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Posts Tagged ‘Sabina’

Júrame
Que aunque pase
Mucho tiempo
Nunca olvidaré el momento
En que yo te conocí.

(Una canción de por ahí…)

 

 

A veces quienes dicen no prometer nada en absoluto son los primeros en caer en la tentación y el juramento. Se juran, por ejemplo, un café en la mañana, un ramo de romerillos, una copa de vino mezclado con lluvia, una ducha, unos labios, o la desnudez sin pudor de quienes pierden la ropa de solo mirarse.

Te prometo amor que solamente
Yo tengo en mi mente pedirte una noche”.

Y les dan (como a Sabina) “las diez, y las once, las doce y la una, las dos y las tres… Y desnudos al anochecer nos encontró la luna”. Juntos.

Terminan dándose más de una noche, y más de un pedazo de piel, porque se prometen rosas y espinas, Principitos y zorras, desafiar lo impensable, derribar muros y puertas, y curarse de viejas heridas.

“Yo te prometo que yo
Seré quien cuide tus sueños
Y cuando tú estés despierta
El que te ayude a tenerlos.

“Yo podría prometerte el mundo
Tu prométeme una madrugada”.

Y vuelve el atardecer y los sorprende sentados la orilla del mar, así como por casualidad, o causalidad, o destino, se encuentran. Y ya solo quieren saber (como Borges) con qué pueden retenerse.

Sí, a veces quienes dicen no prometer nada en absoluto son los primeros en descifrar la grandeza del TE y del QUIERO. Juntos. Si los dejan

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Deja que te hable de mis sueños

que tras el tiempo se escondieron

pero que contigo han vuelto.

Jarabe de Palo (Realidad o sueño)

 

 

Te miro y tiemblo, como en aquella canción que nunca escuchamos. Tal vez por la lluvia y lo gris del día –o a pesar de la lluvia y del gris del día- se revuelven aquí dentro todos los recuerdos que no hemos tenido:

La noche que invocaste a Galeano porque tenías una mujer atravesada entre los párpados, la desnudez inquebrantable que describiste minuciosamente citando a Dalton, y aquel par de poemas que no deben ser para nadie más, porque nadie más entendería Los formales y el frío, o Los amorosos, como nosotros.

El atardecer frente al mar. Y el vino tinto, y el cumpleaños inventado para celebrar, fuera de fecha, porque el día que todos fueron yo no llegué a tu fiesta. Y los conciertos en casa, con Sabina, Ana Belén, Melendi, Buena Fe, Serrat, Carlos Varela, Enya, Adele, Lecuona…

Tu mano en mi rostro cuando yo te decía, como Carilda, que eras mi Muchacho loco, y que Me desordeno. Tus brazos cuando me envolvías en ese abrazo tuyo.

Los libros de Kundera en la madrugada, las fotos viejas que no nos hicimos, los versos de Martí y las citas de Fernando Ortiz y Guillén que nos volvieron ajiaco y mezcla de congo y carabalí.

Las veces que busqué a tientas tu mano, los ramos de romerillos que adornaron la mesa, el café acabado de colar, las conversaciones largas mientras derrumbabas las murallas de La Habana y domesticabas a este animal salvaje.

La noche que reescribimos A la orilla de la chimenea, solo porque mencionamos par de estrofas: Puedo ponerme cursi y decir / que tus labios me saben igual,/ que los labios que beso en mis sueños.

La madrugada que se esfumaron los miedos, y la cordura se quedó en el mínimo. La noche que se hizo día mientras te pedía una y otra vez: mírame. Mírame, porque ya me perdí, y estoy loca. Y te quiero.

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Los huracanes me asustan al borde de las lágrimas. Desde niña, cuando el techo de mi casa se quebraba un poco más cada año y los vientos se enfurecían contra mi isla caribeña. Cada huracán me arrancaba de tajo las sonrisas. Fueron los días más infelices que recuerdo. Aun hoy, cuando el techo de mi casa resiste las ráfagas, me ensombrezco cuando anuncian que algún fenómeno de esos tocará alguna parte de Cuba.

Hoy, justamente hoy, mi familia se adelantó a la felicitación por mi cumpleaños, porque temen que Irma, ese engendro del mal previsto a pasar por Cuba, tire toda comunicación. También hoy una gran amiga se adelantó, ella vive en Miami (la otra orilla, porque Cuba vive en dos orillas). Me ha escrito el mensaje más hermoso que podría recibir hoy. Lo publico, por lo inesperado de la sorpresa, porque ambas amamos a Joaquín Sabina, y porque me desanubló el día:

“Adelantado por si Irma no me deja….

