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Posts Tagged ‘querer’

mi-reloj“La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar”.

Silvio Rodríguez

 

 

Él le dijo TE QUIERO de veinte formas posibles. Con sustantivos, con adjetivos, con verbos, con flores, con caricias, con canciones mientras hacían el amor, con comidas, con películas, con versos, con párrafos enteros, con gestos, con una llave de casa…

Le escribió un cuento que leyó para ella. Todos sabían que era para ella. Hasta ella lo sabía.

Él estaba enamorándose de ella, y se lo dijo, y lo hizo visible a plena luz del sol y a plena luz de luna.

— ¡Qué fotos me estoy perdiendo! – pensó mientras se la aprendía con los ojos. Como suele suceder en los museos, sin tocar cámaras ni objetos con las manos. Él solo la contemplaba, desnuda, como si fuera una escultura de un museo.

Y luego la agarraba con ambas manos, como figura pagana, para que el TE QUIERO lo escuchara solo ella, en un susurro.

Le regaló los acordes de una guitarra, el silencio de una calle de madrugada, el rocío sobre el pasto al amanecer, el atardecer a orillas del mar… Y le habló de tiempo, de mucho más tiempo juntos.

Ella, quizás espantada por las palabras que se hacían mayúsculas, o por inseguridades muy suyas, desapareció. Él no volvió a verla para un último TE QUIERO. No supo dónde, cuándo, la volvería a ver (si es que alguna vez la volvería a ver). Se quedó atorado entre el hoy y el lejano mañana, a solas con sus manos y con las letras que iba uniendo para aprender a pronunciar otras palabras.

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niña con corazón“En una ocasión fue a verme junto a su esposo, yo los esperaba cerca del mar, y el viento estaba frío. Mis brazos estaban igual que el viento. Cuando se acercó para el abrazo, se zafó la única prenda que podía servir de abrigo y me la dio. Meses después supe que ella es reacia al invierno, que al menor aire frío se congela, sin embargo, aquella vez prefirió cubrir mis brazos antes que los suyos.” (Quien a ternura mata…)

No es por ti, hermana, que escribo un post tan desolador. No es por ti, que has sido Atlas y mapa, y escudo contra la desazón del mundo. Aunque mis depresiones me hayan alejado y termináramos sin encontrarnos esta vez.

Esta es solo una vez de muchas veces que serán. Y entonces nos veremos, y seré más fuerte y estaré menos dolida –a fuerza de pasar tantas veces por las mismas traiciones y heridas- y nos abrazaremos. Y dirás que me quieres sin tamaño. Y te diré que te quiero mucho, un montón, un chingo –como aprendí a decir en México.

Te veré, para que se repita una escena como esta: “Estoy perdida, lo sé -le digo, o me dice. Y aunque el niño no me reconozca cuando me vuelva a ver, entre mi hermana y yo no caben ausencias, ni olvidos. ― Estoy perdida, lo sé. ― ¿Perdida? ¡Tú y yo siempre estaremos encontradas!”

Tú me creciste en el momento justo, con el sobrino justo, con las palabras justas. “La palabra precisa, la sonrisa perfecta”. Y estás. Estás, sin importar latitudes y aunque caigan raíles de punta –me lo escribes, y yo lo sé sin leerlo.

Este, es cierto, no es el post del borracho que unió nuestras vidas. Es otro, como dices: con otras esencias, dolores, y nostalgias. Es otro, pero somos las mismas. Ya para las risas o para las nostalgias. Somos las mismas que nos confesamos nuestros desvelos aun en la distancia.

Suscribo, letra a letra: “Ella asume el lugar de hermana mayor que por cariño le corresponde (…) Ella es, además, uno de mis Atlas –esto es, como el gigante de la mitología: una de las personas que sostienen mi mundo”.

Y vuelvo a tu blog y al mío. Como escribí un día: “Yo también regreso a sus Tintineos una y otra vez, hasta no cansarme. Hasta aprenderme el camino de sus letras. Hasta convencerme de que hay adicciones más fuertes e ineludibles que al café. Adicciones a estrechar lazos con las personas que son tu amuleto, tu Atlas, tu familia”.

