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Posts Tagged ‘vida’

amoriosPorque te extraño, y te extraño más de lo que confieso. Para ser sincera, aun no lo confieso, no te lo digo a ti, pero te extraño. Eso, regodéate, imagina que lo pronuncio: te extraño.

Imagínalo, pues por ahora mi voz no está. Tampoco yo. Yo no estoy para decirte muchas palabras. Decirte, por ejemplo, que te quiero. Pero eso ya lo sabes. Te quiero.

Imagíname. Ahora solo me tienes en fotografías, en trozos de letras que te escribo alguna que otra vez. Imagíname frente a la taza de café, conversando café mediante, mientras planeamos alguna travesura.

¿Sabes? He soñado que hablamos mucho, mucho. Y luego despierto y no estás. Y me queda una tristeza honda, pero no te preocupes, que se desvanece durante el día. No te preocupes, porque yo no quiero que te preocupes por mí. No quiero que te desveles por mí. No quiero que llores por mí. No quiero que sufras mi ausencia.

Yo te extraño –aunque no te lo diré. Yo te quiero –eso lo diré ahora y mientras viva. Yo siempre volveré a ti. Tú eres mi hombre más trascendente y mi lealtad más segura. Feliz primer diciembre sin mí, papá.

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rosa_lutoA veces quisiera ser una de esas personas a las que no les afecta que les digan en un solo día: murió Günter Grass, murió Eduardo Galeano.

Esas a las que poco les vale que hoy mismo mueran Harper Lee y Umberto Eco.

A veces tan solo quisiera que esas páginas que quedan inconclusas no me destrozaran tanto. Pero vivo y muero por las palabras. Y en mi vida, un escritor menos, representa soledades de más.

Y creo que también yo voy yéndome un poco.

A veces quisiera ser una de esas personas que no se duelen fácilmente. Pero yo soy yo. La que llega a México cuando ya no hay rastros de Octavio Paz o de Carlos Fuentes, ni Jaime Sabines ni José Emilio Pacheco.

Solo soy yo. La que llega tarde a la cita de los escritores. La que queda herida por cada libro que no será. La que muere un poco cada vez. Sin a veces…

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Anacronismos

barco-de-papel-que-todos-jugamos-414e4b4d-233d-470c-a354-a6cb42a2270c1No, espera –me dice- mientras trata de silenciar mis palabras. Espera.

Y yo, cansada de esperar. Cansada de repetir el esquema de los tres monitos que todos dicen sabios porque no ven, no oyen, no hablan…y yo siempre he creído que no son sabios, sino monitos censurados.

¿Cómo pueden vivir sin ver, oír, hablar? ¿Cómo he vivido hasta ahora? ¿Cómo hemos vivido hasta ahora?

No, espera –me repite- no es el momento adecuado para hablar. Aquí no.

Y yo, cansada de esperar. Cansada de que alguien más diga cuándo es el momento adecuado. Y ese momento nunca llega.

Casi todos se van. Se van a algún lugar donde puedan hablar. Yo me fui. Quiero hablar.

No, espera –me reprime- la vida es como un teatro. Todos debemos actuar. Debemos salir cada día con una máscara en el rostro. Allá o acá. No hables.

Y yo, cansada de esperar. Cansada de actuar, cansada de no poder hablar. Como los tres monitos ¿sabios? ¿censurados? Los tres malditos monos que siguen reprimiendo mis ojos, mis oídos, mi voz.

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SaramagoDe adolescente sentí la tentación de escribir en un diario. Mas, me frenó el temor –como también confiesa un amigo- tuve miedo de llevar un diario y que alguien lo leyera.

Quién me diría entonces que años después me decidiría a llevar este blog abierto, este diario público.

Aún me asombra saber que alguien me lee, y me lo diga. Eso, que me lee. Aún me avergüenza, además, que lean algo mío delante de mí.

A veces me creo tan ermitaña que escribo solo para desahogarme. Y luego recuerdo aquel escritor que mencionó nadie escribe para sí, solamente… A veces, a veces… creo encontrar tanta belleza en las palabras, que pierdo límites y termino volcando mi vida en este espacio tan compartido.

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vidaEscribió Milán Kundera en La insoportable levedad del ser, que “No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es la vida misma? Por eso la vida parece un boceto”.

Recientemente me regalaron un papel con esta frase de una señora de 90 años: “La vida no siempre es justa, pero siempre es buena”. Y recordé esta otra de Lennon: “La vida es aquello que sucede mientras estamos ocupados haciendo otras cosas”.

Hay quienes comparan la vida con un juego de ajedrez, donde hay que mover las piezas y saber qué sacrificar. Otros la piensan como una obra de teatro, en la que cada día salimos a representar un papel. O como un partido de fútbol, en el que debes reaccionar con rapidez en el pase del balón.

