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Posts Tagged ‘lluvia’

Preludios

Se fue, imaginando que la lluvia corría por las ventanas, por las piedras, por las calles. Se fue pisando los charcos. Todos le dijeron que afuera el sol ardía en la piel, que la sequía había dejado la tierra árida, agrietada, descolorida. Casi todos la creyeron loca. Ella estaba viviéndose. No importaban las voces de los demás, en ese momento no había otro sonido que el de la lluvia golpeando el cristal de la ventana. Quiso salir a empaparse, a pisar los charcos, a beber de esas gotas. Quiso…Y lo hizo. Por un momento llovió solo para ella.

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amoriosPorque te extraño, y te extraño más de lo que confieso. Para ser sincera, aun no lo confieso, no te lo digo a ti, pero te extraño. Eso, regodéate, imagina que lo pronuncio: te extraño.

Imagínalo, pues por ahora mi voz no está. Tampoco yo. Yo no estoy para decirte muchas palabras. Decirte, por ejemplo, que te quiero. Pero eso ya lo sabes. Te quiero.

Imagíname. Ahora solo me tienes en fotografías, en trozos de letras que te escribo alguna que otra vez. Imagíname frente a la taza de café, conversando café mediante, mientras planeamos alguna travesura.

¿Sabes? He soñado que hablamos mucho, mucho. Y luego despierto y no estás. Y me queda una tristeza honda, pero no te preocupes, que se desvanece durante el día. No te preocupes, porque yo no quiero que te preocupes por mí. No quiero que te desveles por mí. No quiero que llores por mí. No quiero que sufras mi ausencia.

Yo te extraño –aunque no te lo diré. Yo te quiero –eso lo diré ahora y mientras viva. Yo siempre volveré a ti. Tú eres mi hombre más trascendente y mi lealtad más segura. Feliz primer diciembre sin mí, papá.

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lluvia ingenios“Ve esto”.

Y lo veo. Y me río. La verdad que son chistes muy ingeniosos que me alegran la tarde. Yo voy en el transporte público y sonrío. Los demás no sabrán por qué. Yo sabré –claro que sabré- que un amigo me ha hecho reír.

“Nunca le digas a nadie: te amo con todas mis fuerzas. Porque la suma de todas las fuerzas, es igual a cero”.

“Cuando te sientas solo, recuerda que hay miles de bacterias que viven en tu cuerpo, y que significas el mundo para ella”.

“Tras quedar varias veces, preguntó: ¿Tú y yo qué somos? Contesté: Homo sapiens. No ha vuelto a llamar. Supongo que es creacionista”.

Por lo regular nos enviamos textos, gráficos, comentarios de este tipo. Del tipo: Juguemos a ser inteligentes y no nos digamos palabras absurdas como alma y espíritu.

Por eso lo hace –además de lograr que me ría en esta tarde en que la nostalgia queda a prueba de lluvias.

“Hola, guapa. ¿No serás un compuesto de Fósforo, Erbio, Hierro, Carbono, y Tántalo? Porque eres P-ER-FE-C-TA”.

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viviéndome

primaveraDebe ser cosa de la primavera, que me recuerda con más fuerza que estoy viviendo otro año, que me quedé y merezco esta otra vuelta de lluvias y flores.

Y me invita a mezclarme. A empaparme otra vez bajo un aguacero. A andar descalza por el pasto. A juntar un ramo de flores silvestres. A disfrutar el olor de la tierra húmeda. A vivir la primavera muy a mi modo.

Vivirla viviéndome. Y los discos de música desfilan uno tras otro. Y las botellas se descorchan. Y el rito del café comienza cuando beso la taza.

Duermo menos para que el tiempo, el bendito tiempo, dure más. Extraño menos. Sí, egoístamente admito que extraño menos. Nada me perturba en estos días, y me río sola hasta que me duela la garganta y el estómago.

Las añoranzas deben haberse espantado, porque ya ninguna música me devuelve lágrimas, y ningún gorrión me posa en mis antiguas calles. Ahora soy yo. En otra primavera. Tan lejos y tan cerca. Feliz. Ridículamente feliz por todo.

