Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Milán Kundera’

«Y él le preguntó al oído: “Mi amor, ¿dónde estabas?
Durante todo el tiempo que yo tanto te busqué”.
Ella le contestó: “Lo siento, es que estuve ocupada.
Aunque para serte sincera, ahora no entiendo en qué…»

Melendi

 

 Se estremeció todo: la tierra, el atardecer, los pájaros negros que iban todas las tardes en bandada al parque de ciudad…

Se estremeció el asteroide y sus tres volcanes: los dos que tenían fueguitos, y el que estaba en cenizas. Los tres volcanes se estremecieron con ellos dos caminando sobre el mismo suelo. El Principito supo, en cuanto la vio, que el proceso de domesticación iba a ser más difícil que con la zorra. Sin embargo, continuó sentándose un poco más cerca cada día.

El Principito supo también que aquella criatura iba a ser más llorona y sensible que la rosa de su asteroide. Sin embargo: “La noche se hizo día, pero no se fue la luna/ Se quedó a verlos, apoyada en el hombro del sol…”

Se estremeció ella: sus manos, sus colores, su mirada. Casualidad -pensó. Casualidad -le decían.

“No es la necesidad, sino la casualidad, la que está llena de encantos, si el amor debe ser inolvidable, las casualidades deben volar hacia él desde el primer momento, como los pájaros hacia los hombros de San Francisco de Asís”. ¡Ay, Milán Kundera!

Si todo lo que dijo el viejo Kundera era cierto, y real, y otra vez cierto, ella morirá escribiéndole al Principito en cada pedazo de azul -como Julio Cortázar- que confía plenamente en la casualidad de haberlo conocido. 

Anuncios

Read Full Post »

Deja que te hable de mis sueños

que tras el tiempo se escondieron

pero que contigo han vuelto.

Jarabe de Palo (Realidad o sueño)

 

 

Te miro y tiemblo, como en aquella canción que nunca escuchamos. Tal vez por la lluvia y lo gris del día –o a pesar de la lluvia y del gris del día- se revuelven aquí dentro todos los recuerdos que no hemos tenido:

La noche que invocaste a Galeano porque tenías una mujer atravesada entre los párpados, la desnudez inquebrantable que describiste minuciosamente citando a Dalton, y aquel par de poemas que no deben ser para nadie más, porque nadie más entendería Los formales y el frío, o Los amorosos, como nosotros.

El atardecer frente al mar. Y el vino tinto, y el cumpleaños inventado para celebrar, fuera de fecha, porque el día que todos fueron yo no llegué a tu fiesta. Y los conciertos en casa, con Sabina, Ana Belén, Melendi, Buena Fe, Serrat, Carlos Varela, Enya, Adele, Lecuona…

Tu mano en mi rostro cuando yo te decía, como Carilda, que eras mi Muchacho loco, y que Me desordeno. Tus brazos cuando me envolvías en ese abrazo tuyo.

Los libros de Kundera en la madrugada, las fotos viejas que no nos hicimos, los versos de Martí y las citas de Fernando Ortiz y Guillén que nos volvieron ajiaco y mezcla de congo y carabalí.

Las veces que busqué a tientas tu mano, los ramos de romerillos que adornaron la mesa, el café acabado de colar, las conversaciones largas mientras derrumbabas las murallas de La Habana y domesticabas a este animal salvaje.

La noche que reescribimos A la orilla de la chimenea, solo porque mencionamos par de estrofas: Puedo ponerme cursi y decir / que tus labios me saben igual,/ que los labios que beso en mis sueños.

La madrugada que se esfumaron los miedos, y la cordura se quedó en el mínimo. La noche que se hizo día mientras te pedía una y otra vez: mírame. Mírame, porque ya me perdí, y estoy loca. Y te quiero.

