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Posts Tagged ‘tiempo’

pintura de Víctor Manuel García (Cuba, 1897-1969)

48 minutos estuvimos hablando vía telefónica. A mí, que no me gusta quedar mucho rato pegada a esos aparatos, y sin embargo, fue una conversación tan amena que la sentí frente a frente, como si estuviéramos en un café, en un parque, u otra vez en la sala de su casa.

Hace tanto que dejamos de vernos que 48 minutos resultan pocos. Estamos en contacto, eso sí, por todas las vías digitales existentes. Yo necesitaba hablarle largo así, hondo así, con ese desgarro de sinceridad que tenemos desde niñas. Sí, desde que jugábamos juntas, desde que nos gritábamos de balcón a balcón para citarnos a conversar…y ya la mayoría de los vecinos sabían. Sabían que la lengua nos iba a doler de tanta “cháchara”, de tanto arreglar el mundo con palabras, de tantos temas acumulados. Los vecinos sabían, claro, que ella y yo podíamos ser diametralmente diferentes en nuestros gustos, pero que no había mejor amiga para mí, y que cuando nos reuníamos, desaparecía el silencio.

Hablamos. 48 minutos. El reencuentro queda cerca. Me dice de irnos a caminar, de las cervezas que beberemos en reunión familiar, de comidas, calles y plazas. El abrazo está en una vuelta de avión.

Terminamos de conversar y el mundo deja de estar quebrado, al menos por hoy. Lo que estaba roto ha vuelto a unirse.

“Sabía que lo que necesitaba con urgencia era conversar contigo –le digo. Me haces reír, me sueltas ráfagas de cubanismos, y me parece que estamos otra vez en el edificio, de balcón a balcón, cuando nuestras mayores preocupaciones eran jugar con fango, pelearnos por la raspa de harina, o ensayar caras de inocencia cuando tía nos preguntaba cuál de las dos había cortado su sábana a tijeretazos”.

Sí. 48 minutos.

Hace meses, tras otra despedida, escribí: “Ahí se iba un pedazo de país. Ahí se quedaba un pedazo de país”. Entonces y ahora quedaba la certeza de que “Los dos pedazos -algún día- se vuelven a conectar”.

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Desvíos

En carne propia sentí la estocada. La pregunta –que tantas veces he hecho a otros- me era devuelta. ¿Estás bien, no vas a volver a escribir?

Sentí que la vergüenza me sacudía. Y pasaron muchos segundos antes de recordar que tengo un blog, que escribo, que me llamo Leydi, que no me gusta mi nombre, y otra vez: que tengo un blog, que escribo

Y como si estuvieran grabadas, salieron las palabras de mi boca: Sí, voy a escribir, pero… a veces creo que nadie nota cuando no lo hago, entonces…

La dulce reprimenda –muy dulce- llegó como caricia casi: Claro que se nota, solo que cada día me digo “seguro hoy no tuvo tiempo, pero mañana quizás…” Y cuando llega el mañana, regreso y tampoco has escrito…

Y heme aquí, estremecida porque me han hecho la pregunta que tantísimas veces yo he soltado sin piedad; el reclamo que tan desgarradoramente he hecho: ¿No vas a volver a escribir?, y la confesión implícita: es que lo necesito. Te necesito.

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quc3a9-es-periodismo-narrativoI close my eyes
Only for a moment
And the moment’s gone
All my dreams
Pass before my eyes
That curiosity

Dust in the wind
All they are is dust in the wind

Kansas

 

 

Había una vez…

Pero no, esta historia no empieza así. No existió un “Había una vez…” Las historias así requieren tiempo, mucho tiempo, y ellos solo tuvieron los días justos para describirse a medias, conocerse a medias, y lanzarse, también a medias, a un intercambio breve, brevísimo, de palabras.

Existieron letras que iban y venían de un continente a otro, de un país a otro, de una persona a otra. Luego fueron imágenes. Mezcla de palabras, fotografías que se complementaban, y los complementaban.

Es posible, claro que es posible, querer saber de alguien que apenas conoces. Y pedirle fotos de lo que ve, e intentar ver a través de sus ojos. Y querer un dibujo del atardecer, un dibujo con palabras.

No. No existió un “Había una vez…” porque las historias así requieren tiempo, y ellos en definitiva no se verán ni conversarán. Solo pretendieron construir un espacio digital y entrañable donde contarse sus historias con letras e imágenes.

Y así fueron quedándose… Y así fueron yéndose.

En definitiva los puentes digitales suelen ser efímeros, como el polvo en el viento…

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mi-reloj“La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar”.

Silvio Rodríguez

 

 

Él le dijo TE QUIERO de veinte formas posibles. Con sustantivos, con adjetivos, con verbos, con flores, con caricias, con canciones mientras hacían el amor, con comidas, con películas, con versos, con párrafos enteros, con gestos, con una llave de casa…

Le escribió un cuento que leyó para ella. Todos sabían que era para ella. Hasta ella lo sabía.

