertos”, y “La vida es bella”. Haber leído a Borges, Vallejo, Martí, García Márquez, Rulfo, Cortázar, la Storni, Dulce María… a José Alejandro Rodríguez, Luis Sexto, Michel Contreras, Yamil Díaz, Eduardo Montes de Oca, Enrique Milanés, Fulgueiras, Charly Morales…
4- Simpatizar con el Barça (o en su defecto, no ser madridista. Esto es: estar consciente de que Messi es Dios y por eso Ronaldo es Cristiano…) Discutir de pelota y de fútbol. Gritarle a los árbitros. 😉

(Y como me apasiono muchísimo con el tema del periodismo, dos cosas importantes…)

5- No creer que Padura es mejor periodista que la mayoría de mis amigos PERIODISTAS.
6- Coincidir conmigo en que Julio García Luis ha sido el mejor presidente que ha tenido la UPEC (y que tendrá…)

(Continúo…)

7- En mi tacita de café debe haber una dosis mayor a la suya.
8- Tener un espacio nuestro en el Muelle Real, de Cienfuegos, o en el Morro habanero.
9- Ver el Mundial de Fútbol, la Eurocopa… la Serie Nacional de Béisbol, por encima de cualquier telenovela. No ser adicto a la TV.

(Y como adoro las crónicas y a los cronistas que cada año se reúnen en Cienfuegos, y muchos de ellos tienen libros publicados –que tengo- o están en proceso de publicar alguno…pero uno de mis cronistas preferidos –para no pecar de absoluta y decir mi cronista preferido- no tiene las suyas compiladas, pues…)

10- Compilar TODAS las crónicas de Michel Contreras. Regalármelas (con firma del autor).

Y bien, como las primeras condiciones son más subjetivas y solo confirmables en conversaciones o con el tiempo, mucho tiempo… pues se debe comenzar por la más tangible, o sea, por la última. 😛

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Michel ContrerasHoy voy a hacer algo que los cirujanos desaconsejan. Incluso cuando les toque encargarse del asunto. Hoy voy a ganarme unos cuantos puntos. (Al menos así se dice en el lenguaje de mi hermano)

Yo a mi hermano: “Tati, a que con esto que estoy escribiendo me gano la atención de Michel Contreras”.

Mi hermano a mí: “Tata, ¿de cuándo a acá tú escribes para anotarte puntos?”

Bueno, bueno… como se diga, lo cierto es que hace como 10 años que no escribo de él. 😉

Michel me lee, y lo sé porque me lo dijo. Quién iba a pensar que él, un “clásico vivo”, como lo llamó su amigo Yamil Díaz, me iba a confesar eso así, en medio de un abrazo. “Te leo, estoy leyendo las botellas” Y yo: “claro, te gustan todas las botellas”, y sonrío porque me refiero a otras. “No, que sabes que ahora hago abstinencia, ahora me gustan las tuyas”.

Michel es uno de los tipos más cultos que conozco, y que se empeña en decirse tipo precisamente porque no se desliga de las calles que recorre cada día. “Si yo fuera director de un medio nacional, a él lo quisiera tener en mi redacción”, me confesó un día Enrique Milanés. “Tener el afecto de Michel es algo grande”, me dijo –en mayor confesión- Luis Sexto. “Es de esos periodistas perturbadoramente brillantes en el ámbito deportivo y en dondequiera que lo pongan (…) aunque no sea enviado especial ni de aquí a los potreros de Guaracabulla”, señaló Pepe Alejandro.

“Y además de todo es lindo”, me dejaron a modo de comentario una de las veces que he escrito de él. Y recordé el día que una estudiante de Periodismo exclamó, cuando vio su foto en mi blog: “¡Ño, qué bueno está¡ ¿quién es ese?”

Por Michel yo he comido delante de la TV, por él he visto la Mesa Redonda. Tenemos muchas coincidencias musicales y una muy importante: el Barça. En Cienfuegos, apenas conocerlo, me compartió las canciones de Sabina en un ómnibus, y siempre que lo veo termino por fotografiarlo. Le digo: “ya tengo un álbum de fotos tuyas, pero es que después cuando siga escribiendo de ti tengo que tener imágenes nuevas, ¿no?”. “Lo que hagas está bien”. Y con esa luz verde yo continúo cámara en mano y cuando el lente se pone insistente Michel asume pose de pelotero y me desafía a una nueva fotografía.

Hace dos días lo contacté para decirle que escribía sobre Pepe Alejandro, pero que pronto habría una botella para él. Me dijo: “Pepe y yo ya casi somos una botella, ¿no?” Y me río pero es que los veo como padre e hijo, y ¿cómo escribir de uno sin pensar en el otro? Termino entonces lanzando dos botellas cuando voy al mar a dejar para uno…

Y lo que no le digo es que reviso Cubadebate para leer su Strike 3, que comparto sus enlaces en twitter aunque nunca haya coincidido con @michelcon3ras, que adoro las veces que me dice Tina y que compré “Los hombres de negro” para regalárselo.

