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Posts Tagged ‘perros’

Hace poco, en un semáforo, una mujer desde su coche le daba algo de comer a uno de los hombres que vendían (acaso cambiaban) flores por unas monedas. El hombre agarró la comida, feliz, y se sentó a compartirla con otro de los que -al igual que él- necesitaba algún alimento que llevarse a la boca aquella tarde. Entonces una amiga me dijo que a veces los que menos tienen son los que más comparten. Hoy esta imagen me lo ha recordado.

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He vuelto a llorar por un perro. Y lo digo con rareza porque no suelen gustarme mucho esos animales. A mi hermano sí, y por eso desde que le permitieron tener una mascota, han desfilado varios por mi casa.

Ahora tiene uno que se llama Choco – para disminuir el “Chocolate”- pero antes tuvo otros perros con nombres de perros: Negrita, Bella, Yogui… Ya todos están muertos. Delante de él no toqué ninguno, delante de él olvidaba súbitamente sus nombres y los llamaba “bichos”. Luego los retozaba un poco y les pasaba mi mano por la cabeza, hasta que se ponían juguetones y querían lamerme…entonces yo salía huyendo.

Precisamente Negrita, un perro –perdón, perra- que tuvo mi hermano, me causó el primer llanto. Resultó ser la única que no murió cuando le tocaba, sino cuando la envenenaron. Mi papá le dio a tomar leche, aceite, pero no pudo rescatarla… Y me dio mucha tristeza saber que la habían matado, e incluso, saber quién fue.

Esta semana volví a afligirme por un perro, y entendí que la vida de ellos es… ¡de perros! El ómnibus en que viajaba sonó el claxon en aquella carretera desolada. Volvió a estallar el claxon. Yo no podía ver qué había delante. Otra vez el claxon. Y otra vez… Y aceleró hasta chocar con algo. “Algo” que solo pudo lanzar un último gemido.

En ese momento pensé en Choco, y en todos los perros que he conocido y los que no, en los que he acariciado y los que he espantado. Los veía a todos. Y dos lágrimas se apresuraron a reunir a otras lágrimas. Y lloré.

Me entristecí y me indigné: el chofer, quien no pudo bajarse antes para ahuyentar al perro, o hacerlo salir del camino, descendía ahora muy preocupado porque tal vez la sangre había manchado su guardafangos.

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