Él estaba enamorándose de ella, y se lo dijo, y lo hizo visible a plena luz del sol y a plena luz de luna.

— ¡Qué fotos me estoy perdiendo! – pensó mientras se la aprendía con los ojos. Como suele suceder en los museos, sin tocar cámaras ni objetos con las manos. Él solo la contemplaba, desnuda, como si fuera una escultura de un museo.

Y luego la agarraba con ambas manos, como figura pagana, para que el TE QUIERO lo escuchara solo ella, en un susurro.

Le regaló los acordes de una guitarra, el silencio de una calle de madrugada, el rocío sobre el pasto al amanecer, el atardecer a orillas del mar… Y le habló de tiempo, de mucho más tiempo juntos.

Ella, quizás espantada por las palabras que se hacían mayúsculas, o por inseguridades muy suyas, desapareció. Él no volvió a verla para un último TE QUIERO. No supo dónde, cuándo, la volvería a ver (si es que alguna vez la volvería a ver). Se quedó atorado entre el hoy y el lejano mañana, a solas con sus manos y con las letras que iba uniendo para aprender a pronunciar otras palabras.

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mar

Foto: Carlos Luis Sotolongo Puig

“Guárdame el tiempo,
guárdamelo.
Te lo pido con rabia,
con ternura,
con todo lo que no es palabra”.

Carilda Oliver Labra

 

 

 

Vuelvo al mar. Me lleno los ojos de mar, y lo huelo despaciosamente.

Vuelvo a la orilla, y juego a atrapar el agua que se escapa. Me quedo, frente a todo, detenida; aunque quiera sentir que el agua recorre mi piel, toda, que me inunda.

Quiero atrapar cada gota, quiero que ese sonido me arrulle. Quiero tener tiempo, pero como el agua, también se escapa. Y no vuelve. Tampoco yo, cuando vuelva no seré la misma. Me llevo, sin embargo, este sonido, este olor, este arrullo como de romance.

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bodaThey said, “I bet they’ll never make it”
But just look at us holding on
We’re still together still going strong

Shania Twain

 

Adoro esos amores eternos que no se gritan ni se golpean, los que sobreviven al tiempo porque el tiempo son ellos mismos.

Adoro esos amores sin recetas, sin límites, los que no escuchan cuando les dicen que no llegarán al primer año. Los amores tercos, los que transgreden todo por estar juntos, los que no saben de muchos convencionalismos, los que se van a los parques y los cines.

Adoro esos amores como el de mis padres, que este diciembre cumplen 30 años de casados; y adoro esos amores como el de mis otros padres –los que ahora me adoptaron como hija- que este diciembre cumplen 29 años de casados.

Los adoro no por los años, no por esa línea temporal de aniversarios, sino por el ímpeto con que lo viven, por la confianza de decirse lo real y maravilloso, por compartir sus amaneceres y sus atardeceres, por seguir en pie pese a tanta tormenta.

Los adoro, sobre todo, por acariciar sus canas y encontrarlas bonitas, por querer cada arruga que se descubren, por saber de verdad dónde queda la belleza, la intensidad, el amor.

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migración

migracionDetrás de los que no se fueron,
detrás de los que ya no están,
hay una foto de familia
donde lloramos al final.

Foto de familia. Carlos Varela

 

 

I

– Me voy –le dijo. No le digas a tu mamá.

– …

La madre entonces no supo nada, pero las lágrimas entonces lo supieron todo.

Cuando se alejaba volteó a ver. Quizás esa ha sido una de las poquísimas veces en su vida en que se ha detenido a mirar hacia atrás. A muchos metros de distancia, había otra persona llorando.

Entonces supo que esas serían solo las primeras distancias. Que esas serían solo las primeras lágrimas.

Ahí se iba un pedazo de país. Ahí se quedaba un pedazo de país.

 

II

– ¿Cómo es eso, dice tu papá que estás deprimida? ¡Na! Acuérdate que yo estoy más jodida que tú y no dejo de reírme.

– No es depresión ni nostalgia, fíjate. Es solo que esta semana…

…Y le contaba algo de su semana, de su mes…algo que a duras penas recordaba después. Algo que disfrazara lo que sentía y que no quería admitir: que había vuelto a llorar por casi todo. Y que le torturaban las despedidas. Y las despedidas, cada vez, eran más.

Del otro lado surgían otras historias. Historias también matizadas que decían de las aves del parque, del caos del transporte, del último mal programa de televisión, y algún evento chistoso para desatar la sonrisa.

Todo volvía a quedar en calma. Allá y acá necesitaban esas palabras.

 

III

– Avisa que ya llegó. Está pasando migración ahora mismo.

– …

– Eres la segunda persona que lo sabe. Yo sé que ustedes dos se quieren mucho.

Se estaban acortando las distancias. Otro reencuentro era posible. Uno distinto, en un lugar distinto.

A muchos kilómetros, había otra persona llorando. Esta vez, de alivio.

Ahí se iba un pedazo de país. Ahí se quedaba un pedazo de país.

Los dos pedazos -algún día- se vuelven a conectar.

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