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Posts Tagged ‘hermana’

¡lepra!

La abrazo, y cuando logra desatarse de mis brazos, huye gritando: ¡Lepraaaaa!

Me gusta abrazarla, no solo porque a ella no le guste, sino porque es una de las personas importantes en mi vida, y a las personas que considero importantes, las abrazo.

Mi abrazo es una huella, como quien deja una cicatriz. Abrazo así, como un te quiero. Por eso, aunque me encanta abrazar, solo me permito ese contacto con poquísimas personas. A pocas –a esas que quiero. Y a ella la quiero.

Por eso la abrazo, para acortar las distancias que vendrán. Y le recuerdo que desde que el almanaque cambió de 2016 a 2017, ella no me abraza. Y le anuncio, sí, le anuncio, que la abrazaré pronto. Y me dice que no se me ocurra. Pero a mí no se me ocurre, en verdad, no se me ocurre, solo respondo al instinto de hermana y corro a abrazarla.

Entonces ella ríe y también corre –pero en dirección contraria a mí. Ríe y huye gritando: ¡Lepraaaaa!

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niña con corazón“En una ocasión fue a verme junto a su esposo, yo los esperaba cerca del mar, y el viento estaba frío. Mis brazos estaban igual que el viento. Cuando se acercó para el abrazo, se zafó la única prenda que podía servir de abrigo y me la dio. Meses después supe que ella es reacia al invierno, que al menor aire frío se congela, sin embargo, aquella vez prefirió cubrir mis brazos antes que los suyos.” (Quien a ternura mata…)

No es por ti, hermana, que escribo un post tan desolador. No es por ti, que has sido Atlas y mapa, y escudo contra la desazón del mundo. Aunque mis depresiones me hayan alejado y termináramos sin encontrarnos esta vez.

Esta es solo una vez de muchas veces que serán. Y entonces nos veremos, y seré más fuerte y estaré menos dolida –a fuerza de pasar tantas veces por las mismas traiciones y heridas- y nos abrazaremos. Y dirás que me quieres sin tamaño. Y te diré que te quiero mucho, un montón, un chingo –como aprendí a decir en México.

Te veré, para que se repita una escena como esta: “Estoy perdida, lo sé -le digo, o me dice. Y aunque el niño no me reconozca cuando me vuelva a ver, entre mi hermana y yo no caben ausencias, ni olvidos. ― Estoy perdida, lo sé. ― ¿Perdida? ¡Tú y yo siempre estaremos encontradas!”

Tú me creciste en el momento justo, con el sobrino justo, con las palabras justas. “La palabra precisa, la sonrisa perfecta”. Y estás. Estás, sin importar latitudes y aunque caigan raíles de punta –me lo escribes, y yo lo sé sin leerlo.

Este, es cierto, no es el post del borracho que unió nuestras vidas. Es otro, como dices: con otras esencias, dolores, y nostalgias. Es otro, pero somos las mismas. Ya para las risas o para las nostalgias. Somos las mismas que nos confesamos nuestros desvelos aun en la distancia.

Suscribo, letra a letra: “Ella asume el lugar de hermana mayor que por cariño le corresponde (…) Ella es, además, uno de mis Atlas –esto es, como el gigante de la mitología: una de las personas que sostienen mi mundo”.

Y vuelvo a tu blog y al mío. Como escribí un día: “Yo también regreso a sus Tintineos una y otra vez, hasta no cansarme. Hasta aprenderme el camino de sus letras. Hasta convencerme de que hay adicciones más fuertes e ineludibles que al café. Adicciones a estrechar lazos con las personas que son tu amuleto, tu Atlas, tu familia”.

Y a la familia, hermana, no se le olvida ni se le escriben post hoscos y desalentadores. Ese tipo de letras, definitivamente, nunca será por alguien que tanto quiero. Nunca será por ti.

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Aura

AuraUn minuto más tarde estaba yo bailando en la cocina. Sola. Bailando en la cocina de su casa.

♪“Le- Le- Le- Leydi te odio”♫ Así me canta a veces. Y otras solo me pregunta: “¿Y si te mato, Leydi?” O me dice: “Bájale dos rayitas a tu emoción, ¿no? Me causa conflicto tu felicidad”.

Todo por mis amenazas. Porque debo reconocer que la sigo atormentando. Y ella soporta estoicamente hasta donde le alcanza la paciencia. La amenazo, sí. Con abrazarla.

Y le digo, además, que cuando me vaya me va a extrañar. Extrañarme como únicamente se extraña en México: “un chingo”. E irónicamente me responde –mirando al techo casi: “Sí, claro”.

Yo me río. Me río mucho con sus ocurrencias, no como me podría reír con una amiga, sino como me puedo reír con una hermana.

Recuerdo el día que la conocí. Yo pasé justo por delante de la tele y ella estaba viendo Avatar. Un “Holi” fue el único saludo. Pensé que me odiaría por siempre; por interrumpirle la película, por hacer que su hermano subiera mis maletas, y por instalarme en su casa.

Meses después, cuando volví a mi familia y me preguntaron por qué extrañaba tanto mi nuevo hogar, no pude evitar mencionarla.

Aura es como ese calificativo que tanto usa: “es adorable”. Así les dije. Y siempre añado: ¡Y es un genio!

Porque si algo admiro mucho en ella es, además de la madurez, la inteligencia. Y con diez años menos que yo, es más madura e inteligente.