Read Full Post »

dedos-al-cuerpo“No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es la vida misma? Por eso la vida parece un boceto” (Milán Kundera)

Adán y Eva parecían dos niños sedientos. Bebieron mucho porque tenían sed. Y se contaron historias, como quien lee un buen libro antes de irse a dormir, como quien escucha un relato sorprendente. Leyeron unas cuantas páginas, y se quisieron dibujar. Primero unas flores sobre la mesa. Luego sobre la piel. Los dedos marcaban figuras similares a las de las historias que se habían contado antes. Se hipnotizaron con bocetos que comenzaban a ser más precisos: unas manos, el contorno de unos labios…Parecían niños curiosos, queriendo descubrirse…

Read Full Post »

mar_EE.UUMirar el río hecho de tiempo y agua/ recordar que el tiempo es otro río,/ Saber que nos perdemos como el río/ Y que los rostros pasan como el agua.

Jorge Luis Borges

 

 

Cada 13 de febrero es su cumpleaños. Así desde 1983. Ella sabe que debe dejar la tarjeta de felicitación un día antes y un día después, porque un solo día no basta. A fin de cuentas él le ha regalado más que una tarjeta.

Él le regaló dos de las lecturas más imprescindibles de su vida: Hamlet, y La insoportable levedad del ser. La introdujo en Milán Kundera y ella no salió igual.

Él le regaló la sinceridad y el respeto, y las largas conversaciones sobre lo humano y lo divino. Le regaló la amistad de quienes se reconocen hasta en lo oscuro, y se aprenden a fuerza de mirarse. (De quienes saben que solo discutirán visceralmente por dos camisetas de fútbol, porque ella nunca será madridista, porque él nunca será culé).

Se comparten las fidelidades más auténticas, y aun en la distancia, sin testigos y sin alzar voces, continúan uno en defensa del otro, con el compromiso intacto de rescatarse a fuerza de verdades.

“Cumplo 24” –le dice. “24 + 10” –añade con la sonrisa irónica que lo caracteriza. La sonrisa irónica y ladeada, y le parece que esa forma de decir su edad es, como todo lo suyo, muy original.

Entonces ella cree que no lo ha felicitado lo suficiente; pone en su honor una playlist diversa, como él suele hacer, que incluya todos los géneros. Como hacía en tiempos de universidad, cuando lo conoció. Relee la Poesía de poeta y de loco que él tenía, y queda así, invocándolo, se le agolpan las letras y termina escribiendo todo esto. Para su cumpleaños.

Read Full Post »

Passion_ La vida es bella“Tomás se decía: hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no sólo distintas sino casi contradictorias.
El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres), sino en el deseo de dormir junto a alguien (este deseo se produce en relación con una única mujer).”
La insoportable levedad del ser, Milán Kundera

 

 

— ¿Estás bien?

— Sí.

Y vuelve a preguntar como si ella llevara algo marcado en el rostro, o desdibujado, que le indicara al resto del mundo que no, que no está bien, que le sucede algo.

Ella, que sabe el valor de cada palabra, no puede volver a dar un Sí por respuesta. Al menos no sin admitir que cada vez con más frecuencia viene a su memoria ese fragmento de película.

La vida es bella. Lo dijo Roberto Benigni desde el título. Este diálogo entre Guido y Dora la marcó para siempre. Al menos eso cree. Y ahora se entrecruza con su vida, con lo que quiere decir, con lo que piensa. Y por primera vez tiene que ceder cuando le aseguran que no siempre las palabras, las benditas palabras, alcanzan para decirlo todo…

— ¿Qué diálogo? ¿Qué palabras?

— El momento más desgarradoramente sincero de esa película. Cuando Guido acompaña a Dora hasta la puerta de su casa, y habla con la mayor naturalidad de su más hondo anhelo:

“Se me olvidaba decirle algo.”
“Decirme qué”.
“Que tengo unas ganas de hacerle el amor. Pero no se lo diría a nadie, y mucho menos a usted. Deberían torturarme para obligarme a decirlo.”
“¿Decir qué?”
“Que tengo ganas de hacerle el amor. No una vez, sino cientos de veces. Toda la vida. Pero eso no te lo diré nunca. Ni aunque me torturen.”

