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Posts Tagged ‘voz’

Desvíos

En carne propia sentí la estocada. La pregunta –que tantas veces he hecho a otros- me era devuelta. ¿Estás bien, no vas a volver a escribir?

Sentí que la vergüenza me sacudía. Y pasaron muchos segundos antes de recordar que tengo un blog, que escribo, que me llamo Leydi, que no me gusta mi nombre, y otra vez: que tengo un blog, que escribo

Y como si estuvieran grabadas, salieron las palabras de mi boca: Sí, voy a escribir, pero… a veces creo que nadie nota cuando no lo hago, entonces…

La dulce reprimenda –muy dulce- llegó como caricia casi: Claro que se nota, solo que cada día me digo “seguro hoy no tuvo tiempo, pero mañana quizás…” Y cuando llega el mañana, regreso y tampoco has escrito…

Y heme aquí, estremecida porque me han hecho la pregunta que tantísimas veces yo he soltado sin piedad; el reclamo que tan desgarradoramente he hecho: ¿No vas a volver a escribir?, y la confesión implícita: es que lo necesito. Te necesito.

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mi-reloj“La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar”.

Silvio Rodríguez

 

 

Él le dijo TE QUIERO de veinte formas posibles. Con sustantivos, con adjetivos, con verbos, con flores, con caricias, con canciones mientras hacían el amor, con comidas, con películas, con versos, con párrafos enteros, con gestos, con una llave de casa…

Le escribió un cuento que leyó para ella. Todos sabían que era para ella. Hasta ella lo sabía.

Él estaba enamorándose de ella, y se lo dijo, y lo hizo visible a plena luz del sol y a plena luz de luna.

— ¡Qué fotos me estoy perdiendo! – pensó mientras se la aprendía con los ojos. Como suele suceder en los museos, sin tocar cámaras ni objetos con las manos. Él solo la contemplaba, desnuda, como si fuera una escultura de un museo.

Y luego la agarraba con ambas manos, como figura pagana, para que el TE QUIERO lo escuchara solo ella, en un susurro.

Le regaló los acordes de una guitarra, el silencio de una calle de madrugada, el rocío sobre el pasto al amanecer, el atardecer a orillas del mar… Y le habló de tiempo, de mucho más tiempo juntos.

Ella, quizás espantada por las palabras que se hacían mayúsculas, o por inseguridades muy suyas, desapareció. Él no volvió a verla para un último TE QUIERO. No supo dónde, cuándo, la volvería a ver (si es que alguna vez la volvería a ver). Se quedó atorado entre el hoy y el lejano mañana, a solas con sus manos y con las letras que iba uniendo para aprender a pronunciar otras palabras.

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Confesional

soledad_botePerdóname si hoy busco en la arena/ esa luna llena que arañaba el mar…

Serrat

 

Perdóname por esto –le escribe. Y vuelve a las confesiones que no le hizo aquella vez. Las que le hace a destiempo, las que le hace ahora bajo el efecto de la lejanía, de los ojos que ya no le ven.

Como los amores cobardes que “no llegan a amores, ni a historias, se quedan allí”, a saber quién de los dos fue Dafne y quién Apolo. Quién huyó y quién se convirtió en laurel.

Y recorre su voz… aquella a la que antes acudía con las justificaciones más simples e inimaginables. La voz que ya no le dice de historias, ni de Scheherezada, ni de música, ni de imágenes. Por escuchar esa voz un poco más, habría revivido los libros de la Biblioteca de Alejandría, y le enlistaría un saco de dudas, para volver a hablarle y quedarse ahí, del otro lado del auricular, escuchando hasta aliviarse, hasta no retener otros sonidos, hasta aprenderse su voz.

Rememora esas manos que no llegan con algún atardecer para irse por alguna calle transitada. Las mismas manos que ahora ponen a prueba su paciencia, porque tiene que verlas de soslayo, sin detener la mirada. Solo quien ha perdido el aliento por unas manos puede comprender ese desespero de tenerlas cerca, sin rozarlas.

Quisiera perderse en sus ojos. Los ojos de los que una vez apartó la mirada para esconderse en lágrimas, por no soportar más nombres en aquellas pupilas. Por no hacer más oscura la noche.

En el laberinto en que se encuentra no hay hilos de Ariadna como en la mitología griega. Le salvaría seguir el rastro de su voz, de sus manos, de sus ojos… pero ya no están.

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Anacronismos

barco-de-papel-que-todos-jugamos-414e4b4d-233d-470c-a354-a6cb42a2270c1No, espera –me dice- mientras trata de silenciar mis palabras. Espera.