Vuelvo a Kundera… que no descubrió algo nuevo con eso de que la vida es solo una, pero al menos lo escribió lindo. Filosofía de vida.

“…el hombre, dado que vive sólo una vida, nunca tiene la posibilidad de comprobar una hipótesis mediante un experimento, y por eso nunca llega a averiguar si debía haber prestado oído a su sentimiento o no”.

Qué complicado, pienso. Tomar decisiones, aferrarse solo lo necesario, saber cuándo irse y cuándo no volver… Porque vivir no es como escribir un texto en la computadora, donde si no te gusta algo que pones, le das Delete y listo.

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LeydiNo soy perfecta, ni quiero serlo. Me equivoco y aprendo de los días malos. Ando medio despistada, abordo ómnibus hacia rutas que no son las mías, persigo personas porque tienen cierto parecido con algún amigo. Digo frases incoherentes cuando tengo mucho sueño, y hasta podría describir una palabra a fin de que alguien la pronuncie por mí, porque se me ha olvidado.

Anoto todas las pifias, incluso las mías, y me río de ellas. He viajado kilómetros por conocer a alguien, o por besar a alguien aunque luego no resulte Principito alguno. Pero al menos me arriesgo.

Me fugo de reuniones que han anunciado como importantes porque algún amigo me quiere ver. Me aburren las clases, todas, incluso las que he tenido que impartir. Pospongo mi horario de dormir por cualquier cosa. Abrazo perdidamente a las personas que quiero, esa es mi huella.

Me gusta del Periodismo hasta la palabra, aunque no me ciegue la pasión. Desconfío de quienes sí pueden hacer algo para que el Periodismo mejore y solo se limitan a criticar a los periodistas. Me desvela la hoja en blanco, ya acompañada de un lapicero o de un teclado.

Me entristece la traición porque deriva de la mentira. No soporto que me sonrían y elogien mientras inventan obstáculos para hacerme caer.

He escrito de mí hasta el cansancio porque, como decía Frida Khalo cuando le preguntaban por qué se dibujaba a sí misma, “soy lo que mejor conozco”.

Un día alguien, apenas conocerme, me preguntó si yo no temía dar una imagen ideal de lo que soy, si en lo que escribo voy yo o quien quisiera ser.

No quiero parecer mejor, le dije. De otra manera no publicaría mis faltas, mis despistes, las situaciones en que he quedado en ridículo. No diría, por ejemplo, que crecí creyendo que las semillas que me tragaba me saldrían por el ombligo, o de las penas que le hecho pasar a mi primo, que son antológicas. Ni contaría mis desastres en la cocina, o que mi madre creía tener par de hijos bobos porque mi hermano y yo nos perseguíamos por toda la casa como “conejo-lobo, lobo-conejo”.

Estoy, pues, lejos de construirme un pedestal. Pero sí me quiero, y por tanto me defiendo. Puedo quedar triste porque alguien que hasta hace días consideraba cercana me sonría cuando me ve y me maldiga cuando no estoy; o porque quien alguna vez quise se arme del propósito de lastimarme. Entonces me alejo, porque a fuerza de tropiezos aprendo que la hipocresía existe. La traición también. Y yo a veces tengo mala intuición y cuento de más a los amigos que sí son. Al fin y al cabo no soy perfecta, me equivoco.

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¿Tras bambalinas?

El personaje de Guido –en la película “La vida es bella”- le decía a su amigo Ferruccio al llegar a la ciudad: “Puedes hacer lo que te plazca. Si quieres hacer algo, lo haces. ¿Quieres liberarte, quieres gritar? ¡Grita!”

Sí, quiero. Quiero correr, quiero gritar, quiero reírme tanto que mi risa moleste a mi hermano –que no se molesta con nada. Quiero cantar cuando voy a los conciertos, discutir con el árbitro –TV mediante- en cualquier partido de fútbol o de beisbol. Y luego cambiar todo por una buena conversación.

A fin de cuentas, la vida es bella si la hago bella, si no me siento a esperar que me pase por el lado. ¡Qué horror!, ¿yo sentada y mi vida paseándose por mi lado? No. Sería como el artista frustrado que queda tras bambalinas por miedo al retablo del teatro.

Me enviaron –hace años- esta cita por correo: “La vida es corta, quiebre reglas, perdone rápido, bese lento, ame de verdad, ríase sin control, y nunca deje de sonreír, por más extraño que sea el motivo. Puede ser que la vida no sea la fiesta que esperábamos, pero en tanto estamos aquí, debemos bailar….” Desconozco el autor. Tal vez alguno de los muchos que se ponen cursis y discursivos acerca de la vida. O sea, existencialistas.

Pero algo tiene de cierto y en verdad creo, si vivimos una sola vez, ¿por qué ser espectadores cuando podemos ser protagonistas?

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