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Posts Tagged ‘tristezas’

Agua. Con agua te tragas, como píldoras, las palabras que quedaron hoy en la garganta. Las no dichas, las que no llegaron a fecundar el aire, las que no alcanzaron sonidos.

Esas que caducan al día, las que alguien quiso posponer para mañana, pero sabes que cuando traes palabras en la garganta: o las pronuncias o te ahogas. Hoy, hoy querías ese desahogo emocional, deshacerte de todas esas palabras. Escucharte, y que las escucharan. Mañana –bien dicen los que sí hablan- seré otro día. Otro día en que te reinventas y ya las palabras serán otras porque las de hoy, claro, las habrás tragado, una a una.

Querías hablar, sí, seguro querías hablar. Sin embargo, te quedaste sin interlocutor. Mañana… Pero sabes que ya no las vas a pronunciar. Tampoco te vas a ahogar. No las dirás mañana, a fin de cuentas esas palabras iban a contar historias que son solo tuyas y solo son importantes para ti. No las escuches en la soledad de tus paredes. Trágalas con agua. Una a una. Con agua…

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El mar se deshizo bajo sus pies. Desde entonces solo queda la lluvia.

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— ¿Qué te pasa? Cada vez que lees los poemas más tristes de Carilda, me asusto.

— Junio, eso es lo que pasa. Debe ser que, como en diciembre, siempre hacía mis maletas y me iba a casa. Ahora estoy acostumbrándome a estar lejos. Como no me voy, como no hago maletas, como no me echo en una maleta, me invade esta sensación tan fuerte de soledad. Y solo quiero leer, escribir, ver cine de arte, y escuchar jazz.

— No me gusta que estés así.

— En diciembre fue igual: decidí quedarme, y cuando llevaba diez días ya quería volar, irme como ave, por cualquier ventana. Este mes yo estaría ya cerca del mar, sucumbiendo a sus sonidos, y perdiéndome en sus aguas al atardecer. Y estoy en medio del asfalto, y ni siquiera el cielo es muy azul que digamos.

Aquella maldita circunstancia del agua por todas partes; este maldito desamparo de no ser ni de aquí ni de allá.

— Estás gris. Lloras.

— Donde quiera que voy, vuelvo a aquellas calles de la infancia, los sabores de antaño, las voces conocidas… Necesito hacer recuerdos nuevos, olores nuevos, sonidos nuevos que me atrapen en este otro pedazo de tierra, o tampoco podré quedarme. ¿Ves, como cuando te digo que nací a destiempo, en una época a la que no pertenezco? Así, pero con un anacronismo sublimado.

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niña con corazón“En una ocasión fue a verme junto a su esposo, yo los esperaba cerca del mar, y el viento estaba frío. Mis brazos estaban igual que el viento. Cuando se acercó para el abrazo, se zafó la única prenda que podía servir de abrigo y me la dio. Meses después supe que ella es reacia al invierno, que al menor aire frío se congela, sin embargo, aquella vez prefirió cubrir mis brazos antes que los suyos.” (Quien a ternura mata…)

No es por ti, hermana, que escribo un post tan desolador. No es por ti, que has sido Atlas y mapa, y escudo contra la desazón del mundo. Aunque mis depresiones me hayan alejado y termináramos sin encontrarnos esta vez.

Esta es solo una vez de muchas veces que serán. Y entonces nos veremos, y seré más fuerte y estaré menos dolida –a fuerza de pasar tantas veces por las mismas traiciones y heridas- y nos abrazaremos. Y dirás que me quieres sin tamaño. Y te diré que te quiero mucho, un montón, un chingo –como aprendí a decir en México.

Te veré, para que se repita una escena como esta: “Estoy perdida, lo sé -le digo, o me dice. Y aunque el niño no me reconozca cuando me vuelva a ver, entre mi hermana y yo no caben ausencias, ni olvidos. ― Estoy perdida, lo sé. ― ¿Perdida? ¡Tú y yo siempre estaremos encontradas!”

Tú me creciste en el momento justo, con el sobrino justo, con las palabras justas. “La palabra precisa, la sonrisa perfecta”. Y estás. Estás, sin importar latitudes y aunque caigan raíles de punta –me lo escribes, y yo lo sé sin leerlo.

Este, es cierto, no es el post del borracho que unió nuestras vidas. Es otro, como dices: con otras esencias, dolores, y nostalgias. Es otro, pero somos las mismas. Ya para las risas o para las nostalgias. Somos las mismas que nos confesamos nuestros desvelos aun en la distancia.

Suscribo, letra a letra: “Ella asume el lugar de hermana mayor que por cariño le corresponde (…) Ella es, además, uno de mis Atlas –esto es, como el gigante de la mitología: una de las personas que sostienen mi mundo”.

Y vuelvo a tu blog y al mío. Como escribí un día: “Yo también regreso a sus Tintineos una y otra vez, hasta no cansarme. Hasta aprenderme el camino de sus letras. Hasta convencerme de que hay adicciones más fuertes e ineludibles que al café. Adicciones a estrechar lazos con las personas que son tu amuleto, tu Atlas, tu familia”.

Y a la familia, hermana, no se le olvida ni se le escriben post hoscos y desalentadores. Ese tipo de letras, definitivamente, nunca será por alguien que tanto quiero. Nunca será por ti.