Y a la familia, hermana, no se le olvida ni se le escriben post hoscos y desalentadores. Ese tipo de letras, definitivamente, nunca será por alguien que tanto quiero. Nunca será por ti.

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Passion_ La vida es bella

“Tomás se decía: hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no sólo distintas sino casi contradictorias.
El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres), sino en el deseo de dormir junto a alguien (este deseo se produce en relación con una única mujer).”
La insoportable levedad del ser, Milán Kundera

 

 

— ¿Estás bien?

— Sí.

Y vuelve a preguntar como si ella llevara algo marcado en el rostro, o desdibujado, que le indicara al resto del mundo que no, que no está bien, que le sucede algo.

Ella, que sabe el valor de cada palabra, no puede volver a dar un Sí por respuesta. Al menos no sin admitir que se ha quedado varada en puerto ajeno, y que cada vez más viene a su memoria ese fragmento de la película que más le gusta.

La vida es bella. Lo dijo Roberto Benigni desde el título. Este diálogo entre Guido y Dora la marcó para siempre. Al menos eso cree. Y ahora se entrecruza con su vida, con lo que quiere decir, con lo que piensa. Y por primera vez tiene que ceder cuando le aseguran que no siempre las palabras, las benditas palabras, alcanzan para decirlo todo…

— ¿Qué diálogo? ¿Qué palabras?

— El momento más desgarradoramente sincero de esa película. Cuando Guido acompaña a Dora hasta la puerta de su casa, y habla con la mayor naturalidad de su más hondo anhelo:

“Se me olvidaba decirle algo.”
“Decirme qué”.
“Que tengo unas ganas de hacerle el amor. Pero no se lo diría a nadie, y mucho menos a usted. Deberían torturarme para obligarme a decirlo.”
“¿Decir qué?”
“Que tengo ganas de hacerle el amor. No una vez, sino cientos de veces. Toda la vida. Pero eso no te lo diré nunca. Ni aunque me torturen.”

 

(Algún día tal vez. En algún lugar tal vez. A alguien tal vez…diré esto. Por ahora es solo imaginación, y el apasionarme por una película que me encanta. Después de todo, La vida es bella… Después de todo yo ahora, con todo y soledades, me siento escandalosamente feliz. Y eso basta)

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pensamiento que viajaAndo con su recuerdo a todas partes. Con su abrazo a todas partes. Con su voz a todas partes.

Voy y vengo con él. A todas partes.

Me alivia pensar en un reencuentro. En otro abrazo. En escucharlo una y mil veces más. Lo quiero. Lo amo.

Después –y antes- de todo, ha sido el hombre más constante en mi vida.

Lo pienso. Lo sueño. Me roba las velas en mis noches de insomnio. Lo necesito.

Aparece en un montón de canciones, en un sinfín de lugares, en los silencios y en las palabras.

Lo llevo pegado a mi piel. Amarrado a mis entrañas. Atado a mí. Atada a él.

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Hay personas que se empeñan en reaparecer cuando perciben que las palabras ya no les corresponden. Escribo de poemas intensos, de abrazos para contrarrestar el frío que empezaba a calar por dentro. Y reaparecen.

No dicen a tiempo, pero se aferran en volver a destiempo. Solo por el egoísmo de quedarse sin alguien que les deje palabras en tropel. Palabras por correo, palabras en mensajes, palabras en botellas.

Yo, que de un tiempo a esta parte he aprendido que los afectos –cuando pasajeros- llevan fecha de caducidad, cuando quiero decir algo, me desbordo. Como ahora, contra todo manual establecido.

Sobre todo porque no quiero que me suceda como en los versos de Dulce María Loynaz:

Vivía- pudo vivir- con una palabra apretada entre los labios.
Murió con la palabra apretada en los labios.
Echaron tierra sobre la palabra.
Se deshicieron los labios bajo la tierra.
¡Y todavía quedó la palabra apretada no sé dónde!

