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Posts Tagged ‘insomnio’

lluviaÉl se duerme dondequiera. En una silla, en un sofá, en los viajes o hasta caminando; en el lugar y hora que lo atrape el sueño. Ella solo duerme en las noches y sobre una cama.

No coinciden siquiera en los horarios. Existen seis horas de diferencia entre uno y otro, por eso resultan tan divertidas las videollamadas que muestran un pedazo de noche –cuando para ella es día- o un pedazo de día –cuando para él es noche.

Salvo dos o tres desencuentros, coinciden en una docena de películas, música, poemas, museos, y deportes.

Se les da mejor –supongo- los saludos que las despedidas. Por eso cuando llega el hasta mañana, él dice dormir, aunque siga despierto. Y le responde casi con estos versos de Eduardo Galeano: “No consigo dormir. /Tengo una mujer atravesada entre los párpados. /Si pudiera, le diría que se vaya; /pero tengo una mujer atravesada en la garganta”.

Y así es como –Benedetti que los une- “los grandes temas /dormían el sueño que ellos no durmieron”.

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refugio_foto de Alejandro

Foto: Alejandro Basulto

Se activa la alerta sísmica y me saca del letargo del sueño. Ese constante repetir: “Alerta sísmica. Alerta sísmica” durante un minuto completo, parece tirarte de los pies, de la cama, del cuerpo.

Y me estremezco yo antes que la tierra, de solo pensar que en ese minuto largo, larguísimo, tengo que decidir qué hacer conmigo. Llego temblando a la puerta. Ahí me quedo. Silencio. Otra vez no sentí nada. Ni ruidos ni movimientos telúricos. Nada.

Otra vez solo siento mi corazón latir fuerte, y las manos que me sudan, y la piel que está fría, fría –pese al calor de esta madrugada. Y las piernas que no obedecen cuando trato de incorporarme y volver a mi cama.

No me acostumbro. Creo que tampoco me acostumbraré.

Todos regresan a dormir. Yo me quedo más insomne que nunca. Y trato. Trato de retomar el sueño, porque las noticias anuncian que se esperan réplicas y no sé cuándo ocurrirá, y no debo quedarme así, en vela.

Pienso en un puñado de personas que necesito saber bien. Olvido las geografías y hasta confundo los lugares donde hay sismos con los que solo tienen huracanes, y comienzo a enviar mensajes a esa hora. A deshoras.

Pocos responden. Confirmo que la mayoría duerme. Y yo no puedo.

Un abrazo. Necesito un abrazo. Y no hay nadie. Quito la almohada de mi cabeza, la recuesto a la pared, y me acurruco en ella. Solo así, dos horas después, logro dormir, pensando en alguien más allende a los mares. Alguien que ni siquiera supo del sismo, de la alerta sísmica, y que duerme sin pensar en mí.

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soledad_ KunderaNo me gustan las cosas a medias –me digo a modo de autorreflexión. Me causa incertidumbre. Y no soporto la incertidumbre.

Mas, tampoco se trata de apostarle a las certezas –continúo mi monólogo interior- no siempre sabemos si va a llover o no. Ya lo mencionó Milán Kundera en La insoportable levedad del ser: “No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es la vida misma? Por eso la vida parece un boceto”.

Pero –recuerdo- también escribió que no se debe jugar con las metáforas. “Las metáforas son peligrosas. Con las metáforas no se juega. El amor puede surgir de una sola metáfora”.

No más metáforas. Eso confunde terriblemente.

Termino mi psicoanálisis. Ya, a partir de ahora no volveré a desconcentrarme. A partir de ahora… Como si se tratara de trazar una línea con tiza en el suelo. Una línea divisoria del antes y el después.

Suelo dormir con libros. Ellos saben a qué hora se apaga la luz de mi habitación y comienzan mis escasas horas de sueño.

Casualmente, de esas coincidencias que no alcanzo a entender ni con otra psicoterapia…una amiga me escribe. Me escribe y me deja un título que si no he leído debo buscar y leer. Con urgencia. Y sin saber de mis horas de desvelos y las conversaciones conmigo misma, anota digitalmente: Busca El libro de los amores ridículos, de Milán Kundera.

