Geografías

“La añoranza es un cachorro dormido en una perrera doméstica”
Luis Sexto

 

En una tienda distante de su país natal, una señora de unos 75 años quiere conversar y no sabe, no encuentra, no tiene… con quién. Por eso comienza a hablar en voz alta -no por locura, sino en espera de un interlocutor. Y lo encuentra:

– Allá en mi tierra les gusta comer con más picantico. Yo soy del Oriente de Cuba, ¿saben?
– ¿De Santiago?
– No. De Holguín. Yo soy de Holguín. Allá hasta el queso sabía diferente. Y mi familia tenía unas tierritas. ¡Como me acuerdo de eso!

Cuando se está así de lejos -a un mar de distancia- un olor, un sabor, nos puede arrastrar ráfagas de recuerdos, y llevar una vez más a casa. Como un himno del desterrado, la añoranza de volver a los olores y sabores reales, queda latente.

– Yo hace 23 años que salí de allá. De Cuba…
– ¿Y hace mucho que no regresa?
– … Yo nunca regresé.

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Una de borracho…

Al pie del edificio donde vive mi abuela paterna termina un borracho los últimos efectos del alcohol. Le dicen “el boliviano”… aún no descubro por qué.

Algunas veces, una niña que habita la tercera planta, bromea: “mira, te voy a tirar una caja de fósforos, para que veas mejor” Y él se queda buscando en la yerba… “¿dónde, dónde cayó?”

La de este viernes resultó una noche animada. Él, como siempre, comenzó un monólogo como si conversara con otra persona… y ahí pasa buen rato: “sí, chico, ya te dije que el lunes yo voy”… “ah, pero déjame tranquilo, ven, date un trago”… “¿tú sabes lo que me pasó?”… Y hace una historia de su día, de su semana, de su vida, contada para él mismo.

Pero este viernes hubo, además, juego de beisbol entre Las Tunas y Santiago de Cuba. Santiago perdía por un marcador muy abierto. Y puede ser por aquello de los “cuatro equipos clásicos de la pelota cubana” que cuando no juega Villa Clara, en esta provincia central muchos traspasan energías para que gane Santiago de Cuba.

Habían varios vecinos en los balcones dándose ánimo como si en ello fuera su propio equipo: “no te preocupes, que Santiago se levanta, ya verás que clasifica…” cuando una mujer se asoma para decir: “¡tremenda mano de palos que le están dando  Santiago!”

El borracho hizo un alto en el soliloquio para sorprenderse… “¡No, asere, a Santiago no, pobrecito, que ese hombre es mi amigo y tremenda buena persona!”.