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Posts Tagged ‘preguntas’

Desvíos

En carne propia sentí la estocada. La pregunta –que tantas veces he hecho a otros- me era devuelta. ¿Estás bien, no vas a volver a escribir?

Sentí que la vergüenza me sacudía. Y pasaron muchos segundos antes de recordar que tengo un blog, que escribo, que me llamo Leydi, que no me gusta mi nombre, y otra vez: que tengo un blog, que escribo

Y como si estuvieran grabadas, salieron las palabras de mi boca: Sí, voy a escribir, pero… a veces creo que nadie nota cuando no lo hago, entonces…

La dulce reprimenda –muy dulce- llegó como caricia casi: Claro que se nota, solo que cada día me digo “seguro hoy no tuvo tiempo, pero mañana quizás…” Y cuando llega el mañana, regreso y tampoco has escrito…

Y heme aquí, estremecida porque me han hecho la pregunta que tantísimas veces yo he soltado sin piedad; el reclamo que tan desgarradoramente he hecho: ¿No vas a volver a escribir?, y la confesión implícita: es que lo necesito. Te necesito.

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Dalí--DecoradoA la protagonista de esta historia, por hacerme entender, como Kundera en La insoportable levedad del ser, que “… las preguntas verdaderamente serias son aquéllas que pueden ser formuladas hasta por un niño. Sólo las preguntas más ingenuas son verdaderamente serias.”


Desde niña ella fue muy curiosa. Mantuvo abierto su saco de por qué cuando ya sus amiguitos lo habían cerrado. Cuestionaba cómo se hacía esto, cómo funcionaba aquello… Una amiga de su madre vaticinó que aquella niña sería filósofa si insistía en hallarle respuesta a todo.

También estuvo muy atenta a lo que luego supo se llamaba política. Le inquietaba cada decisión que se tomaba en algún lugar que otros llamaban “arriba”. Ella no entendía. ¿Arriba dónde? Por mucho que se empeñaba en mirar hacia el cielo, veía nubes con miles de formas posibles, pero nunca a alguien allá sentado, decidiendo algo.

No entiendo –le dijo una vez a su madre, con otra pregunta a punto de salirse de su boca. Otra pregunta sobre política. La madre, tal vez ansiosa por tantas interrogantes que ni los adultos hacían, le tendió una solución. “No estás aquí para entender. Cuando tengas otra duda, abre el refrigerador y come algo, hasta que se te pase”.

La niña obedeció. Varios años después, entre libros, discursos y programas de televisión; entre sitios webs, conversaciones y correos… observó que necesitaba cambiar de alternativa ante cada duda. Estaba a punto de volverse obesa.

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