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Posts Tagged ‘Sabina’

 Él le cantó al oído: “Que el maquillaje no apague tu risa…”

Ella aprendió que cuando se cortan de tajo las risas, hay fisuras que el maquillaje no puede tapar.

“Aunque esta herida duela como dos…” y el corazón vaya haciéndose, otra vez, corazón coraza.

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Te vi. Y lo declara casi con un vestido y un amor, como con Fito Páez: “yo no buscaba a nadie, y te vi”.

¿Dónde?

En mis sueños, anoche. Y en mis pensamientos, hoy. Te vi.

Y le recuerda los versos que moldeó Galeano, cuando trataba de espantarse un recuerdo enraizado: “No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.”

Te vi. Estabas tú, una copa de vino tinto. Y un concierto. Ahora solo consigo pensar en ese sueño delirante, en esa canción, en la copa de vino, y en ti. Abro los ojos y está todo tal cual, menos tú.

Anoche bebí varias copas de vino. Y la música jugó con mi soledad. Debe ser por eso que te apareciste tú…

“Y cuando por la calle pasa la vida como un huracán, el hombre del traje gris saca un sucio calendario del bolsillo. Y grita: Quién me ha robado el mes de abril, cómo pudo sucederme a mí.”

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Júrame
Que aunque pase
Mucho tiempo
Nunca olvidaré el momento
En que yo te conocí.

(Una canción de por ahí…)

 

 

A veces quienes dicen no prometer nada en absoluto son los primeros en caer en la tentación y el juramento. Se juran, por ejemplo, un café en la mañana, un ramo de romerillos, una copa de vino mezclado con lluvia, una ducha, unos labios, o la desnudez sin pudor de quienes pierden la ropa de solo mirarse.

Te prometo amor que solamente
Yo tengo en mi mente pedirte una noche”.

Y les dan (como a Sabina) “las diez, y las once, las doce y la una, las dos y las tres… Y desnudos al anochecer nos encontró la luna”. Juntos.

Terminan dándose más de una noche, y más de un pedazo de piel, porque se prometen rosas y espinas, Principitos y zorras, desafiar lo impensable, derribar muros y puertas, y curarse de viejas heridas.

“Yo te prometo que yo
Seré quien cuide tus sueños
Y cuando tú estés despierta
El que te ayude a tenerlos.

“Yo podría prometerte el mundo
Tu prométeme una madrugada”.

Y vuelve el atardecer y los sorprende sentados la orilla del mar, así como por casualidad, o causalidad, o destino, se encuentran. Y ya solo quieren saber (como Borges) con qué pueden retenerse.

Sí, a veces quienes dicen no prometer nada en absoluto son los primeros en descifrar la grandeza del TE y del QUIERO. Juntos. Si los dejan

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Deja que te hable de mis sueños

que tras el tiempo se escondieron

pero que contigo han vuelto.

Jarabe de Palo (Realidad o sueño)

 

 

Te miro y tiemblo, como en aquella canción que nunca escuchamos. Tal vez por la lluvia y lo gris del día –o a pesar de la lluvia y del gris del día- se revuelven aquí dentro todos los recuerdos que no hemos tenido:

La noche que invocaste a Galeano porque tenías una mujer atravesada entre los párpados, la desnudez inquebrantable que describiste minuciosamente citando a Dalton, y aquel par de poemas que no deben ser para nadie más, porque nadie más entendería Los formales y el frío, o Los amorosos, como nosotros.

El atardecer frente al mar. Y el vino tinto, y el cumpleaños inventado para celebrar, fuera de fecha, porque el día que todos fueron yo no llegué a tu fiesta. Y los conciertos en casa, con Sabina, Ana Belén, Melendi, Buena Fe, Serrat, Carlos Varela, Enya, Adele, Lecuona…

Tu mano en mi rostro cuando yo te decía, como Carilda, que eras mi Muchacho loco, y que Me desordeno. Tus brazos cuando me envolvías en ese abrazo tuyo.

Los libros de Kundera en la madrugada, las fotos viejas que no nos hicimos, los versos de Martí y las citas de Fernando Ortiz y Guillén que nos volvieron ajiaco y mezcla de congo y carabalí.

Las veces que busqué a tientas tu mano, los ramos de romerillos que adornaron la mesa, el café acabado de colar, las conversaciones largas mientras derrumbabas las murallas de La Habana y domesticabas a este animal salvaje.

La noche que reescribimos A la orilla de la chimenea, solo porque mencionamos par de estrofas: Puedo ponerme cursi y decir / que tus labios me saben igual,/ que los labios que beso en mis sueños.

