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Posts Tagged ‘malecón’

Foto: Mary Ortiz, la amiga que me salvó el día

A Mary Ortíz, por la foto y recordarme el poema de la Dulce

 

 

Criatura de isla, como me describió la Dulce María Loynaz. Criatura salvaje que se refugia, de tanto en tanto, en algún pedazo de mar, que necesita el mar aunque sea dibujado en un papel. El mar…

 

“Rodeada de mar por todas partes,

soy isla asida al tallo de los vientos…

Nadie escucha mi voz, si rezo o grito:

Puedo volar o hundirme… Puedo, a veces,

morder mi cola en signo de Infinito.”

 

En frágiles versos la voz de la poeta (que renegaba de la palabra poetisa), se alza en las olas. Se pierde, naufraga, y siento que me encuentra y me renace. Necesito estas distancias y aquellos mares.

 

“Soy tierra desgajándome… Hay momentos

en que él me ciega y me acobarda,

en que el agua es la muerte donde floto…

Pero abierta a mareas y a ciclones,

hinco en el mar raíz roto.”

 

Allí, donde la mujer innombrable huye como una gaviota…Ahí no queda siquiera mi retrato. Yo quedo lejos, pero siempre, siempre, respiraré cerca del mar.

 

“Crezco del mar y muero de él… Me alzo

¡para volverme en nudos desatados…!

¡Me come un mar batido por las alas

de arcángeles sin cielo, naufragados!”

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malecón

Foto: Alejandro Rodríguez Leiva

Aquel hombre vino a sentarse, trajo su perro. Lee algo, de las manos se le escapa una hoja de papel que va a parar al mar. No se queda mucho más. Agarra el animal y se va.

Vuelvo a estar sola.

Llega un muchacho, se sienta a unos metros de mí. Le da la espalda a la carretera y el frente a las olas. Trae un termo. Bebe y piensa, creo. Ojalá fuera café y me diera un poco. Quién sabe qué trae en el termo. Yo también tengo uno, pero lo dejé en mi habitación. Se termina el líquido y comienza a caminar, a alejarse.

Vuelvo a estar sola.

Pasa un hombre, parece turista, y se me queda mirando. Tal vez le extrañe que ande tan desabrigada y tan cerca del mar, de las olas y el viento fuerte. Se aparta de la orilla y no se detiene.

Vuelvo a estar sola.

Pasan dos mujeres corriendo, empeñadas en sus ejercicios. Dos más, estas caminando. De una dirección a otra los autos, ya con las luces encendidas. Es de noche, yo estoy aquí sentada desde el atardecer. Me reservé este pedazo de muro para despedir el sol.

Al término del día todos los que pasaron, los que se detuvieron, los que miraron, los que no… regresan a sus casas. Yo sigo aquí, luego de dos horas continúo en el mismo pedazo del malecón habanero. Ya no hay sol, todo es más oscuro. Hay menos ruido. Vuelvo a estar sola.

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