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Posts Tagged ‘estadio Sandino’

“Me voy pal´ Clara” –así resumía un amigo su viaje a la ciudad natal.

“Te veo en el Clara”. Y sí, nos veíamos en ese pedazo de terruño que compartíamos porque habíamos tomado de las mismas aguas desde el nacimiento. Las raíces todas quedaron allá, a kilómetros de donde estamos ahora, océano de por medio. Guardadas en el Clara que no sabe de mar.

Fuimos al mismo estadio de pelota, ese que él después bautizaría como su templo. “Porque al Sandino se va a reír, llorar, hasta a rezar…porque una vez que eres del Clara, no hay vuelta atrás, se convierte en el mejor equipo del mundo aunque no gane desde la infancia”.

Y la trova… Hay mucha trova en el Clara. Y hay un Mejunje. Y un parque Vidal con un niño que refresca las tardes calurosas con el agua que sale de su bota agujereada.

Allá en el Clara dejamos los recuerdos primeros, a los que se regresa una y otra vez. Y los olores y la música que se nos cuela.

El Clara hoy está de aniversario. 328 años de su fundación, y esta noche habrá concierto del trío Trovarroco. A mí me encanta el trío Trovarroco, me encanta recorrer la ciudad cada 15 de julio, me encanta aprendérmela por sus olores y misterios. Santa Clara… Mas, esta vez le quedo lejos.

Yo haré –contigo en la distancia– mi propio concierto de Trovarroco y brindaré largamente a la salud del Clara.

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niña-espaldas-en-campo-trigo2Los otros estadios no huelen igual. No saben igual. No me pertenecen. Y no les pertenezco.

El mío, el único estadio que extraño en el mundo, queda lejos. Lejos. Lejos…

Con mi padre y mi hermano ahí también crecí. Nos esmerábamos en terminar rápido los quehaceres hogareños para que mami no nos retuviera en nuestra escapada. “Que no se lleven a la niña” –reclamaba infructuosamente- porque la niña era la primera en apuntarse cuando mencionaban la palabra estadio.

Ahí, desde esas gradas, disfruté, sufrí, me sumé a los coros que gritaban al árbitro. Y aplaudí. Aplaudí como aplaudiría en un teatro. Salté. Salté como se suele saltar en conciertos. Me estremecí. Me estremecí como lo hacía en el cine.

Aún me estremezco de solo recordar el estadio. Mi estadio. El mío y no otro.

Definitivamente los otros no huelen igual. No saben igual. No me pertenecen. Y no les pertenezco.

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estadio Sandino

Foto: Carolina Vilches

A un tal Charly, por esta divina pasión que nos hermana.

Regresar otra vez a las gradas del estadio Sandino me hace recordar las tantas veces anteriores, cuando quedar ronca no era mayor riesgo que perder un partido.

No conservo con nitidez mi remembranza primera, la que desató la serie de visitas que sucedieron continuamente, temporada tras temporada. Mi seguridad es solo una: antes de aprender a escribir, leer, o reconocer los números, mi padre me inició en la sagrada pasión por el equipo de pelota.

Me llevaba entonces sobre sus hombros, y así estuvo el tiempo necesario hasta que yo sintiera el béisbol correr por mis venas. Juntos disfrutamos las congas, los coros, las “olas”, los aplausos. Los robos de base, los hits, jonrones…

Muchas veces me desalenté porque el Villa Clara perdía la temporada, y al dolor de la derrota predije que no volvería a un partido en vivo. Sabía que mentía. Sabía que, como quien cae en el marasmo de la droga, siempre regreso, año tras año, como todo aficionado que no puede dejar vacante su insigne puesto de décimo jugador; y batear, pitchear o dirigir la novena allá, desde las gradas.

Todos mis instantes de tensión, de alegría, de tristezas por un equipo de pelota, han ocurrido en un solo estadio; el Augusto César Sandino de Santa Clara.

