Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘voz’

“En ti pensé al ver a tres o cuatro niños que pescaban en el río. Un río que, aun tan sucio —o tal vez más por ello—, sigue siendo la metáfora perfecta de todo el tiempo que se va.

Sé que no tardarás en entender mi obsesión por el tiempo, especialmente ahora que mi tiempo eres tú”.

Él (2010)

 

Él, el único hombre que ha sido la excepción de todas mis reglas, volvió a colarse en mis sueños. Otra vez sentí cerca de mi cuerpo las manos en las que conocí las caricias insospechadas, le escuché hablarme con esa voz suya que me estremece aun, que me desgarra cada vez que se acerca y me nombra. Él lo sabe, que me nombra y me renace, que mueve algo muy hondo, que dejamos de vernos cuando aun nos mirábamos intensamente.

No sirvió de nada tratar de borrar los poemas, los libros, las fotos, las flores, las dedicatorias, los reencuentros, las palabras tan suyas y tan reales que me resistí a creer. Esas verdades –dijo- que (cuando vienen de ti) necesito creer, y (cuando vienen de mí) tú crees que necesitas no creer.

Él sabía. Sabía que yo me negaba a pisar su suelo firme, y me repetía que ya ningún otro lugar debía ser mi sitio. Él no me podía explicar porque yo le resultaba tremendamente inexplicable. Y cada mirada mía se le antojaba digna de perpetuar en fotografía, y lo decía en todas partes y momentos: ¡qué fotos me estoy perdiendo!

Yo, la que le parecía una bendición. Y las bendiciones –dijo- pueden ser no merecidas, pero sí siempre deseadas. Yo nunca le di la certeza de romper su soledad, de quedarme en su abrazo, de amanecer con hijos y aves. Yo…aun cuando me recitó aquel poema de Borges: Con qué puedo retenerte.

Nos despedimos y rompimos contacto, pero no afectos. Quedamos solamente en pensamiento, en noticias de trasmano, en crónicas publicadas e inéditas, en un mar y una ciudad regalada.

Hasta anoche. Anoche volvió a colarse en mi sueño, y se sintió como despedida definitiva. Lo sentí tan cerca como la vez que –tras años sin vernos- nos reencontramos en una calle muy nuestra, detuvimos los pasos, nos besamos y seguimos caminando, como eternos conocidos. Él, el único hombre que ha sido la excepción de todas mis reglas…

Volvió como en esa canción de Silvio: Pero cuando puedas, vuelve, porque acecha tu fantasma, jugando a las escondidas y yo estoy muy viejo ya.

Apareció como siempre me dijo que aparecerían sus mensajes: aunque tenga que enviar palomas o hacer señales de humo, me sabrás cerca. Anoche lo sentí –tan lejos y tan cerca- que lloré dormida y lloré al despertar. No porque no estuviera, no porque se fuera sin besarme, sino porque sus palabras, las de anoche, fueron las últimas: Nunca podré olvidarte, ni tú a mí, no importa lo que pase, lo sé.

Me estremecí tanto como el día que me dijo: te dedico este libro y te dedico mi vida.

Al despertar busqué los periódicos, ninguno anunciaba su muerte, pero yo me sentía de luto. Y recordé la broma infame que me hizo una vez: me moriré antes que tú solo para que seas tú quien escriba mi epitafio, y nuestra historia.

Read Full Post »

Foto: Kaloian Santos Cabrera, de la exposición “A guitarra limpia”

A

Si algún día aprendo a sacar música de una guitarra, si mis manos torpes no rompen las cuerdas, o si las cuerdas no rompen mis manos, llevaré hasta tu ventana una pequeña serenata diurna.

Una serenata que bien podrías pedirle a Silvio, ese Silvio que tanto te gusta, que tanto nos gusta, que tanto poema ha soltado en la manigua.

Comenzaría por darte una canción que ni siquiera puedo cantar. (Ahora recuerdo que mi voz es demasiado arrítmica e imprecisa, el aire escasea en las primeras estrofas) pero…

Si me pidieran pide un deseo, preferiría algún día llevar hasta tu ventana una serenata.

” …estoy buscando melodías
para tener cómo llamarte
quién fuera ruiseñor
quién fuera Lennon y Mc Cartney
Sindo Garay, Violeta, Chico Buarque
quién fuera tu trovador.”

Quién fuera. Esa sería la primera canción de una serenata que nos amanezca.

Mientras, sigo imaginando los primeros acordes, sigo buscando una palabra en el umbral de tu misterio, para decirte, convencida: Esto es lo que faltaba para que saliera el sol.

L

Read Full Post »

Desvíos

En carne propia sentí la estocada. La pregunta –que tantas veces he hecho a otros- me era devuelta. ¿Estás bien, no vas a volver a escribir?

