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Posts Tagged ‘sonidos’

“…sólo pienso en ti
juntos de la mano, se les ve por el jardín
no puede haber nadie en este mundo tan feliz
sólo pienso en ti”.

 

 

Contra todo pronóstico (ajenos y propios), él llega a derrumbar mis muros. ¿Muros? Las murallas que me rodeaban como norias. Y se queda, paciente, a aplacar las tormentas, a desafiar huracanes y calmar este mar bravío. Se queda, aun cuando trato de espantarlo a golpe de miradas tercas y palabras distantes.

Y ahora ando tarareando, como idiota, a Joaquín Sabina: “Y morirme contigo si te matas/ Y matarme contigo si te mueres/ Porque el amor cuando no muere mata/ Porque amores que matan nunca mueren”. Y esa irrepetible Noche de bodas: “Que no se ocupe de ti el desamparo,/ que cada cena sea tu última cena,/ que ser valiente no salga tan caro,/ que ser cobarde no valga la pena.”

Él se queda, como el Principito con la zorra, un poco más cerca cada día, hasta que la domestica, y la hace suya. Hace suyo a este animalito salvaje que he sido, y trastoca algo en mí, y me recuerda a los poetas muertos y los vivos, y me deja la cabeza llena de poesía.

“Y sin embargo, amor, a través de las lágrimas,
yo sabía que al fin iba a quedarme
desnudo en la ribera de la risa”.

Hasta Roque Dalton lo sabía, que algún día me iba a pasar. A mis casi 30 años, cuando ya había cerrado puertas y subido puentes, cuando había dicho y repetido hasta el cansancio: “Voy a estar sola, sola, sola…” Llega él. Él. Y me mira como nunca me habían mirado, trajo “la palabra precisa, la sonrisa perfecta…” Me habló de cine, de películas, de amaneceres y atardeceres. Me reconstruyó toda con su voz. Hizo que la mitad perdida de mi vocabulario se recuperara, y las palabras impronunciables tuvieran eco. Mis partes dispersas se volvieron a unir. Quemé naves y eché ancla a fondo.

Contra todo pronóstico he escrito, una a una, estas palabras: “Como mismo cuando alguien dice: «no puedo morir sin leer este o aquel libro», yo contigo debo estar tanto tiempo –juntos-  hasta que veamos todas las películas del mundo, y lea en las noches todos los libros que quiero leer. Eso. Debe ser la declaración más grande de mi historia”.

Nos imagino besándonos en medio del parque Vidal de Santa Clara, caminando por las calles más estrechas y por las más anchas. Nos imagino… “Cómo iba yo a imaginarme/ perdida, traviesa,/ bebiendo tu sed./ Cómo contar que regreso/ a mi calle y mi tiempo,/ que existo tal vez./ Cómo desafiar/ la voz que me apura./ Cómo no morirme en esta locura.”

Contra todo pronóstico… Te amo, hombre.

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enrique-crucet-playitas-oriente— Necesito ver el mar.

— ¿Cualquier mar?

— Pues el mar es el mismo. En verdad, quiero el de La Habana, o el de Trinidad, pero como que “a falta de pan, casabe…” Necesito ver el mar.

En verdad ella pedía una foto del mar, aunque estaba necesitando -además de verlo- el olor, el sonido, el sentirlo en su piel.

Ella quería una foto del mar, y terminó sumergida en uno real. A kilómetros de su país natal. A kilómetros, pero… Es el mar. Y la inunda.

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Practicar la plática

P-Murillo--La pequeña fruteraElla me toma de la mano. Es 20 años más niña que yo. Se dispone a enseñarme a hablar, y se sienta conmigo en las afueras de la casa.

-Mira, di: “chido”
-Chido.

-Ahora di: “los niños cuando se enojan son bien groseros porque no me comparten su pastel”. “Aquella niña es güerita”. “Órale”. “¡Chale!” Yo repito.

-Y: “yo soy bien platicona”. “Aquel señor está sentado en la banqueta”. “Vamos al supermercado a comprar cacahuates”. Lo repito todo como si fuera un loro.

-Ahora trata de llamar a tu hermano “Albertito” y no Albertico como tú dices.
-Albertito.

-¿Ves? –se sorprende- ya sabes hablar mexicano como yo.

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