Debe ser cosa de la primavera, por eso salgo a la ventana copa en mano, y me quedo conversándole, como a una vieja amiga. Y le confieso. Y le digo que pronto volveré a recostarme en la yerba, y a acariciar un árbol. Pronto. Ya pronto…

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Lluvias

lluviaNo te imaginas
este vicio feliz, la dependencia
que he llegado a tener del aguacero.

Alexis Díaz-Pimienta

Llueve y algunos se refugian bajo un techo. Otros corren -aunque más adelante también llueve.

Me invade la nostalgia por los días infantiles en que, junto a mi hermano, me metía en el aguacero. Nos deslizábamos entre las gotas. O tratábamos de capturarlas.

Quiero escuchar el aguacero. El sonido de la lluvia contra el cristal. Sentirlo. La sensación de resguardo si estás en casa. La de desamparo si estás fuera.

Mi último aguacero, casi bailando bajo la lluvia, fue en julio de este año. Recorrí descalza aquellas calles mientras un amigo sostenía mis zapatos y mi bolso. Él no creía que ciertamente yo me aventurara a desnudar además del alma, los pies.

Suelo ser torpe al andar sin zapatos. Y más si cae un aguacero. Y más si la calle -en lugar del asfalto moderno- está rellena de antiguas piedras chinas pelonas. Y más si es una ciudad turística y colonial, como salida de una postal.

Mis huellas, se desvanecían a cada paso.

Se desvanecían, como esta lluvia que cae. Sin caer.

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parque bajo lluviaNo sé si es por la sensación de que ocurre algo malo. O por la tristeza y el desamparo que nos invade.

Hoy varios de mis amigos me han escrito para contarme que están tristes. Que el día está gris. Que llueve y hace frío. Que añoran estar cerca de los que quieren.

También me pasa. Sumo mi cuota a las suyas. Compartimos canciones, fotos, frases, post, pensamientos…
Nos llenamos de letras en un intento de que las malas nubes grises no nos traguen.

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moscuComencé a ensoñar que viajaba por la nieve, mientras la campanilla del trineo tintineaba. Y me dormí… soñé que los dos íbamos a un lugar lejano. Yo te besaba, me apretaba contra ti. Tenía frío, brillaba la nieve…
Fedor Dostoyevski

Me ha hecho moscovita a fuerza de repetírmelo. Dice que me ve en medio del frío, el viento y el cielo bajo, de nubes cerradas. Que a orillas de su imaginario río Moscova, me abraza.

“Ay, moscovita querida, si supieras cuán ocupado he estado”. Y yo, en medio de alguna que otra presión diaria, y del descuido, a veces tardo en responder su correo. Entonces, cuando al fin me cuelo en su lejano buzón, se asombra, “Apareciste, pequeña moscovita de naricita y cachetes seguro que rojos por el frío. Porque al menos aquí las mañanas son frías, y tengo que esperar un correo para tu abrazo.”

“…moscovita de mi nostalgia”. “(…) pequeña insomne. Moscovita”. Y así cualquiera terminaría domesticado en esto de ir o venir de climas fríos aunque se viva en el más caluroso trópico.

Entonces vuelvo a mi libro de poemas de Anna Ajmátova y releo, y anoto, y subrayo estrofas enteras. Anna escribió que todos los veranos de sus primeros 16 años (de 1889 a 1905) los pasaba a orillas de la bahía Streletskaya, donde se hizo amiga del mar. Yo adoro el mar. Me gustan los poemas de Ajmátova y ahora… ¿alguien me dice moscovita? El mundo anda muy loco…

En los versos me refugio. “Tantos desiertos he recorrido en vano/ con quien no supo darme compañía./ Tanto rogué, inclinada, en las iglesias/ por aquel que me quería… ”

(…)
“¿Cómo tú puedes mirar el Neva?/ ¿Cómo te atreves a subir los puentes…?/ Triste estoy desde que en vela/ o en sueño pasaste, indiferente.”
(…)
“La lluvia tintinea contra el suelo/ y en sus capotes aparecen ahora esmaltadas/ las aguas que una vez reflejaron el cielo.”

Letras solo para leer en días como estos, lluviosos, tristes. Días en que el cielo se torna gris y un abrazo puede salvarnos de la monotonía. Días en que extraño los cristales desde donde alguna vez me asomo a un pedazo de ciudad. Días en que algún amigo, medio loco, medio cuerdo, querible siempre, me declara moscovita.

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