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Posts Tagged ‘muros’

incierto

Derribó la puerta en el justo momento en que del otro lado se ponía el último bloque del muro.

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René Portocarrero. “Interior del Cerro”, 1943. Óleo sobre madera

                  No escriba. No exista. No piense./ Ame usted si lo desea, ¿a quién le importa nada?/ No es a usted a quien aman, compréndalo, renuncie gentilmente./ Piense en las estrellas e invéntese algunas constelaciones./ Hable de todo cuanto quiera pero no diga su nombre verdadero./ No se palpe usted el fantasma que lleva debajo de la piel.

                 Gastón Baquero

 

 

Despertaron entre las murallas de la habitación sombría. Vieron a los lados sin ver más que piedras que formaban gruesas paredes por donde solo entraba un poco de luz, un poco de oxígeno, suficiente para vivir un día más. Afuera se elevaban muros más altos, más gruesos, más grises, que le impedían escapar. Sin embargo, cada día se reunían a hacer mapas de extramuros, a dibujar la ciudad que una vez conocieron. El verdugo anotó en su bitácora que aquel par se comportaba como adolescentes.

“Pero donde hay adolescentes tiene que haber verdugos.
Y ahora es el filo de la soledad
el que va cercenándonos por dentro,
porque la vida no va a empezar otra vez
aunque yo sea el primero en quitarme la capucha
esta primera tarde en que un verdugo
ha estado a punto de gritar: ¡TE AMO!” (1)

Letra a letra lo escribió en aquella hoja gris, la única que tenía a mano. Y disintió de bajar la guillotina. A fin de cuentas, aunque el tal Bonaparte le anunciara que en una fortaleza sitiada toda disidencia es traición, él, el único verdugo de la ciudad, también estaba cansado de las murallas, de las piedras que formaban gruesas paredes por donde solo entraba un poco de luz, un poco de oxígeno, suficiente para vivir un día más…

(1) Yamil Díaz Gómez. Madrigal del verdugo. https://www.youtube.com/watch?v=-180nAlEi3I

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cóseteCósete –se dice una y otra vez, aunque se siente rota. Cósete.

Sobró silencio y faltaron palabras. Pero alguna vez habrá más palabras que silencios. Y no lo sabrás si no te sobrepones.

Cósete.

Pero sus partes no se vuelven a unir. Definitivamente en medio de tantas preocupaciones, miedos, zozobras, algo se quebró. Y no sabe cómo llegar a casa -más sola, y más rota.

Va más desecha en menudos pedazos que la bandera de aquellos versos de Bonifacio Byrne.

“Todo pasa” –le advirtió alguien una vez. Lo bueno pasa, pero lo malo también pasa. Verás otro amanecer, otro atardecer. Otros muros, otros puentes.

Cósete –se repite. Cósete.

Siente que todos los hilos se le cortan dentro del cuerpo. Tal vez con un poco más de serenidad, y de paciencia…

Pero hoy no hay ni paciencia ni serenidad… ¡Cósete!

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