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Posts Tagged ‘libros’

Yo, la más estresada del día, con déficit de cafeína y envuelta en libros… Yo, la que pongo bandera a media asta por una cafetera rota, y me precio de conversar largo y abrazar hondo, he tropezado hoy con mis palabras. Y huí. Y divagué por cinco minutos cuando tuve delante de mí este adorno de flores. El regalo que salvó mi día. Huí como en esa canción de Sabina: “…dijo Hola y Adios”. Huí, y solo en la puerta me detuve a mirar hacia atrás, porque con esa prisa tan absurda, me alcanzó la sensación de habérmelas robado.

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mujer-cine…be happy

 

 

Me pierdo entre los cafés. Me fugo a las cafeterías. Hasta una servilleta sirve para anotar mi felicidad. El olor del café, el sabor del café…Yo.

Me escondo. Es tiempo de esconderme en mis propias letras, y de renovarme en las ajenas. Por eso me regodeo entre tantos libros, bibliotecas, librerías. Parece un mar, y me fascina.

Regreso a mí con la piel erizada de palabras. Y por primera vez me pierdo, yo sola, en un cine. En muchos cines. Conmigo misma.

Me reconozco cada día más. Hago lo que me gusta. Me agrado cada día más. Y soy inmensamente feliz.

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Confesional

soledad_botePerdóname si hoy busco en la arena/ esa luna llena que arañaba el mar…

Serrat

 

Perdóname por esto –le escribe. Y vuelve a las confesiones que no le hizo aquella vez. Las que le hace a destiempo, las que le hace ahora bajo el efecto de la lejanía, de los ojos que ya no le ven.

Como los amores cobardes que “no llegan a amores, ni a historias, se quedan allí”, a saber quién de los dos fue Dafne y quién Apolo. Quién huyó y quién se convirtió en laurel.

Y recorre su voz… aquella a la que antes acudía con las justificaciones más simples e inimaginables. La voz que ya no le dice de historias, ni de Scheherezada, ni de música, ni de imágenes. Por escuchar esa voz un poco más, habría revivido los libros de la Biblioteca de Alejandría, y le enlistaría un saco de dudas, para volver a hablarle y quedarse ahí, del otro lado del auricular, escuchando hasta aliviarse, hasta no retener otros sonidos, hasta aprenderse su voz.

Rememora esas manos que no llegan con algún atardecer para irse por alguna calle transitada. Las mismas manos que ahora ponen a prueba su paciencia, porque tiene que verlas de soslayo, sin detener la mirada. Solo quien ha perdido el aliento por unas manos puede comprender ese desespero de tenerlas cerca, sin rozarlas.

Quisiera perderse en sus ojos. Los ojos de los que una vez apartó la mirada para esconderse en lágrimas, por no soportar más nombres en aquellas pupilas. Por no hacer más oscura la noche.

En el laberinto en que se encuentra no hay hilos de Ariadna como en la mitología griega. Le salvaría seguir el rastro de su voz, de sus manos, de sus ojos… pero ya no están.

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FB_IMG_1470923432085Voy a dormir con otro libro esta noche.

Atada a él, soñando con la historia que me propone. Lo acaricio, lo beso, lo abrazo. Lo pongo en mis piernas. Y lo duermo y me duerme mientras me cuenta al oído la próxima línea.

Ya lo he dicho: no he sido fiel a un solo libro; duermo con uno distinto cada noche.

Promiscuidad intelectual, me comentó alguien una vez. Promiscuidad literaria.

Lo miro, lo recorro con la vista, acerco mi cabeza –mi cabezota- hasta donde empieza a abrirse.

Voy a dormir con otro libro esta noche.

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soledad_ KunderaNo me gustan las cosas a medias –me digo a modo de autorreflexión. Me causa incertidumbre. Y no soporto la incertidumbre.

Mas, tampoco se trata de apostarle a las certezas –continúo mi monólogo interior- no siempre sabemos si va a llover o no. Ya lo mencionó Milán Kundera en La insoportable levedad del ser: “No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es la vida misma? Por eso la vida parece un boceto”.

Pero –recuerdo- también escribió que no se debe jugar con las metáforas. “Las metáforas son peligrosas. Con las metáforas no se juega. El amor puede surgir de una sola metáfora”.

No más metáforas. Eso confunde terriblemente.

Termino mi psicoanálisis. Ya, a partir de ahora no volveré a desconcentrarme. A partir de ahora… Como si se tratara de trazar una línea con tiza en el suelo. Una línea divisoria del antes y el después.

Suelo dormir con libros. Ellos saben a qué hora se apaga la luz de mi habitación y comienzan mis escasas horas de sueño.

Casualmente, de esas coincidencias que no alcanzo a entender ni con otra psicoterapia…una amiga me escribe. Me escribe y me deja un título que si no he leído debo buscar y leer. Con urgencia. Y sin saber de mis horas de desvelos y las conversaciones conmigo misma, anota digitalmente: Busca El libro de los amores ridículos, de Milán Kundera.

Y ahí voy…noche a noche, durmiendo con Milán Kundera. Con sus historias, que ahora dicen de una persona que hace un balance de su vida: “Y fue entonces cuando se le ocurrió plantearse cuál había sido el balance de este aspecto que desaparecía, cuáles habían sido realmente las vivencias y las satisfacciones que había tenido aquel aspecto, y se quedó paralizado al darse cuenta de que había disfrutado bastante poco; al pensar en aquello sintió que se ruborizaba; sí, le daba vergüenza: porque vivir en este mundo tanto tiempo y que a uno le pasen tan pocas cosas es vergonzoso”.

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rosa_lutoA veces quisiera ser una de esas personas a las que no les afecta que les digan en un solo día: murió Günter Grass, murió Eduardo Galeano.

Esas a las que poco les vale que hoy mismo mueran Harper Lee y Umberto Eco.

A veces tan solo quisiera que esas páginas que quedan inconclusas no me destrozaran tanto. Pero vivo y muero por las palabras. Y en mi vida, un escritor menos, representa soledades de más.

Y creo que también yo voy yéndome un poco.

A veces quisiera ser una de esas personas que no se duelen fácilmente. Pero yo soy yo. La que llega a México cuando ya no hay rastros de Octavio Paz o de Carlos Fuentes, ni Jaime Sabines ni José Emilio Pacheco.

Solo soy yo. La que llega tarde a la cita de los escritores. La que queda herida por cada libro que no será. La que muere un poco cada vez. Sin a veces…

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tiempos

reloj-de-arena-173765“¿Tienes tiempo?”

A mí me obsesiona el tiempo. Más bien: no perder el tiempo. Puedo pasar horas recorriendo un museo, deteniéndome en cada trazo de una pintura, o acariciando las columnas.

Me entretengo con los sonidos –sobre todo del mar, el viento en los árboles, y el trino de las aves. Gusto de oler las páginas de los libros y revistas, como mismo el aroma del café.

Paso horas leyendo.

Me escurro hacia los bancos en los parques a mirar, asombrada, cuanto hay a mi alrededor. La vida misma me impresiona.

En ocasiones soy demasiado visceral.

Me encanta conversar, pero con personas muy puntuales. Y soy incapaz de soportar una plática donde el tema no lleve una buena dosis de razonamiento lógico.

Por eso me asombra que quienes no sepan de qué van a hablar, se me acerquen con la tan manida frase de: “¿Tienes tiempo?”

Yo tengo. Tengo mi tiempo. Mas, egoísta que soy, raramente lo comparto.

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