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Posts Tagged ‘guitarra’

Hubiera querido escribir otra canción, pero de golpe le salió, en solo 19 días y 500 noches: “Lo nuestro duró/ Lo que duran dos peces de hielo/ En un güisqui on the rocks”.

Alguien más derribó las guitarras en ese justo momento.

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Foto: Kaloian Santos Cabrera, de la exposición “A guitarra limpia”

A

Si algún día aprendo a sacar música de una guitarra, si mis manos torpes no rompen las cuerdas, o si las cuerdas no rompen mis manos, llevaré hasta tu ventana una pequeña serenata diurna.

Una serenata que bien podrías pedirle a Silvio, ese Silvio que tanto te gusta, que tanto nos gusta, que tanto poema ha soltado en la manigua.

Comenzaría por darte una canción que ni siquiera puedo cantar. (Ahora recuerdo que mi voz es demasiado arrítmica e imprecisa, el aire escasea en las primeras estrofas) pero…

Si me pidieran pide un deseo, preferiría algún día llevar hasta tu ventana una serenata.

” …estoy buscando melodías
para tener cómo llamarte
quién fuera ruiseñor
quién fuera Lennon y Mc Cartney
Sindo Garay, Violeta, Chico Buarque
quién fuera tu trovador.”

Quién fuera. Esa sería la primera canción de una serenata que nos amanezca.

Mientras, sigo imaginando los primeros acordes, sigo buscando una palabra en el umbral de tu misterio, para decirte, convencida: Esto es lo que faltaba para que saliera el sol.

L

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trovaNo suele embriagarse en desvelos, mucho menos por quedarse viendo fotos a mitad de madrugada. Pero hoy continúa -como adicto- viendo fotos y y cubriéndose con canciones.

                              

“Como gasto papeles recordándote
como me haces hablar en el silencio
como no te me quitas de las ganas
aunque nadie me ve nunca contigo”.

Silvio Rodríguez

“No hay nada más bello
Que lo que nunca he tenido
Nada más amado que lo que perdí
Perdóname si hoy busco en la arena
Esa luna llena que arañaba el mar”.

Joan Manuel Serrat

 

Hay imágenes que le quitan el sueño. Hay una foto, o dos, que le devuelven la esperanza de que al despertar, va a beber de esa taza de café. Y entonces se duerme, esperando que sea la mañana. Y al fin…

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mi-reloj“La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar”.

Silvio Rodríguez

 

 

Él le dijo TE QUIERO de veinte formas posibles. Con sustantivos, con adjetivos, con verbos, con flores, con caricias, con canciones mientras hacían el amor, con comidas, con películas, con versos, con párrafos enteros, con gestos, con una llave de casa…

Le escribió un cuento que leyó para ella. Todos sabían que era para ella. Hasta ella lo sabía.

Él estaba enamorándose de ella, y se lo dijo, y lo hizo visible a plena luz del sol y a plena luz de luna.

— ¡Qué fotos me estoy perdiendo! – pensó mientras se la aprendía con los ojos. Como suele suceder en los museos, sin tocar cámaras ni objetos con las manos. Él solo la contemplaba, desnuda, como si fuera una escultura de un museo.

Y luego la agarraba con ambas manos, como figura pagana, para que el TE QUIERO lo escuchara solo ella, en un susurro.

Le regaló los acordes de una guitarra, el silencio de una calle de madrugada, el rocío sobre el pasto al amanecer, el atardecer a orillas del mar… Y le habló de tiempo, de mucho más tiempo juntos.

Ella, quizás espantada por las palabras que se hacían mayúsculas, o por inseguridades muy suyas, desapareció. Él no volvió a verla para un último TE QUIERO. No supo dónde, cuándo, la volvería a ver (si es que alguna vez la volvería a ver). Se quedó atorado entre el hoy y el lejano mañana, a solas con sus manos y con las letras que iba uniendo para aprender a pronunciar otras palabras.

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Carlos Varela y guitarraMis añoranzas de estos días, mis tormentos y mis desilusiones se llenan con canciones de Carlos Varela. Una detrás de otra.

Jalisco Park. La política no cabe en la azucarera. Muros y puertas. Mi fe. 25 mil mentiras sobre la verdad. Leñador sin bosque…

En la comarca de su majestad,
todos repiten lo que dice el Rey,
el les da el agua, les da el vino y el pan,
pero más tarde les cobra la ley.

(…) Inquisidores que me van a hacer
si ya no quiero inclinarme a tus pies.

Habáname. Grettel. Monedas al aire. Tropicollage. Lucas y Lucía. Foto de familia. Guillermo Tell…

Guillermo Tell tu hijo creció
quiere tirar la flecha
le toca a él probar su valor
usando tu ballesta.