O como la Última noción de Laura, de Mario Benedetti…donde, luego de tantos silencios, ella admite que:

Usted Martín Santomé no sabe
cómo querría tener yo ahora
todo el tiempo del mundo para quererlo
(…)
usted de todos modos
no sabe ni imagina
qué sola va a quedar
mi muerte
sin su vida.

Decir a destiempo es dejar morir las palabras. Tal vez por esa razón, cuando he escrito de soledades o de extrañar a alguien, y reaparecen personas que nunca pronunciaron las suyas, yo –de visceral que soy- los convierto en fantasmas. ¿Por qué vienen? ¿Por qué en ese momento? ¿Querían que me aprendiera sus palabras? Qué pena. Lo siento. Llegan tarde… Aun cuando esté sola, cuando esté acompañada, o cuando me abrace a alguien –o no-, desconfío profundamente de aquellos que dicen te quiero a destiempo.

Para ellos -como Alfonsina Storni- no estoy. “Le dices que no insista, que he salido…”

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niño dormido Para Lourdes Urquijo Cabeza, graduada de tía el mismo día que yo

Me sorprendió la noticia porque el bebé se esperaba para el mes de abril. La última vez que lo sentí, jugaba a dar patadas dentro del vientre materno. Pero este lunes mi hermana me envió un breve texto:

“Hoy a las 7:25 nació tu sobrino, es prematuro…”

La quiero abrazar. Ansío verlo.

Hablo con su esposo, y me angustia saber que el niño tiene problemas para respirar y aún no puede estar en los brazos de la madre.

Mis nervios se crispan. Las lágrimas salen. Llamo alterada a casa. Le comento a mis amigos.

“Es normal”, me dice mi abuela. “Como los pulmoncitos estaban desarrollándose, es normal que lo estén observando bien y cuidando mucho”.

“A mi hijo también le sucedió, y mira ya lo grande que está” –me comenta una compañera de trabajo.

El mejor sietemesino que conozco, mi amigo Carlos Luis, me consuela más porque se muestra como ejemplo: “Tranquila, Ley. Los sietemesinos somos muy fuertes”.

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me vives o me matas

tristeJuguemos. Yo te voy a trenzar el pelo, haré mi mejor esfuerzo. Te explicaré de tres maneras distintas qué es eso de tener musarañas en la cabeza. Hasta te ayudaré a atrapar una. Te mostraré 54 figuras en las nubes, y te regalaré el mapa del sitio exacto donde queda el asteroide B- 612.

Te diré a tiempo que no es cierto lo que dicen los mayores que las semillas que tragas algún día saldrán por tu ombligo. O que si comes toda la comida vas a crecer más. O que las inyecciones no duelen nada. Aunque estas tres cosas ya las habrás descubierto tú solita.

Mencionaré par de veces que la mayoría de las personas mienten y traicionan; pero también hay personas leales y sinceras, aunque sean menos. Y que vale más asirse a esas menos porque son las que valen más. Que vivir en minoría no es tan malo.

Te describiré el sabor del helado de chocolate, el olor del flan de vainilla, y luego te los daré a probar. Te escribiré historias, con personajes que sean tuyos y llenen un libro solo para ti.

Juguemos. Yo puedo esconderme y regar caramelos hasta el camino de mi escondite, para que siempre me encuentres. Y contarte de Platero, y del país de maravillas de Alicia…

Solo tienes que prometerme que no volverás a enfermar. Prométemelo, aunque yo no haga promesas, aunque yo no crea en las promesas, aunque te pida prometer algo absurdo. Prométemelo aunque sea irracional, y tus escasos dos años y medio no alcancen ni a entender el significado de la palabra irracional.

Promételo porque cada vez que enfermas siento miedo. Miedo. Y no puedo poner mi piel para las inyecciones; entonces olvido dónde queda el asteroide B- 612 y quién es Platero; pierdo el sabor del helado de chocolate y el olor del flan de vainilla; dejo de alimentar mis musarañas y no descubro ni las nubes. Me aturdo. Me desconcentro. Y acabo escribiendo cosas como esta.

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