La madrugada que se esfumaron los miedos, y la cordura se quedó en el mínimo. La noche que se hizo día mientras te pedía una y otra vez: mírame. Mírame, porque ya me perdí, y estoy loca. Y te quiero.

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Los huracanes me asustan al borde de las lágrimas. Desde niña, cuando el techo de mi casa se quebraba un poco más cada año y los vientos se enfurecían contra mi isla caribeña. Cada huracán me arrancaba de tajo las sonrisas. Fueron los días más infelices que recuerdo. Aun hoy, cuando el techo de mi casa resiste las ráfagas, me ensombrezco cuando anuncian que algún fenómeno de esos tocará alguna parte de Cuba.

Hoy, justamente hoy, mi familia se adelantó a la felicitación por mi cumpleaños, porque temen que Irma, ese engendro del mal previsto a pasar por Cuba, tire toda comunicación. También hoy una gran amiga se adelantó, ella vive en Miami (la otra orilla, porque Cuba vive en dos orillas). Me ha escrito el mensaje más hermoso que podría recibir hoy. Lo publico, por lo inesperado de la sorpresa, porque ambas amamos a Joaquín Sabina, y porque me desanubló el día:

“Adelantado por si Irma no me deja….

Llevo días viendo los post de tu cumple y pensando que canción de Sabina podía dedicarte, el repertorio es largo y aunque tengo algunas (muchas) que son favoritas no sabía cuál escoger. 40 y 10 que en tu caso serían 20 y 10 es excelente para la ocasión, pero por que no Rosa de Lima con Jimena que tuvo sueños rodando por peldaños de caracol, o Princesa Barbi Super Star si tú eres la supervedette de este cuento. Pensé en Bruja que está a la espera de su príncipe azul pero es mejor vestirse de la Magdalena y a veces y adentrarse en La negra noche y disfrutar del milagro de los besos robados… Como no acordarse de benditos malditos cuando tú eres una rara excepción. Te deseo hoy que no vivas en el número 7 de la calle Melancolía, que cierres los bares y que hagas excesos, que sea peor para el sol y que al final mañana lo niegues todo. Que te seques esas lágrimas de mármol y que seas por un rato una Chica Almodóvar que te pongan un whisky sin soda y que no te cierres nunca por derribo, que no sean los últimos versos los que escribes pues no voy a negarte que has marcado estilo sin despeinarte ( o más bien despeinada) por el agudísimo filo de la navaja y además tienes que escribir el “blog” más hermoso del mundo… Y aunque él (J.S.)no quiere 14 de febreros ni cumpleaños feliz yo si deseo que tus 30 bailes más que nunca el rocanrol de los idiotas y que cuando te despiertes no recuerdes nada de la noche anterior por las demasiadas cervezas ( o tequilas). Que seas como Chavela una gata valiente de piel de tigre con voz de rayo de luna llena. Y sal del boulevard de los sueños rotos a defender el pan y la alegría con esa boca que es tuya… Túmbate como Eva a tomar el sol para si te dan a elegir escojas la del Pirata Cojo con pata de palo porque si de algo estoy segura es que hay más de cien mentiras que hacen que no nos tomemos las pastillas para no soñar … Y como ves este texto está lleno de puntos suspensivos porque mismo si hay amores que pasan hay otros nuevos que llegan puesto que la vida es como el tren de Leningrado póngase sus medias negras y no permita la virgen que hayan noches de bodas sin que primero te den las 10 y las 11…. Pisa el acelerador que quien más quien menos ha robado o le han robado el mes de abril pero siempre puedes comprar septiembre en las rebajas de enero… Haz mucho ruido sin romper cristales, pásate 19 días y 500 noches de fiesta y cuando amanezca por fin bájate en Atocha o en Madrid ( que es el mejor equipo) y con más (pero mucha más) pena que gloria disfrute de los TA y que se mueran todos los peces por su boca y esta loca no escribe más por hoy…
De tanto pensar decidí regalarte todas todas las canciones de Sabina, nadie las merece más….”

Gracias, Elizabeth López Rodríguez

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Hubiera querido escribir otra canción, pero de golpe le salió, en solo 19 días y 500 noches: “Lo nuestro duró/ Lo que duran dos peces de hielo/ En un güisqui on the rocks”.

Alguien más derribó las guitarras en ese justo momento.

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cadena

Foto: Alejandro Rodríguez Leiva

Al despertar solo eso tenía: retazos. Una nota escrita a mano, justo al lado de su almohada, donde se suponía estaba otro cuerpo.

“Puedo ponerme cursi y decir
que tus labios me saben igual,
que los labios que beso en mis sueños”.

“Los besos que perdí,
Por no saber decir:
te necesito”.

Y la vida siguió…

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