Incluso mis únicas fugas del preuniversitario no fueron para ir a casa a comer algo o descansar, sino para llegar al estadio en plena etapa semifinal y sentarme en algún puesto lejano de home –donde las cámaras no hicieran evidente mi escapada- y sentir la adrenalina de un juego de pelota.

Años después descubrí a más de un coterráneo que ha vibrado en esas gradas hoy pintadas de naranja. Como mi amigo Charly Morales, que me asegura el Sandino es su templo, ese espacio donde él puede irse a meditar, a rezar casi, a disfrutar cada jugada, y a sufrir.

Una vez me dijo: “Villa Clara no gana la pelota desde mi secundaria, y para mí es y será el mejor equipo del mundo, porque el amor cuando es de verdad no admite teoremas…”

Por eso cuando luego de 18 años el equipo volvió a alzar el título nacional, y yo me sentí mejor que el día de mi cumpleaños y el de mi graduación juntos, en la primera persona que pensé fue en Charly.

Quién sabe cuántas veces coincidimos en ese templo sin saberlo. Sentados quién sabe a qué distancias, pero vibrando por el mismo motivo. La pelota une.

Dijo Carlos Tabares que los peloteros cubanos dejan la piel en el terreno. Desde las gradas, cada aficionado también deja la piel. En el Estadio.

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Higinio VélezHiginio Vélez, Comisionado Nacional de Béisbol, ha puesto el zapato encima del reglamento de ese deporte, aprobado en su presencia y explicado por él mismo en el programa Mesa Redonda de la televisión cubana… y de paso, dio una patada a la ética beisbolera (aunque el deporte que dirige sea béisbol y no futbol).

Este domingo, justo en el primer inning del último juego de la subserie Villa Clara-Ciego de Ávila, el pitcher abridor Vladimir García lanzó la pelota encima del bateador Ramón Lunar y claro, lo golpeó.

Como Lunar jonroneó dos veces el día anterior, y en la conclusión de otra Serie Nacional -luego de atrasar tantas veces el juego por lluvias, cuando al fin se reanudó, al primer lanzamiento del propio Vladimir García, Ramón Lunar le dio el batazo definitivo- y en otras ocasiones García le ha propinado pelotazos a Lunar… Con todos esos antecedentes el árbitro principal, Lorién Lobaina, determinó que el pelotazo había sido intencional, y expulsó al pitcher del terreno.

Roger Machado -director de Ciego de Ávila- y el delegado Raúl González, en la protesta también resultó expulsado por Lobaina, y la decisión de los avileños fue recoger los maletines (literalmente) y abandonar el estadio –aún a sabiendas de que estaban en el octavo lugar de la tabla de posiciones y por tanto, a riesgo de salir de la zona de clasificación.

El juego no fue televisado, solo estaba siendo transmitido por la emisora villaclareña CMHW, en cadena con la avileña Radio Surco. Por eso no entendí cómo Higinio Vélez, desde su casa en La Habana, pudo hacer uso de su “imparcialidad” cuando lo llamaron por teléfono, pedirle a Roger Machado que el equipo de Ciego debía volver al terreno, y de paso decidir –desde su casita de La Habana- que el árbitro Lorién Lobaina debía ser sustituido.

¡¡¡!!!

En el Reglamento que el propio Higinio Vélez presentó y explicó a inicios de esta Serie Nacional, se establece que en estos casos de protestas, cuando el equipo abandona el terreno tiene un margen de 5 minutos para regresar a jugar, de lo contrario, se declara como ganador al equipo contrario. Este domingo el equipo de Ciego de Ávila estuvo ¡28 minutos! con los maletines recogidos, y no se aplicó el Reglamento. Incluso Ramón Moré –director de Villa Clara- reclamó la demora, pero no procedió, porque Higinio estaba in situ pisoteando el Reglamento, y él es el que manda…

Por cierto, el mismo Reglamento establece que un árbitro principal solo abandonará el terreno si se siente mal (y en esta ocasión Higinio Vélez desde su casa en La Habana, sin presenciar el partido, había sustituido al principal Lobaina, por Blas Guillén). Desde la emisora radial, el narrador Normando Hernández, alarmado por lo que estaba sucediendo, afirmó irónicamente: “sí, seguro que la Comisión Nacional enfermó a Lorién Lobaina”. El mismo narrador explicó todo lo que estaba sucediendo en el banco del equipo y de la llamada que Vélez realizó a Roger Machado.