Y yo, cansada de esperar. Cansada de repetir el esquema de los tres monitos que todos dicen sabios porque no ven, no oyen, no hablan…y yo siempre he creído que no son sabios, sino monitos censurados.

¿Cómo pueden vivir sin ver, oír, hablar? ¿Cómo he vivido hasta ahora? ¿Cómo hemos vivido hasta ahora?

No, espera –me repite- no es el momento adecuado para hablar. Aquí no.

Y yo, cansada de esperar. Cansada de que alguien más diga cuándo es el momento adecuado. Y ese momento nunca llega.

Casi todos se van. Se van a algún lugar donde puedan hablar. Yo me fui. Quiero hablar.

No, espera –me reprime- la vida es como un teatro. Todos debemos actuar. Debemos salir cada día con una máscara en el rostro. Allá o acá. No hables.

Y yo, cansada de esperar. Cansada de actuar, cansada de no poder hablar. Como los tres monitos ¿sabios? ¿censurados? Los tres malditos monos que siguen reprimiendo mis ojos, mis oídos, mi voz.

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Voces

botellasHay voces que me atormentan, que no soporto escuchar, que esquivo. A esas las destierro de mis espacios habituales, y tampoco las haré coincidir aquí.

Hay otras voces. Voces como sus personas. Imprescindibles. A esas las añoro. Las invoco hasta con el pretexto más nimio, a fin de escucharlas.

Llamo a un amigo en medio de mis tempestades para preguntarle cómo está, e invariablemente me habla de política, filosofía, literatura… pero por mis silencios conoce cuándo busco alivio en su voz.

A otro le comento que estoy algo –muy- atrasada con mi tesis de maestría, y me gano unos minutos de reproches a modo de autoconciencia.

Entre promesas de café que serán, indago con alguien sobre autores que quiero leer. Y le confieso que he pasado el día viendo el reloj, para hacerle una llamada telefónica a esa hora que termina de trabajar. Me cree, porque sabe además que me aferro a pocas voces.

Hay dos amigas que las distancias me roban y yo acerco porque hasta su risa da ánimo. Una me cuenta de su hijo ya crecido, de sus juegos e impresiones. La otra me habla del que crece en su vientre. Escucharlas, saberlas bien, me tranquiliza.

Esas voces, y otras pocas, son mis bálsamos. Son voces como sus personas. Imprescindibles. Porque curan.

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Des- ahogos

rosa-lluviaLe llamo para saber cómo está. Me responde de modo coherente, pero con una risa que delata sus nervios.

Aunque me cuente a medias para que no me preocupe, su voz le descubre. Han sido días muy tensos: de enfermedades, mucho trabajo, horas veloces, sollozos.

Yo también le cuento a medias porque no le quiero sobrecargar, aunque siempre le digo lo más importante de mí.

Mi último mes no ha sido tan preocupante como el suyo. Su almanaque gira sin respiros.

El abrazo entre nos queda postergado. De un lado y del otro sabemos que un abrazo, cuando se está triste, desata lágrimas.

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imagenes-tiernas-35No sé si me crea. Yo le escribo: se te quiere… y para no hacerlo tan impersonal o en tercera persona, le sumo al final un TE –así en mayúsculas- que lo personaliza en mí.

Decirle hace mucho tiempo que no le digo nada, su voz la tengo perdida en algún mes distante, pero confío en que se me da bien esto de las amistades en la distancia (la mayoría de mis amigos, los mejores, ¡están tan lejos!) Le escribo, eso sí, le escribo párrafos que luego dudo pueda leer de golpe, porque su tiempo es limitado y mis palabras ilimitadas.

Me debe al menos dos besos en la frente y diez mil abrazos. Yo le debo otra dosis fuerte de abrazos, y mil correos.

Para explicarle determinadas situaciones me refugio en la película La vida es bella, de Roberto Benigni, y hago todo un rejuego para confesar mucho en parábolas y luego acudir al: “pero eso no lo diría ni bajo tortura, ¡y mucho menos a usted!”

Entiende de metáforas y dice que soy una niña enamorada de la tinta. Y Chiquita. Y de tanto que revisito una y otra vez La vida es bella, dentro de poco se me quedará el Guida.

Le tengo confianza, porque -como si fuera Martí- me devuelve la fe en el mejoramiento humano, y me hace pensar que aunque la bolita del mundo esté plagada de traiciones y falsedades; existen luces, tintineos, personas que nos hacen aferrarnos. Y entonces me aferro –claro, porque hay personas que producen adicción, máxime cuando el diálogo fluye inteligente.

Se te quiere…TE (le escribo) y entre palabras le hago saber algo que supone pero no explicito nunca: Confío en ti.

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