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Carlos Varela y guitarraMis añoranzas de estos días, mis tormentos y mis desilusiones se llenan con canciones de Carlos Varela. Una detrás de otra.

Jalisco Park. La política no cabe en la azucarera. Muros y puertas. Mi fe. 25 mil mentiras sobre la verdad. Leñador sin bosque…

En la comarca de su majestad,
todos repiten lo que dice el Rey,
el les da el agua, les da el vino y el pan,
pero más tarde les cobra la ley.

(…) Inquisidores que me van a hacer
si ya no quiero inclinarme a tus pies.

Habáname. Grettel. Monedas al aire. Tropicollage. Lucas y Lucía. Foto de familia. Guillermo Tell…

Guillermo Tell tu hijo creció
quiere tirar la flecha
le toca a él probar su valor
usando tu ballesta.

Guillermo Tell no comprendió a su hijo
que un día se aburrió de la manzana en la cabeza.

Como los peces. Blues del boxeador. Soy un gnomo. Siete. Nubes. Una palabra. Memorias…

Y cuando los discos de los Beatles
no se podían tener
los chicos descubrieron que sus padres
lo escuchaban también.
Cambiamos mercenarios por compotas
cuando Playa Girón
y a las fiestas íbamos con botas
cantando una canción de Lennon.

No tengo Superman, tengo a Elpidio Valdés
y mi televisor fue ruso.
No tengo mucho más de lo que puedo hacer
y a pesar de todo lucho.
No tuve Santa Claus, ni Árbol de Navidad
pero nada me hizo extraño
y así pude vivir teniendo que inventar
los juguetes una vez al año.

Trova. Cuerdas. Pedazos de historia que no deberían traspapelarse. Cubas divididas y vueltas a encontrar. Guitarras que se rasgan para salvarme.

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Benedetti_ pero vos, por favorPorque todo comienza y termina en Benedetti

(…)

Todavía busca a Mario Benedetti para pedirle el abrazo que quiere. Lo busca en el “Rostro de vos”, en “Corazón Coraza”, en las “Tácticas y estrategias”…

Lo busca para que sepa que por versos suyos pudo decir: “Tengo una soledad tan concurrida/ tan llena de nostalgias/ y de rostros de vos/ de adioses hace tiempo/ y besos bienvenidos/ de primeras de cambio/ y de último vagón”.

Y que entonces recibió un abrazo. Y dos, y tres.

Lo busca también para contarle que por otros versos suyos perdió todos los abrazos que creía merecer.

Solo le bastó pronunciar que “El amor es una bahía linda donde los barcos vienen y van. Pero vos, por favor, no te vayas”. Y del otro lado la respuesta pronunció despedidas: “Pídele el abrazo al que te regaló el poema”.

Y… ¿cómo pedirle un abrazo a Benedetti?

Pero como necesita ese abrazo, ese y no otro, sigue viendo amaneceres, acercándose al mar, hablando con la lluvia… Y a todos pregunta por Benedetti.

El trastorno le hace desistir, y también hablar de adioses definitivos, pero con la esperanza de que antes de pasar la puerta, le tomarán el brazo y le dirán “Pero vos, por favor, no te vayas…” Y se quedará, porque en verdad no quiere irse.

La ilusión se despedaza cuando toca el cerrojo, se dispone a salir. Y no hay palabras que la retengan, ni brazos que la retengan.

Tal vez le pasa por escuchar demasiadas canciones de Chavela Vargas. “Si me quieres lucha, pues.” Pero no luchan. No se salvan. “Qué le vamos a hacer. Yo tenía que perder, y he perdido contigo”. Y pierden. Y se pierden.

Ya se va. Se despide. Nadie le dijo que Benedetti no aparecería para sanar con aquel poema “No te salves”.

No te quedes inmóvil/ al borde del camino/ no congeles el júbilo/ no quieras con desgana/ no te salves ahora/ ni nunca/ no te salves/ no te llenes de calma/ no reserves del mundo/ sólo un rincón tranquilo/ no dejes caer los párpados/ pesados como juicios/

no te quedes sin labios/ no te duermas sin sueño/ no te pienses sin sangre/ no te juzgues sin tiempo/ pero si/ pese a todo/ no puedes evitarlo/ y congelas el júbilo/ y quieres con desgana/ y te salvas ahora/ y te llenas de calma/ y reservas del mundo/ sólo un rincón tranquilo/ y dejas caer los párpados/ pesados como juicios/ y te secas sin labios/ y te duermes sin sueño/ y te piensas sin sangre/ y te juzgas sin tiempo/ y te quedas inmóvil/ al borde del camino/ y te salvas/ entonces/ no te quedes conmigo.

Nadie le dijo que ni siquiera Benedetti vendría para un abrazo. Ni le escucharía ese beso-verso que tanto le ilusionó: “Pero vos, por favor, no te vayas…”

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parque bajo lluviaNo sé si es por la sensación de que ocurre algo malo. O por la tristeza y el desamparo que nos invade.

Hoy varios de mis amigos me han escrito para contarme que están tristes. Que el día está gris. Que llueve y hace frío. Que añoran estar cerca de los que quieren.

También me pasa. Sumo mi cuota a las suyas. Compartimos canciones, fotos, frases, post, pensamientos…
Nos llenamos de letras en un intento de que las malas nubes grises no nos traguen.

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