Llevo días viendo los post de tu cumple y pensando que canción de Sabina podía dedicarte, el repertorio es largo y aunque tengo algunas (muchas) que son favoritas no sabía cuál escoger. 40 y 10 que en tu caso serían 20 y 10 es excelente para la ocasión, pero por que no Rosa de Lima con Jimena que tuvo sueños rodando por peldaños de caracol, o Princesa Barbi Super Star si tú eres la supervedette de este cuento. Pensé en Bruja que está a la espera de su príncipe azul pero es mejor vestirse de la Magdalena y a veces y adentrarse en La negra noche y disfrutar del milagro de los besos robados… Como no acordarse de benditos malditos cuando tú eres una rara excepción. Te deseo hoy que no vivas en el número 7 de la calle Melancolía, que cierres los bares y que hagas excesos, que sea peor para el sol y que al final mañana lo niegues todo. Que te seques esas lágrimas de mármol y que seas por un rato una Chica Almodóvar que te pongan un whisky sin soda y que no te cierres nunca por derribo, que no sean los últimos versos los que escribes pues no voy a negarte que has marcado estilo sin despeinarte ( o más bien despeinada) por el agudísimo filo de la navaja y además tienes que escribir el “blog” más hermoso del mundo… Y aunque él (J.S.)no quiere 14 de febreros ni cumpleaños feliz yo si deseo que tus 30 bailes más que nunca el rocanrol de los idiotas y que cuando te despiertes no recuerdes nada de la noche anterior por las demasiadas cervezas ( o tequilas). Que seas como Chavela una gata valiente de piel de tigre con voz de rayo de luna llena. Y sal del boulevard de los sueños rotos a defender el pan y la alegría con esa boca que es tuya… Túmbate como Eva a tomar el sol para si te dan a elegir escojas la del Pirata Cojo con pata de palo porque si de algo estoy segura es que hay más de cien mentiras que hacen que no nos tomemos las pastillas para no soñar … Y como ves este texto está lleno de puntos suspensivos porque mismo si hay amores que pasan hay otros nuevos que llegan puesto que la vida es como el tren de Leningrado póngase sus medias negras y no permita la virgen que hayan noches de bodas sin que primero te den las 10 y las 11…. Pisa el acelerador que quien más quien menos ha robado o le han robado el mes de abril pero siempre puedes comprar septiembre en las rebajas de enero… Haz mucho ruido sin romper cristales, pásate 19 días y 500 noches de fiesta y cuando amanezca por fin bájate en Atocha o en Madrid ( que es el mejor equipo) y con más (pero mucha más) pena que gloria disfrute de los TA y que se mueran todos los peces por su boca y esta loca no escribe más por hoy…
De tanto pensar decidí regalarte todas todas las canciones de Sabina, nadie las merece más….”

Gracias, Elizabeth López Rodríguez

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Hubiera querido escribir otra canción, pero de golpe le salió, en solo 19 días y 500 noches: “Lo nuestro duró/ Lo que duran dos peces de hielo/ En un güisqui on the rocks”.

Alguien más derribó las guitarras en ese justo momento.

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cadena

Foto: Alejandro Rodríguez Leiva

Al despertar solo eso tenía: retazos. Una nota escrita a mano, justo al lado de su almohada, donde se suponía estaba otro cuerpo.

“Puedo ponerme cursi y decir
que tus labios me saben igual,
que los labios que beso en mis sueños”.

“Los besos que perdí,
Por no saber decir:
te necesito”.

Y la vida siguió…

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Passion_ La vida es bella“Tomás se decía: hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no sólo distintas sino casi contradictorias.
El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres), sino en el deseo de dormir junto a alguien (este deseo se produce en relación con una única mujer).”
La insoportable levedad del ser, Milán Kundera

 

 

— ¿Estás bien?

— Sí.

Y vuelve a preguntar como si ella llevara algo marcado en el rostro, o desdibujado, que le indicara al resto del mundo que no, que no está bien, que le sucede algo.

Ella, que sabe el valor de cada palabra, no puede volver a dar un Sí por respuesta. Al menos no sin admitir que cada vez con más frecuencia viene a su memoria ese fragmento de película.

La vida es bella. Lo dijo Roberto Benigni desde el título. Este diálogo entre Guido y Dora la marcó para siempre. Al menos eso cree. Y ahora se entrecruza con su vida, con lo que quiere decir, con lo que piensa. Y por primera vez tiene que ceder cuando le aseguran que no siempre las palabras, las benditas palabras, alcanzan para decirlo todo…

— ¿Qué diálogo? ¿Qué palabras?

— El momento más desgarradoramente sincero de esa película. Cuando Guido acompaña a Dora hasta la puerta de su casa, y habla con la mayor naturalidad de su más hondo anhelo:

“Se me olvidaba decirle algo.”
“Decirme qué”.
“Que tengo unas ganas de hacerle el amor. Pero no se lo diría a nadie, y mucho menos a usted. Deberían torturarme para obligarme a decirlo.”
“¿Decir qué?”
“Que tengo ganas de hacerle el amor. No una vez, sino cientos de veces. Toda la vida. Pero eso no te lo diré nunca. Ni aunque me torturen.”

