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Posts Tagged ‘volver’

Desvíos

En carne propia sentí la estocada. La pregunta –que tantas veces he hecho a otros- me era devuelta. ¿Estás bien, no vas a volver a escribir?

Sentí que la vergüenza me sacudía. Y pasaron muchos segundos antes de recordar que tengo un blog, que escribo, que me llamo Leydi, que no me gusta mi nombre, y otra vez: que tengo un blog, que escribo

Y como si estuvieran grabadas, salieron las palabras de mi boca: Sí, voy a escribir, pero… a veces creo que nadie nota cuando no lo hago, entonces…

La dulce reprimenda –muy dulce- llegó como caricia casi: Claro que se nota, solo que cada día me digo “seguro hoy no tuvo tiempo, pero mañana quizás…” Y cuando llega el mañana, regreso y tampoco has escrito…

Y heme aquí, estremecida porque me han hecho la pregunta que tantísimas veces yo he soltado sin piedad; el reclamo que tan desgarradoramente he hecho: ¿No vas a volver a escribir?, y la confesión implícita: es que lo necesito. Te necesito.

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Habana

Foto: Alejandro Rodríguez Leiva

No pude aferrarme a las columnas de la Habana Vieja un poco más. Quise abrazar muchos edificios, besar estatuas y andar descalza para sentir el pavimento. Entre todo, me quedé quieta bajo un aguacero y me fui a caminar mucho rato cerca del mar.

Alguien que no sabe de estos andares y añoranzas, pero sí de desvelos, me regaló días después un libro: Piedras y sombras. Plazas de la Habana Vieja.

“Empieza a leer este libro por la página 129, y luego ve donde te lleve tu corazón, de plaza en plaza”. Página 129…y para obedecer la sugerencia, lo leí desde el título: Canis persecutio.

Una persecución por las plazas de la añeja ciudad intramuros: de la Catedral, Plaza de Armas, de San Francisco… Plaza Vieja.

Solo le hubiera borrado las últimas palabras: “Me siento listo. ¡Hay tantos perros por conquistar!”

Pero después de todo quedaba La Habana seductora, nostálgica… narrada desde la complicidad y certeza de las manos de un hombre y un perro sin domesticar:

“Algo en mi mano nos provoca placer. (…) Como una marea, la plaza empieza a llenarse de personas. No me importa. Después de haber cruzado tantas calles y lugares, agradezco que en el fondo solo seamos ‘el perro’ y yo. (..) Tras estar unos minutos acurrucado entre mis brazos, se separa. Aunque deba irse, nos hemos obsequiado mutuamente todo lo que deseábamos. Ninguno necesita más. Hay una última mirada. Sería inútil intentar explicarla. Da media vuelta y echa a andar. Lo veo alejarse, mientras dejo que el vacío se acomode en mi pecho”.

No pude aferrarme a las columnas de la Habana Vieja un poco más.

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poemamanosRegresar a la universidad de donde me fui graduada hace cinco años, y de donde me fui luego de impartir clases por cuatro años más, me hace pensar que en verdad no regreso. Nunca me fui.

Ya cantaron antes esto que hoy hago mío: “Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida…”

Volver. Y reencontrarme con un maestro de la crónica que admiro y adoro, y escucharle decir que “La crónica es un género epiléptico”. “La crónica es el eco de las cosas en mí”, y que “El periodismo es más que palabras”.

Periodismo. Palabras. Crónicas. Remembranzas. Conmoverse.

Vuelvo a los viejos pasillos, a la biblioteca central, a esconderme en mis recuerdos –incluso los que parecían perdidos, se tornan nítidos.

Vuelvo. Y quisiera creer que dentro de unos días no me voy. Que nunca me he ido. Que nunca voy a irme del todo.

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