Desde hace una semana aumenté mi amenaza y mencioné que la iba a abrazar por su cumpleaños. Hoy es su cumpleaños. Pero como sé que tiene más de cultura asiática que latina, y no gusta de tantas manifestaciones de cariño, me quedé lejos, y a metros de distancia la felicité.

“No tiene que ser de tan lejos, ¿no?” respondió. Y para mi sorpresa y sorpresa de la llama hecha de hilos que traía en mis manos –a ella le encantan las llamas- me abrazó.

Me abrazó. Un minuto más tarde estaba yo bailando en la cocina. Sola. Bailando en la cocina de su casa.

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hermanasMi hermana me pregunta constantemente: ¿Cuándo vendrás a abrazar a tu sobrino? ¿Cuándo, cuándo?

Ahora me envía fotos del primer mes de Marcelo, de su segundo mes… y me hace volver a contar en semanas. Y decir, orgullosa: ¿quién pensaría que este niño es sietemesino?

Me hace recordar aquellas veces que el bebé aún estaba en su vientre, y yo le exigía, con ese mismo reclamo que ella hora retoma: ¿cuándo, cuándo?

Yo, pidiendo que escribiera para su blog, porque quería leerla. Y una y otra vez le preguntaba, a manera de ultimátum casi: ¿cuándo, cuándo?

“Estoy perdida, lo sé”. Le digo, o me dice. Y aunque el niño no me reconozca cuando me vuelva a ver, entre mi hermana y yo no caben ausencias, ni olvidos.

― Estoy perdida, lo sé.

― ¿Perdida? ¡Tú y yo siempre estaremos encontradas!

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mí misma

despistadaUna amiga me envía el siguiente mensaje: “Gracias por compartir tus rarezas. Inspiran a mostrar las propias”.

Recuerdo entonces la ocasión en que alguien que solo me conocía de manera virtual, me preguntó por esa misma vía si yo no temía parecer demasiado buena persona.

Le respondí: Supongo soy como ese vaso a la mitad que algunos ven medio lleno, y otros medio vacío; pues mi padre, por ejemplo, teme que al publicar mis traspiés, me consideren tonta en grado muy: ¡muy tonta!

Así soy, ¿qué le vamos a hacer? Unas veces me deshago de mis pulsos para dárselos a una niña que apunta hacia mi brazo mientras muestra los suyos desnudos. Y otras señalo hacia las nubes allá en las montañas, y digo que está saliendo humito de alguna chimenea.

Regalo mis muñecas a la niña que va a la casa a pedir una lata de arroz para la comida. Y otras me pierdo en la ruta 20, o escribo las historias de cuando miraba mi ombligo porque temía por ahí salieran todas las semillas que me había tragado.

Esa soy yo. “Mí misma”, como dice mi hermana.

También soy la que abrazo a los que quiero, como si no volviera a abrazar. Como si fuera el último abrazo. Y la que esconde manos, brazos y hasta a mí misma me escondo de los que me son indiferentes.

Un día alguien me confesó que quería conocerme. A mí, con mis vehemencias y contradicciones.

Le di la dirección de este blog.

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MarceloTe quiero. Serio, vehemente, tempestuosamente. Te quiero.

¿Sabes? Temo a la oscuridad. Caminar sola de noche me pone muda, tímida, escurridiza. Sin embargo, esa noche regresé a casa muy tarde, cuando la ciudad se disponía a dormir, solo por conocerte.

Desde la ventana de tu sexto piso veía muy lejos las luces por donde yo debía transitar horas después. Me quedé un poco más para sentirte respirar, moverte, verme en tus ojos.

Te quiero. Y créeme, cuando digo te quiero soy vehemente. Es un te quiero que llevarás toda la vida, como una marca. Te quiero, Marcelo.

Hace exactamente un mes tu mamá me dijo que ya habías llegado. Mis nervios se confundieron con las lágrimas, porque todos te esperábamos dos meses después. Supongo que tú también sabes arriesgarte cuando quieres conocer a las personas que quieres.

Ansío tenerte en mis brazos. Besarte. Hacerte reír. Regalarte toda la música que tengo guardada para ti. Dedicarte más que estos dos libros que ahora te dejo. Escribir para ti…

Te quiero. Ya verás que no me cansaré de decírtelo. Te quiero.

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niño dormido Para Lourdes Urquijo Cabeza, graduada de tía el mismo día que yo

Me sorprendió la noticia porque el bebé se esperaba para el mes de abril. La última vez que lo sentí, jugaba a dar patadas dentro del vientre materno. Pero este lunes mi hermana me envió un breve texto:

“Hoy a las 7:25 nació tu sobrino, es prematuro…”

La quiero abrazar. Ansío verlo.

Hablo con su esposo, y me angustia saber que el niño tiene problemas para respirar y aún no puede estar en los brazos de la madre.

Mis nervios se crispan. Las lágrimas salen. Llamo alterada a casa. Le comento a mis amigos.

“Es normal”, me dice mi abuela. “Como los pulmoncitos estaban desarrollándose, es normal que lo estén observando bien y cuidando mucho”.

“A mi hijo también le sucedió, y mira ya lo grande que está” –me comenta una compañera de trabajo.

El mejor sietemesino que conozco, mi amigo Carlos Luis, me consuela más porque se muestra como ejemplo: “Tranquila, Ley. Los sietemesinos somos muy fuertes”.

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