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Posts Tagged ‘fotos’

quc3a9-es-periodismo-narrativoI close my eyes
Only for a moment
And the moment’s gone
All my dreams
Pass before my eyes
That curiosity

Dust in the wind
All they are is dust in the wind

Kansas

 

 

Había una vez…

Pero no, esta historia no empieza así. No existió un “Había una vez…” Las historias así requieren tiempo, mucho tiempo, y ellos solo tuvieron los días justos para describirse a medias, conocerse a medias, y lanzarse, también a medias, a un intercambio breve, brevísimo, de palabras.

Existieron letras que iban y venían de un continente a otro, de un país a otro, de una persona a otra. Luego fueron imágenes. Mezcla de palabras, fotografías que se complementaban, y los complementaban.

Es posible, claro que es posible, querer saber de alguien que apenas conoces. Y pedirle fotos de lo que ve, e intentar ver a través de sus ojos. Y querer un dibujo del atardecer, un dibujo con palabras.

No. No existió un “Había una vez…” porque las historias así requieren tiempo, y ellos en definitiva no se verán ni conversarán. Solo pretendieron construir un espacio digital y entrañable donde contarse sus historias con letras e imágenes.

Y así fueron quedándose… Y así fueron yéndose.

En definitiva los puentes digitales suelen ser efímeros, como el polvo en el viento…

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trovaNo suele embriagarse en desvelos, mucho menos por quedarse viendo fotos a mitad de madrugada. Pero hoy continúa -como adicto- viendo fotos y y cubriéndose con canciones.

                              

“Como gasto papeles recordándote
como me haces hablar en el silencio
como no te me quitas de las ganas
aunque nadie me ve nunca contigo”.

Silvio Rodríguez

“No hay nada más bello
Que lo que nunca he tenido
Nada más amado que lo que perdí
Perdóname si hoy busco en la arena
Esa luna llena que araba el mar”.

Joan Manuel Serrat

 

Hay imágenes que le quitan el sueño. Hay una foto, o dos, que le devuelven la esperanza de que al despertar, va a beber de esa taza de café. Y entonces se duerme, esperando que sea la mañana. Y al fin…

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meteoritoElla le propone crear algo juntos. Él le da a ella luz verde para escribir a partir de la imagen que quiera.

Lo vio como quien mira un meteorito. Con la misma sensación de hallazgo, y con el mismo ensimismamiento de quien se queda mirando la gran roca que cuando impacte, te destruirá. Puede destruirte, pero aún así te deslumbra, y no cambias la vista. Hasta que impacta y ya no hay remedio.

Ella teme desbordarse demasiado, por eso se aguanta las ganas de irse, casi en trozos, en los textos. De irse en pedacitos, y volver más en pedacitos todavía. Cree tener el miedo que nunca antes ha sentido. Quiere escribir sobre sus manos –las de él- pero se resigna a que no. Si no podrás rozarlas, si ya se va con otras manos, para qué dibujar esas, precisamente esas.

Y se detiene. Escoge fotos de paisajes, de atardeceres, de caminos… pero se queda abstraída de toda realidad, viendo otras. Y no se atreve. Tampoco sabe de medirse mucho: cuando quiere decir algo, lo dice; cuando quiere hacer algo, lo hace. Esta vez, por esta única vez, no debe.

— ¿Seguro puedo escoger cualquier foto? No me des tantas libertades.

— Te doy mis fotos. Incondicionalmente.

— Mejor me autocensuro.

— No. No te autocensures, por favor. ¿Viste el álbum que te he compartido?

— Sí. Lo estoy viendo.

— Pero tengo que pedirte un favor.

— Dime.

— No te autocensures. Es un favor que te pido. O al menos no conmigo.

Y… ¿Cómo decirle lo que no le dirá nunca? ¿Cómo explicarle, sin tantos acertijos, que borra más de la mitad de lo que escribe? Que se edita a sí misma y se lo piensa una y mil veces antes de publicar.