Y ahí voy…noche a noche, durmiendo con Milán Kundera. Con sus historias, que ahora dicen de una persona que hace un balance de su vida: “Y fue entonces cuando se le ocurrió plantearse cuál había sido el balance de este aspecto que desaparecía, cuáles habían sido realmente las vivencias y las satisfacciones que había tenido aquel aspecto, y se quedó paralizado al darse cuenta de que había disfrutado bastante poco; al pensar en aquello sintió que se ruborizaba; sí, le daba vergüenza: porque vivir en este mundo tanto tiempo y que a uno le pasen tan pocas cosas es vergonzoso”.

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Francisco_José_de_Goya_y_Lucientes_-_The_sleep_of_reason_produces_monsters_(No._43),_from_Los_Caprichos_-_Google_Art_ProjectLa vida es sueño, escribió Calderón de la Barca. Y puso a rodar la idea. Desde entonces –y antes de entonces- se vive con la esperanza de que alguna vez, la realidad sea tal cual los sueños que pretendemos.

Imaginación. Ilusiones.

Pero también a veces recordamos que, como dibujó Goya, el sueño de la razón produce monstruos.

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chamaca mirando la luna“Ya casi es hora de que empiece a dedicarte mi insomnio”, escribió Benedetti. Y yo, que padezco de Benedetti… y también padezco de insomnio, lo anoté en mi agenda para si algún día tenía que dedicar mis desvelos.

Trato de dormirme, pero ya no sin mirar a la luna. A la luna, porque sabe de soledades, como yo. Y porque ella ha escuchado más poemas que los demás. Y sigue ahí. La luna.

Y sigo aquí. Yo. Tratando de dormirme. Y mientras las letras se entrecruzan, se mezclan, y me devuelven palabras no previstas, recuerdo que el cielo es el mismo para todos, y que tal vez alguien más esté viendo la luna. Abro mi ventana para un último verso. También Benedetti: “Te espero cuando miremos al cielo de noche. Tú allá, yo aquí…”

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soledadAhora que vuelvo a los insomnios, a las calles apagadas, al conversar hasta medianoche, hasta que la garganta duela. Ahora, que toco otra vez mis libros, los poemas tantas veces aprendidos, y los recortes de revistas literarias. Ahora y siempre, cuando Voy a dormir… y cuando no, vuelvo a Alfonsina Storni:

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tu, nodriza fina,
tenme prestas las sabanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lampara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas: bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes.
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides…Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido.

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miedo a la oscuridadDicen que mis desvelos comenzaron desde temprana edad. Cuando todas las luces de la casa se apagaban, yo empezaba a llorar.

El pediatra dijo a mis padres que yo padecía de “miedo nocturno”, literalmente temor a la oscuridad. Término este que -ante la fuerza de mis lamentos- mi familia modificó a terror, pánico nocturno.

No hubo otro tratamiento que dejar alguna lámpara encendida. Tal vez si me hubieran leído alguna historia antes de ponerme en la cuna…

Me dicen, además, que cada madrugada, cuando todo parecía tranquilo, si alguien despertaba a tomar agua o ir al baño, y yo lo escuchaba, comenzaba a gritar alto, muy alto: “Mamá, no te vayes…” “Mamá, no te vayes…”

Una y otra vez gritaba. Repetidamente. Parada en la cuna, y alcanzando malamente a sostenerme de la baranda, con mi escaso tamañito.

Quizás al miedo a la oscuridad se le sumaba el temor al desamparo. A que mi madre se fuera a atrabajar y no regresara. Eso pienso ahora. En ese entonces yo solo sabía que mi mamá se iba, y yo no volvía a verla hasta la tarde. Hasta la tarde yo no volvía a ser feliz.

¿Desamparo? ¿Soledad?

Una aparente soledad que insisto en reclamar en estos tiempos. Aparente –digo- pues sé que al amanecer mi familia estará ahí, al alcance de un abrazo. Sin que yo tenga que despertar otra vez gritando: “Mamá, no te vayes…”

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