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Posts Tagged ‘Trinidad’

enrique-crucet-playitas-oriente— Necesito ver el mar.

— ¿Cualquier mar?

— Pues el mar es el mismo. En verdad, quiero el de La Habana, o el de Trinidad, pero como que “a falta de pan, casabe…” Necesito ver el mar.

En verdad ella pedía una foto del mar, aunque estaba necesitando -además de verlo- el olor, el sonido, el sentirlo en su piel.

Ella quería una foto del mar, y terminó sumergida en uno real. A kilómetros de su país natal. A kilómetros, pero… Es el mar. Y la inunda.

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Carlos EnriqueCuando escribí de Carlos Enriquez una muchacha me dijo: “me asustaste, pensé que se trataba del padre de Carli. Imagínate, ya escribiste de su mamá, de sus cotorras, de su Trinidad, has mencionado hasta al perro, a sus amigos… ¡nada más faltara que también escribas del padre!”

Y tenía razón, me faltaba lanzar una botella para Carlos Enrique. Sin Z, porque no es pintor. No necesita pinceles, lienzos… hace más de 25 años dibujó su familia perfecta, y la quiere y la defiende.

Me asombra conocer una persona tan sincera. Y no sincera a medias, de las que a veces dicen mentiras piadosas. No, sincera al 100%, y señala que las palabras hay que decirlas tal cual, y que su abuela le enseñó que es mejor ponerse rojo una vez que cien amarillo.

Su filosofía de vida es muy simple: ser feliz. Esto se traduce fácilmente en que su hijo sea feliz.

Le apasionan los museos, el patrimonio, los muebles antiguos, los libros, su Trinidad y su Galinka. Es perseverante, emprendedor, y gusta de sorprender en los cumpleaños: en el 23 el 23 de su hijo, en el 25 x 2 de su esposa…y hasta en mi “no cumpleaños”.

Ahora mismo le debo una de las mejores lecturas que he tenido. Yo, que adoro leer sobre la Edad Media, y él me ha confiado la historia de Barcelona en más de 650 páginas, con mapa del siglo XIV incluido, a través de las vicisitudes de una familia y la construcción de la catedral Santa María del Mar.

Le debo también el mejor jugo de mango que me he tomado. Le debo… (es que no sé cómo contraje semejante deuda, y no sé tampoco cómo saldarla), pero le debo unas GRACIAS así, en mayúsculas porque no se hizo pintor.

Sí, en verdad le agradezco que no se hiciera pintor sino padre de un niño sietemesino que heredó sus ojos, su pasión por los museos, por el patrimonio, los muebles antiguos, los libros, por Trinidad y Galinka, un niño que como él es perseverante, emprendedor, sincero y que hoy es mi mejor amigo.

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Una historia escrita en y por Trinidad…

 

Hace poco leí que “lo mejor de los amigos es cuando nos regalan otros amigos. Obsequian pedacitos de vida”.

Uno de esos seres que la vida convierte en hermanos –a los que nos unimos aunque no tengamos igual mamá y papá- acaba de compartir amigos conmigo.

De un tirón me presentó a María Teresa, Lily, Ana Karla, Roberto, Saúl, Amaya, Alberto, Sol… y a Francisquito y a Ángel.

Con estos dos últimos conversé más y de ambos sentí la nobleza, la bondad, el cariño. Ambos son muchachos muy trabajadores. Les gusta la música, cantar, cocinar, comer. No pasaron por los predios universitarios ni conocen de blogs, post, enlaces, pero han sido dos de las personas que más me han impresionado.

Francisquito, por ejemplo, desafía el transporte y las distancias de Casilda a Trinidad para reunirse con sus amigos. Y por si por alguna razón no puede regresar esa misma noche y tuviera que dormir en casa de alguno de ellos, a la mañana siguiente despierta al amanecer para ir a desayunar con su familia, porque es tradición sentarse juntos a la mesa.

Ángel no viaja desde otro municipio, pero recorre largos tramos para llegar al centro de la ciudad, ver a sus amigos, salir, conversar, y envolverlos con sus ideas en varios proyectos.

El último fin de año lo pasó en el hospital, y no por enfermo él, sino porque la madre de una amiga tuvo un accidente y él la acompañó y no se movió de su lado hasta que la familia y otros amigos llegaran.

Me escuchó cuando dije que lamentaba no llevarme una piedra de las calles de Trinidad –porque están bien sujetas al suelo. A las muchas horas, cuando yo no recordaba ni lo exagerado de mi afirmación, llega Ángel con una piedra pequeña y me la regala: “¿No querías una piedra de Trinidad?”.

Así fue como de Trinidad me llevé entonces una piedra… y unos cuantos amigos nuevos.

 

 

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