 

(Algún día tal vez. En algún lugar tal vez. A alguien tal vez…diré esto. Por ahora es solo imaginación, y el apasionarme por una película que me encanta. Después de todo, La vida es bella… Después de todo yo ahora, con todo y soledades, me siento escandalosamente feliz. Y eso basta)

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Van Gogh--El sembradorÉl tiene una gorra del equipo de Villa Clara para ponérsela cuando nadie lo hace, cuando nadie cree que ese equipo pueda más. También tiene un pulóver negro con las letras VC (ese no cumple la misma función, pero lo socorrió una mañana que tenía todas sus camisas amontonadas cerca de la lavadora).

De las últimas cosas que ha visto o leído le ha conmovido mi post Huérfana de muñecas y el audiovisual Camionero. Y me lo dice casi culpándome por lo primero, como si él estuviera muy hombre ya para que una chiquilla le remueva las entrañas.

Le encanta el mar y lo tiene cerca, al punto de describirme esa relación así, sin piedad: “pero tú no entras corriendo por una calle y te tiras por la otra de cabeza al mar abierto todos los días”.

Prefiere el ron al wisky, “no porque algunos le llamen la bebida del enemigo, sino porque el sabor de la madera etílica me recuerda mucho lo que quiere el enemigo que yo muerda”.

Adora el cemento blanco, confiesa que no le agrada el cemento gris, y se lamenta porque no existe cemento negro que pueda juzgar… Nada, locuras recientes que él entiende.

Él, en definitiva, hace cosas que nadie hace. Por ejemplo, cuando conoce a alguien primero advierte y exterioriza sus defectos porque –dice- si la persona en cuestión persiste en conocerlo, ya encontrarán las virtudes (y modesto, añade: “si es que las tengo”).

Tiene una respuesta para todo, y una sonrisa por la que el sol le disputaría al mismísimo Rubiera el derecho a salir.

Una vez publiqué sus tres temores (a las ranas, a la electricidad, y a los truenos) y olvidé mencionar que esos son los únicos miedos que ha contado. Ahora no me atrevo a enmendarlo porque, ¿y si ha desarrollado alguna fobia a que lo conmuevan?

La duda me estremece porque el 4 de julio de este año me envió un correo con solo estos fragmentos de A mis cuarenta y diez y La del pirata cojo, ambas de Sabina:

“…pero sin prisas, que a las misas de réquiem nunca fui aficionado….”

“No soy un fulano con la lágrima fácil/ de esos que se quejan solo por vicio./ Si la vida se deja yo le meto mano/ y si no aún me queda mi oficio./ Y cómo además sale gratis soñar/ y no creo en la reencarnación (….) Pero si me dan a elegir/ entre todas las vidas yo escojo/ la del pirata cojo….”

Eso y una promesa de volver a escribir pronto. El “pronto” se alargó hasta este 8 de noviembre y cuando yo no creía que él recordara las letras pendientes, encontré su nombre en mi buzón.

Entonces pensé sorprenderlo con otra botella, en definitiva él está lejos, (si estuviera cerca no le diría todo esto porque me pongo tonta y tartamuda). Con él escribir se me da más fácil que hablar.

Pero bien, que la sorpresa me la llevé yo cuando le envié el cuarto párrafo de todo esto que ahora mismo debe estar leyendo, y me acusó de plagiar la idea de un amigo nuestro. Según él, ese párrafo fue el comentario que el amigo dejó una vez en mi blog.

Le expliqué que era un recuerdo común, y que los recuerdos no pertenecen al primero que los cuenta, sino a todos los que lo vivieron. Le expliqué que yo estuve hasta la una de la madrugada hilvanando estas ideas, que no copié y pegué nada textual, y que por tanto él estaba siendo injusto conmigo. Le expliqué…

Incluso le dibujé mi mezcla de ira y desconcierto con una imagen rotunda: “ahora mismo estoy verde con los ojos rojos”. Pero él debe suponer que mi furia no es tal, o sabrá que lo quiero mucho y a las personas que quiero mucho les perdono todo, hasta que duden de mi originalidad (cuando la tengo).

Todo ese revuelo formé por un parrafito, porque que yo quería sorprenderlo y me esmeré para escribir algo que, aún a deshoras –una de la madrugada- no delatara mi cansancio del día. Cuando puse punto final y releí, ¡me parecía tan lindo!

Y aquí está, con las últimas palabras cambiadas, aumentadas, respondo a la provocación de: “¡Vamos a ver esa barbaridad que haces el sábado! (¡Dios mío, ayúdanos!….)” Ya es sábado, como le anuncié, publico acerca de él.

Él confía en su instinto. A veces más que en su propia mente. A estas alturas debe suponer –puro instinto- que el cuadro de Van Gogh, El sembrador, lo puse con toda intencionalidad. Y que este final no anunciado, todo el rejuego de bravezas y sobresaltos, solo ha sido una jugarreta mía para asustarlo.

Sí, para asustarlo y que sus ojos no terminen de leer todo esto en cierto estado líquido poco agraciado para él. De lo contrario corro el riesgo de que me asegure que “si alguien entra a esta oficina ahora y me ve así, ¡te juro que te mato!” Y si me mata, ¿cómo voy a decirle entonces que él es una de las personas más valiosas que tengo?

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