No. Mejor que él no sepa, que él nunca sepa que por sus palabras ella anda, desde hace días, con dos poemas de Benedetti, uno de Borges, y tres de Carilda Oliver Labra en la mente.

Mejor autocensurarse, claro, y hacer silencio. Y seguir con sus métodos sutiles –al menos ella cree que lo son- de preguntarle cómo está, qué tal su día, y si ya ha visto el atardecer. Así ni él ni nadie descubrirá, jamás, que ella necesita saber de él, que se quedó viéndolo como a un meteorito, aunque esa gran roca impacte y la destruya.

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mi-reloj“La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar”.

Silvio Rodríguez

 

 

Él le dijo TE QUIERO de veinte formas posibles. Con sustantivos, con adjetivos, con verbos, con flores, con caricias, con canciones mientras hacían el amor, con comidas, con películas, con versos, con párrafos enteros, con gestos, con una llave de casa…

Le escribió un cuento que leyó para ella. Todos sabían que era para ella. Hasta ella lo sabía.

Él estaba enamorándose de ella, y se lo dijo, y lo hizo visible a plena luz del sol y a plena luz de luna.

— ¡Qué fotos me estoy perdiendo! – pensó mientras se la aprendía con los ojos. Como suele suceder en los museos, sin tocar cámaras ni objetos con las manos. Él solo la contemplaba, desnuda, como si fuera una escultura de un museo.

Y luego la agarraba con ambas manos, como figura pagana, para que el TE QUIERO lo escuchara solo ella, en un susurro.

Le regaló los acordes de una guitarra, el silencio de una calle de madrugada, el rocío sobre el pasto al amanecer, el atardecer a orillas del mar… Y le habló de tiempo, de mucho más tiempo juntos.

Ella, quizás espantada por las palabras que se hacían mayúsculas, o por inseguridades muy suyas, desapareció. Él no volvió a verla para un último TE QUIERO. No supo dónde, cuándo, la volvería a ver (si es que alguna vez la volvería a ver). Se quedó atorado entre el hoy y el lejano mañana, a solas con sus manos y con las letras que iba uniendo para aprender a pronunciar otras palabras.

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citas

atardecer

Foto: Alejandro Rodríguez Leiva

Él le dijo que estaban bajo la misma luna, el mismo atardecer… Y desde entonces, donde quiera que estén, se citan mirando al cielo.

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Con luz propia

Bandera CubanaConocí a un muchacho que le gustaba –supongo que todavía le gusta- la fotografía y Cuba.

Una vez me regaló un libro con fotos de la bandera cubana, y la dedicatoria era una suerte de explicación:

“Quería regalarte un libro, pero no cualquier libro, sino uno que se pareciese en algo a mí para cuando no esté cerca y lo veas me recuerdes. Entonces descubrí este que conjuga dos cosas que privilegio, la imagen y mi país. Sobre todo mi país. El país de un muchacho que, no hace mucho, pidió de regalo de cumpleaños una bandera cubana”.

Entonces me regaló el libro –Con luz propia, de Kaloian- y desapareció al otro día. Debe andar por algún asteroide. Pensé que me regaló el libro para que lo extrañara. O para que no. Lo cierto es que pasé mucho tiempo recordándolo desde la última vez que lo vi…

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estatua-y-farolaHace días que la hago la visita, elogio las fotos que pone en las paredes y le anuncio, porque siempre se lo anuncio, que me las voy a robar.

“Es que me gustan mucho”, me justifico. Como si fuera así de fácil, que todo lo que nos guste mucho nos lo robamos y punto.

Pero esta vez sí era así de fácil, porque ella colgó las fotos en las paredes del blog, yo lo visité y como en la entrada decía: Yo Me Mi pero…Contigo, pues asumí que ese Contigo era Conmigo y sin que nadie se diera cuenta cometí el delito. Y bueno, como en su cartel de bienvenida dice Contigo…y yo se lo había anunciado, puedo hacer pública mi fechoría sin temor a reclamos ni devoluciones.

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