Guillermo Tell no comprendió a su hijo
que un día se aburrió de la manzana en la cabeza.

Como los peces. Blues del boxeador. Soy un gnomo. Siete. Nubes. Una palabra. Memorias…

Y cuando los discos de los Beatles
no se podían tener
los chicos descubrieron que sus padres
lo escuchaban también.
Cambiamos mercenarios por compotas
cuando Playa Girón
y a las fiestas íbamos con botas
cantando una canción de Lennon.

No tengo Superman, tengo a Elpidio Valdés
y mi televisor fue ruso.
No tengo mucho más de lo que puedo hacer
y a pesar de todo lucho.
No tuve Santa Claus, ni Árbol de Navidad
pero nada me hizo extraño
y así pude vivir teniendo que inventar
los juguetes una vez al año.

Trova. Cuerdas. Pedazos de historia que no deberían traspapelarse. Cubas divididas y vueltas a encontrar. Guitarras que se rasgan para salvarme.

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guitarraAlguien que sabe de guitarras me regala sus canciones. Y otras que no son suyas.

“Quizás me interesa más lo que dice la canción, que cómo lo dice, y es que creo que las cosas no pesan por lo que son o aparentan sino por lo que significan.”

Alguien que sabe de mares, me regala fotos de su mar.

“Son desde mi balcón. Necesito ver que el mar sigue ahí sin que yo se lo pida”.

Alguien que me recuerda a Sabines, me envía estos sonetos. Los escribió para mí.

“¿Te recuerda a alguien este soneto? Lo acabo de escribir, y lo quiero acompañar por uno de los poemas de Jaime Sabines a finales del 2011 en este mismo lugar, incluso sentado en esta misma silla desde donde te estoy escribiendo”.

Ella avienta botellas encantadas
Al oscilante piélago que espera
Vuela y hacer volar de tal manera
Que casi ocupa un sitio entre las hadas

Ella vierte en el mar todo el compendio
De pétalos y espinas de sus días
Casi nunca entonando notas frías
Casi siempre acercándose al incendio

Recita de memoria sus caídas,
Su tendencia ofuscada al desvarío,
También su manotazo al desafuero

Le quedan todavía muchas vidas
Por eso al ver su prisa me sonrío
Y aunque a veces se tarde, yo la espero.

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Picasso--El viejo guitarristaHace poco conocí al Diablo Ilustrado. Frente a frente, sin libros de por medio. Una persona que vive para amar y confiesa: “vengo de cualquier parte y ando por todos los siglos. Vago por calles y montes, gestos y libros, sueños y canciones con la absoluta libertad del espíritu errante que no se guarda nada para sí”.

Recuerdo cuando en el preuniversitario lo leíamos –nos aprendíamos casi sus textos en la revista Somos Jóvenes- y con una curiosidad semejante a la de los niños, intentábamos adivinar y apostábamos que aquellas letras las escribía Silvio Rodríguez, o Guillermo Cabrera Álvarez, o un tercer nombre que ahora mismo no retengo…

Luego llegaron sus textos a la Feria del Libro: El Diablo Ilustrado, y Confesiones de El Diablo Ilustrado. Un disco con las melodías que le sacó a la guitarra. Lo leí -con su nombre real- en una revista literaria… y hasta lo rastreé por Google.

“Algunos me sueñan como duende, otros mistifican el anonimato, hay quien me atribuye deformaciones físicas o misteriosos encantos y hasta el que encuentra retorcidos fondos en eso de ser diablo, aunque ilustrado me apellide”.

Hace unos días pude verlo –en la décimo octava edición del encuentro de trovadores, Longina- y corrí a ponerle rostro a todas las letras suyas que he leído.

De lejos, sin acercarme mucho, intenté encontrar algún parecido con el diablo que nos muestran en caricaturas, películas o tantas veces descrito en la literatura. Definitivamente este Diablo se parece más al de las ilustraciones de José Luis Fariñas: bohemio, trovador, con cierto equilibrio entre las dosis de locura y cordura.

Al hablar, él es como una enciclopedia con pies y cerebro, donde se pueden desenterrar historias y nombres de la trova tradicional, Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, Nueva o Novísima trova, fusión… trova cubana, latinoamericana, española…

Lo vi, no fue alucinación mía por leerlo en tantos lugares. Lo vi, usaba un pantalón mezclilla, un pulóver, una gorra que no podía aprisionar el largo de su pelo. Lo vi sentarse lo mismo en una silla que en el suelo. Tomar agua o ron.

Con su nombre o como el Diablo Ilustrado, él desanda los caminos con su guitarra a cuestas. Tararea canciones. Escribe. Sigue jugando entre letras, “para encontrarme y encontrarte.”

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