Rupturas

Dicen que acercó sus pies al mar. Luego su vestido. Y su cuerpo. Dicen que cuando salió ya no era la misma. El golpe de las olas le rompió muchas penas, propias y ajenas. Y alejó los fantasmas. Los pies, otra vez sobre la arena, marcaban huellas diferentes. La otra, la que era, no regresó.

Tu fantasma

"En ti pensé al ver a tres o cuatro niños que pescaban en el río. Un río que, aun tan sucio —o tal vez más por ello—, sigue siendo la metáfora perfecta de todo el tiempo que se va. Sé que no tardarás en entender mi obsesión por el tiempo, especialmente ahora que mi tiempo... Leer más →

brevedad

I Escribir –decía Montserrat Roig- es un juego de solitarios. Vivir a veces también lo es. II Como bola de billar que rueda -de un lado al otro, siempre a golpes- así pasa el tiempo suyo. El suyo –cree- va de un lado al otro, entre golpes…

Te odio, mi amor

Despierto a medianoche y te hablo. No sé si estás despierto, ni siquiera sé si estoy despierta, pero te hablo. Se me escapa un pedazo de poema, y me preguntas qué nombres digo, qué digo, qué nombres… Y menciono a Dulce María Loynaz y a Carilda Oliver Labra. Me ves sin entender, sin entenderme, sin... Leer más →

Confesional

Perdóname si hoy busco en la arena/ esa luna llena que arañaba el mar… Serrat   Perdóname por esto –le escribe. Y vuelve a las confesiones que no le hizo aquella vez. Las que le hace a destiempo, las que le hace ahora bajo el efecto de la lejanía, de los ojos que ya no... Leer más →

Durmiendo con Milán Kundera

No me gustan las cosas a medias –me digo a modo de autorreflexión. Me causa incertidumbre. Y no soporto la incertidumbre. Mas, tampoco se trata de apostarle a las certezas –continúo mi monólogo interior- no siempre sabemos si va a llover o no. Ya lo mencionó Milán Kundera en La insoportable levedad del ser: “No... Leer más →

a veces…

A veces quisiera ser una de esas personas a las que no les afecta que les digan en un solo día: murió Günter Grass, murió Eduardo Galeano. Esas a las que poco les vale que hoy mismo mueran Harper Lee y Umberto Eco. A veces tan solo quisiera que esas páginas que quedan inconclusas no... Leer más →

Cenizas

El 31 de diciembre le ofrecí las flores de mis manos. Romerillos. Y las flores de mi vestido. Rosas. Mas, él ni se movió. Ni respondió. Ni parpadeó. Ni siquiera porque ya pronto iba a arder –y no de amor- aquel ingrato ni me miró. Prefería ser espantapájaros, o hazmerreír de todos, o morir en... Leer más →

desarraigo

No me siento sola. No me siento sola. No me siento sola. Tal vez si lo escriba unas diez veces –como forzaban los maestros de primaria a modo de castigo- tal vez… Tal vez hasta me lo crea. No me siento sola, en verdad. Estoy sola, que es diferente.

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