Sentí que la vergüenza me sacudía. Y pasaron muchos segundos antes de recordar que tengo un blog, que escribo, que me llamo Leydi, que no me gusta mi nombre, y otra vez: que tengo un blog, que escribo

Y como si estuvieran grabadas, salieron las palabras de mi boca: Sí, voy a escribir, pero… a veces creo que nadie nota cuando no lo hago, entonces…

La dulce reprimenda –muy dulce- llegó como caricia casi: Claro que se nota, solo que cada día me digo “seguro hoy no tuvo tiempo, pero mañana quizás…” Y cuando llega el mañana, regreso y tampoco has escrito…

Y heme aquí, estremecida porque me han hecho la pregunta que tantísimas veces yo he soltado sin piedad; el reclamo que tan desgarradoramente he hecho: ¿No vas a volver a escribir?, y la confesión implícita: es que lo necesito. Te necesito.

Read Full Post »

mi-reloj“La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar”.

Silvio Rodríguez

 

 

Él le dijo TE QUIERO de veinte formas posibles. Con sustantivos, con adjetivos, con verbos, con flores, con caricias, con canciones mientras hacían el amor, con comidas, con películas, con versos, con párrafos enteros, con gestos, con una llave de casa…

Le escribió un cuento que leyó para ella. Todos sabían que era para ella. Hasta ella lo sabía.

Él estaba enamorándose de ella, y se lo dijo, y lo hizo visible a plena luz del sol y a plena luz de luna.

— ¡Qué fotos me estoy perdiendo! – pensó mientras se la aprendía con los ojos. Como suele suceder en los museos, sin tocar cámaras ni objetos con las manos. Él solo la contemplaba, desnuda, como si fuera una escultura de un museo.

Y luego la agarraba con ambas manos, como figura pagana, para que el TE QUIERO lo escuchara solo ella, en un susurro.

Le regaló los acordes de una guitarra, el silencio de una calle de madrugada, el rocío sobre el pasto al amanecer, el atardecer a orillas del mar… Y le habló de tiempo, de mucho más tiempo juntos.

Ella, quizás espantada por las palabras que se hacían mayúsculas, o por inseguridades muy suyas, desapareció. Él no volvió a verla para un último TE QUIERO. No supo dónde, cuándo, la volvería a ver (si es que alguna vez la volvería a ver). Se quedó atorado entre el hoy y el lejano mañana, a solas con sus manos y con las letras que iba uniendo para aprender a pronunciar otras palabras.

Read Full Post »

Confesional

soledad_botePerdóname si hoy busco en la arena/ esa luna llena que arañaba el mar…

Serrat

 

Perdóname por esto –le escribe. Y vuelve a las confesiones que no le hizo aquella vez. Las que le hace a destiempo, las que le hace ahora bajo el efecto de la lejanía, de los ojos que ya no le ven.

Como los amores cobardes que “no llegan a amores, ni a historias, se quedan allí”, a saber quién de los dos fue Dafne y quién Apolo. Quién huyó y quién se convirtió en laurel.

Y recorre su voz… aquella a la que antes acudía con las justificaciones más simples e inimaginables. La voz que ya no le dice de historias, ni de Scheherezada, ni de música, ni de imágenes. Por escuchar esa voz un poco más, habría revivido los libros de la Biblioteca de Alejandría, y le enlistaría un saco de dudas, para volver a hablarle y quedarse ahí, del otro lado del auricular, escuchando hasta aliviarse, hasta no retener otros sonidos, hasta aprenderse su voz.

Rememora esas manos que no llegan con algún atardecer para irse por alguna calle transitada. Las mismas manos que ahora ponen a prueba su paciencia, porque tiene que verlas de soslayo, sin detener la mirada. Solo quien ha perdido el aliento por unas manos puede comprender ese desespero de tenerlas cerca, sin rozarlas.

Quisiera perderse en sus ojos. Los ojos de los que una vez apartó la mirada para esconderse en lágrimas, por no soportar más nombres en aquellas pupilas. Por no hacer más oscura la noche.

En el laberinto en que se encuentra no hay hilos de Ariadna como en la mitología griega. Le salvaría seguir el rastro de su voz, de sus manos, de sus ojos… pero ya no están.

Read Full Post »

Anacronismos

barco-de-papel-que-todos-jugamos-414e4b4d-233d-470c-a354-a6cb42a2270c1No, espera –me dice- mientras trata de silenciar mis palabras. Espera.

Y yo, cansada de esperar. Cansada de repetir el esquema de los tres monitos que todos dicen sabios porque no ven, no oyen, no hablan…y yo siempre he creído que no son sabios, sino monitos censurados.

¿Cómo pueden vivir sin ver, oír, hablar? ¿Cómo he vivido hasta ahora? ¿Cómo hemos vivido hasta ahora?

No, espera –me repite- no es el momento adecuado para hablar. Aquí no.

Y yo, cansada de esperar. Cansada de que alguien más diga cuándo es el momento adecuado. Y ese momento nunca llega.

Casi todos se van. Se van a algún lugar donde puedan hablar. Yo me fui. Quiero hablar.

No, espera –me reprime- la vida es como un teatro. Todos debemos actuar. Debemos salir cada día con una máscara en el rostro. Allá o acá. No hables.

Y yo, cansada de esperar. Cansada de actuar, cansada de no poder hablar. Como los tres monitos ¿sabios? ¿censurados? Los tres malditos monos que siguen reprimiendo mis ojos, mis oídos, mi voz.

Read Full Post »

Older Posts »