Pero sí le digo, porque esas palabras salen solas, sí le digo que lo quiero.

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Un amigo me llama para romper mis tristezas. A unos minutos de colgar el teléfono marca de vuelta y me sorprende: “¡cuánto tiempo sin hablar!” Y no puedo más que sonreír, porque acabábamos de despedirnos.

Enrique, el amigo de esta historia, no permite que me quede sin escribir, que vague afligida por mis calles tan lejanas a las suyas, ni que haga muchos silencios.

Justo él, con su fama de hombre introvertido que le precede, invierte nuestros roles y sostiene por varios minutos esta conversación donde yo escucho mucho y hablo poco.

Desde que asistimos al encuentro de crónicas en Cienfuegos Enrique destacó por su silencio. Siempre atento a lo que los demás decían, pero incluso en el bullicio se mantenía inalterable. José Alejandro Rodríguez, ya intranquilo al notar que no obtenía una charla de horas, le dedicó un puñado de letras que tituló Los silencios de Milanés.

Con Enrique comparto el amor por las crónicas, el mar, Martí, las pinturas de Van Gogh, el deseo de conocer personas sensibles, de escribir siempre en blogs, yo en botellas y él alimentando su caimán sin muelas mientras sigue el rastro de Pepito Martí.

Lo admiro, pero no se lo digo siempre. Es que si escribo mucho su nombre luego dirá que lo emplazo al citarlo constantemente. Yo le afirmo que si hago una nube de etiquetas su nombre rasgaría alguna de mis botellas.

Pero esta vez, como otras, debo situar su nombre en mi blog y agradecerle. Me llama y logra animarme. Su voz le pone a mi día gris un jarrón de girasoles, como el del cuadro de Van Gogh.

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Vuelvo / quiero creer que estoy volviendo

con mi peor y mi mejor historia

conozco este camino de memoria

pero igual me sorprendo.

M. Benedetti

 

¿Qué otra historia me robaré? Dice mi amigo Enrique Milanés que tendrá cuidado en cada conversación conmigo porque de nuestro diálogo resultó mi post sobre su rana.

A veces me descubro anotando líneas que luego suelo enlazar en párrafos para construir crónicas. De cada cobertura que me asignan regreso con más historias que leads noticiosos.

En la última me enviaron a escribir sobre un acto en otro municipio. Pasada la primera media hora, y con solo algunos datos anotados, saqué un libro de Alexis Díaz-Pimienta y comencé a leer. Luego pasé horas tratando de coordinar aquellos apuntes, porque todo lo que venía a mi mente era Jacques Daguerre, las calles de París y los instantes eternos de las fotografías.

De vuelta al periódico también venía en el carro una mujer con su hija de cinco años. “Es que voy para el hospital, porque estoy enfermita”, me dijo la niña. Y ahí perdí las últimas impresiones que tuve del acto y hablamos de sus cuatro perros. ¿Tantos perros? “Sí, porque soy guajira” (…y ahí tuve otra historia)

Dice el periodista José Alejandro Rodríguez que él, junto a su sección Acuse de recibo, de buena gana abriría otra para que le cuenten historias y así escribir más crónicas. Yo haría lo mismo, pero como no tengo sección alguna, solo camino y escucho para poder almacenarlas.

Por el momento he tecleado más vivencias personales. Tal vez porque todo lo que veo y escucho lo pongo en mi morral de sensaciones, o porque, como decía Frida Kahlo cuando le preguntaban por qué se dibujaba a sí misma, “soy lo que mejor conozco”.

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¿Rana por gota?

La rana de mi amigo Enrique emigró a cualquier parte. O tal vez no, y decidió casarse con otra rana, o anda extraviada.

No, extraviada no, porque vivió demasiado tiempo en esa casa como para desorientarse ahora. Justo ahora. Además, si anda medio perdida –o perdida completa- no se lo puedo sugerir siquiera a mi amigo, porque quedaría triste entonces.

Sucede que desde que Enrique se mudó para su casa, convivía con una rana y una gota.

La rana a veces se molestaba, y miraba un rato a Enrique para transmitirle su decisión de “darse un tiempo”. Pero la gota no, la gota fue siempre más fiel y continuaba encima del lavadero.

Él decidió hacer pública la existencia de su gota, y le llenó de letras un post en su blog. La rana, celosa por la omisión de mi amigo, desapareció.

¿La rana tendrá acceso a Internet? Bueno, yo por si las moscas, o por si las ranas, publico su pesar para que retorne a la casa, porque Enrique conversará con su gota, pero por estos días también añora su rana.

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