 

(Algún día tal vez. En algún lugar tal vez. A alguien tal vez…diré esto. Por ahora es solo imaginación, y el apasionarme por una película que me encanta. Después de todo, La vida es bella… Después de todo yo ahora, con todo y soledades, me siento escandalosamente feliz. Y eso basta)

Read Full Post »

soledad_ KunderaNo me gustan las cosas a medias –me digo a modo de autorreflexión. Me causa incertidumbre. Y no soporto la incertidumbre.

Mas, tampoco se trata de apostarle a las certezas –continúo mi monólogo interior- no siempre sabemos si va a llover o no. Ya lo mencionó Milán Kundera en La insoportable levedad del ser: “No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es la vida misma? Por eso la vida parece un boceto”.

Pero –recuerdo- también escribió que no se debe jugar con las metáforas. “Las metáforas son peligrosas. Con las metáforas no se juega. El amor puede surgir de una sola metáfora”.

No más metáforas. Eso confunde terriblemente.

Termino mi psicoanálisis. Ya, a partir de ahora no volveré a desconcentrarme. A partir de ahora… Como si se tratara de trazar una línea con tiza en el suelo. Una línea divisoria del antes y el después.

Suelo dormir con libros. Ellos saben a qué hora se apaga la luz de mi habitación y comienzan mis escasas horas de sueño.

Casualmente, de esas coincidencias que no alcanzo a entender ni con otra psicoterapia…una amiga me escribe. Me escribe y me deja un título que si no he leído debo buscar y leer. Con urgencia. Y sin saber de mis horas de desvelos y las conversaciones conmigo misma, anota digitalmente: Busca El libro de los amores ridículos, de Milán Kundera.

Y ahí voy…noche a noche, durmiendo con Milán Kundera. Con sus historias, que ahora dicen de una persona que hace un balance de su vida: “Y fue entonces cuando se le ocurrió plantearse cuál había sido el balance de este aspecto que desaparecía, cuáles habían sido realmente las vivencias y las satisfacciones que había tenido aquel aspecto, y se quedó paralizado al darse cuenta de que había disfrutado bastante poco; al pensar en aquello sintió que se ruborizaba; sí, le daba vergüenza: porque vivir en este mundo tanto tiempo y que a uno le pasen tan pocas cosas es vergonzoso”.

Read Full Post »

Dalí--DecoradoA la protagonista de esta historia, por hacerme entender, como Kundera en La insoportable levedad del ser, que “… las preguntas verdaderamente serias son aquéllas que pueden ser formuladas hasta por un niño. Sólo las preguntas más ingenuas son verdaderamente serias.”


Desde niña ella fue muy curiosa. Mantuvo abierto su saco de por qué cuando ya sus amiguitos lo habían cerrado. Cuestionaba cómo se hacía esto, cómo funcionaba aquello… Una amiga de su madre vaticinó que aquella niña sería filósofa si insistía en hallarle respuesta a todo.

También estuvo muy atenta a lo que luego supo se llamaba política. Le inquietaba cada decisión que se tomaba en algún lugar que otros llamaban “arriba”. Ella no entendía. ¿Arriba dónde? Por mucho que se empeñaba en mirar hacia el cielo, veía nubes con miles de formas posibles, pero nunca a alguien allá sentado, decidiendo algo.

No entiendo –le dijo una vez a su madre, con otra pregunta a punto de salirse de su boca. Otra pregunta sobre política. La madre, tal vez ansiosa por tantas interrogantes que ni los adultos hacían, le tendió una solución. “No estás aquí para entender. Cuando tengas otra duda, abre el refrigerador y come algo, hasta que se te pase”.

La niña obedeció. Varios años después, entre libros, discursos y programas de televisión; entre sitios webs, conversaciones y correos… observó que necesitaba cambiar de alternativa ante cada duda. Estaba a punto de volverse obesa.

Read Full Post »