Los miles de espectadores que ocupaban las gradas se preguntarían dónde estaban los valores éticos y morales, cuando entre ellos tenían niños presenciando aquel espectáculo. Ellos habían pagado para entrar al estadio Sandino a ver el juego, y ahora estaban siendo burlados.

Después de 28 minutos el equipo avileño tuvo deseos de jugar, y ya Higinio Vélez, desde La Habana y con toda su “objetividad” e “imparcialidad” había “arreglado” el juego y el Reglamento…

Mientras la autoridad conferida a ese señor le sirva para jugar a ser Dios y pasar por encima de las leyes establecidas –del reglamento común para todos- y puede decidir quién tuvo la razón sin presenciar el partido…Mientras Higinio pueda quitarle la autoridad a un árbitro en medio de un juego de pelota y echar por tierra la ética…

Mientas eso pase, me va a seguir pareciendo que todos los aficionados del estadio, los peloteros, y hasta los que van a vender maní, todos absolutamente todos, son simples marionetas cuyos hilos mueve Higinio Vélez, amparado en su máxima figura de Comisionado Nacional de Béisbol. Entonces cada partido me va a parecer al Coliseo romano, cuando los gladiadores antes de enfrentarse miraban al César y decía: “Ave, César, los que van a morir te saludan”.

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gatito_shrekLa noche estaba para no perderse. En el estadio Sandino de Santa Clara se jugaba el último partido de béisbol de la subserie Villa Clara- Industriales.

Anabel, Beatriz y Luis Yaim acordaron verse media hora antes en las afueras del estadio. Él no llegó –o no coincidieron en tiempo- y ellas, a la altura del tercer inning, se propusieron localizarlo.

Como Anabel estudia el 5to año de Periodismo y se ha pasado todos estos meses redactando su proyecto de Tesis, ideó una estructura de plan, más o menos así:

– Tema: La pérdida de un compañero de grupo (5to Periodismo) en el estadio Sandino.

-Objetivo general: Encontrar al susodicho.

-Objetivos específicos:
1- utilizar cualquier recurso disponible
2- falsear los datos del muchacho, a fin de que pasara por un niño de 9 años, para conmover a los presentes y no se negaran a ayudarlas.

Hipótesis: Luis Yaim estaba escondido en alguna parte del estadio para no compartir con ellas las rositas de maíz que seguramente estaba comiendo.

Categorías analíticas: estadio Sandino, Luis Yaim… (y para más dramatismo añadieron otra) niño perdido.

Decidida a no fracasar, Anabel subió a la cabina de transmisión para pedir un favor que comenzaba con una introducción parecida a la historia de Hansel y Grettel: “Compañero, mi primo de 9 años vino conmigo al estadio y se me perdió. Ahora no sé en qué parte está”. Y para emocionar al tipo, puso cara de lástima –casi de llanto- para añadir: “¡debe estar tan asustado!” Y para si el locutor todavía tenía dudas de lo que debía hacer, le soltó: “Si usted pudiera llamarlo por el audio…”

El hombre se conmovió, aconsejó que no debía mencionarse que se trataba de un niño de 9 años porque ya estaba grandecito, que más efectivo para todos era sugerir que era un niño pequeño, y que en caso que eso no resultara, le dijera para movilizar al cuerpo de policías del estadio.

Entonces el locutor tomó el micrófono, abrió el sonido externo y retumbó con su voz al Sandino y un poquito más allá:

“Al niño Luis Yaim Martínez que está perdido en este momento, su prima lo estará esperando a la salida del estadio, frente a la guagua del control remoto”.

“Repetimos. Al niño…”

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