La piel que no habito

Ahí, donde una vez jugué con mi hermano y mi primo. Ahí quiero volver. No al mismo lugar, sino al mismo tiempo. A aquel sin preocupaciones, en el que salíamos a recolectar hojas de distintos árboles –cual aborígenes- y decíamos que era la comida, en nuestro ficticio juego a las casitas. Y nos deslumbraban las... Seguir leyendo →

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Durmiendo con Milán Kundera

No me gustan las cosas a medias –me digo a modo de autorreflexión. Me causa incertidumbre. Y no soporto la incertidumbre. Mas, tampoco se trata de apostarle a las certezas –continúo mi monólogo interior- no siempre sabemos si va a llover o no. Ya lo mencionó Milán Kundera en La insoportable levedad del ser: “No... Seguir leyendo →

Guaaaaaaaaaaaaaaaaa

Hace tiempo, me contaron la historia de la niña que era muy llorona y ni los perros la querían. “Imagínate que los perros se orinaban sobre sus pies, de tanto que la rechazaban”. ¡Vaya! Debí tener muy aturdida a mi abuela con mis gritos infantiles cuando tuvo que acudir a semejante artimaña para hacerme callar... Seguir leyendo →

Insomnios

Padezco de insomnio casi todas las noches.  Y escribo “casi todas” porque a veces logro rendirme sin suplicarle a Morfeo. Desde niña me cuesta mucho dormir. No en vano esa era mi hora preferida para llorar, la del sueño. Aunque algunos en mi familia piensen que era cuestión de temores a la oscuridad, lo cierto... Seguir leyendo →

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