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Posts Tagged ‘Yamil Díaz Gómez’

Cuántas veces subí las escaleras para mirar tus ojos, para hojearlos…

Y sigue subiendo, y sigue cayendo, ante el deseo de esa sola sonrisa.

Lo mira mientras ríe, le encanta que le encante esa risa de niño grande que llena todo de energía, como las famas y cronopios de Cortázar, como las noches estrelladas de Van Gogh, como las últimas líneas de una novela de Hemingway. Como él…

Lo mira como si fuere al mismísimo terco violinista que nadie conoce:

Contra todo pronóstico hoy existe/ un terco violinista que asegura/ que el amor nunca le resulta triste/ ni la existencia le parece dura.

Cada vez que descubre algo sublime, ella exclama con asombro: ¡Magia!

A él lo mira así cada día, como si fuera magia. Y es magia. Es magia poder mirarse en esos ojos, y sonreír con esa sonrisa.  

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Se derrumba una parte de la ciudad y se desborda el río. El poeta muere con una esquela en su mano:

“Son las dos de la tarde.

Tener amigos por solo una semana,
es el oficio más triste del mundo.
Y he aquí que los viajeros se consuelan
dando una falsa dirección:
disimulan sus lágrimas poniendo en hora los relojes.

En París, casi siempre, son las dos de la tarde.”(1)

Los relojes se detienen para verlo pasar: ataúd, escombros, y poeta. Un amasijo de letras y polvo. Todos los relojes del mundo, sincronizados, marcan las dos de la tarde.

 

(1) Yamil Díaz Gómez (Discurso en una esquina de Paris)

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René Portocarrero. “Interior del Cerro”, 1943. Óleo sobre madera

                  No escriba. No exista. No piense./ Ame usted si lo desea, ¿a quién le importa nada?/ No es a usted a quien aman, compréndalo, renuncie gentilmente./ Piense en las estrellas e invéntese algunas constelaciones./ Hable de todo cuanto quiera pero no diga su nombre verdadero./ No se palpe usted el fantasma que lleva debajo de la piel.

                 Gastón Baquero

 

 

Despertaron entre las murallas de la habitación sombría. Vieron a los lados sin ver más que piedras que formaban gruesas paredes por donde solo entraba un poco de luz, un poco de oxígeno, suficiente para vivir un día más. Afuera se elevaban muros más altos, más gruesos, más grises, que le impedían escapar. Sin embargo, cada día se reunían a hacer mapas de extramuros, a dibujar la ciudad que una vez conocieron. El verdugo anotó en su bitácora que aquel par se comportaba como adolescentes.

“Pero donde hay adolescentes tiene que haber verdugos.
Y ahora es el filo de la soledad
el que va cercenándonos por dentro,
porque la vida no va a empezar otra vez
aunque yo sea el primero en quitarme la capucha
esta primera tarde en que un verdugo
ha estado a punto de gritar: ¡TE AMO!” (1)

Letra a letra lo escribió en aquella hoja gris, la única que tenía a mano. Y disintió de bajar la guillotina. A fin de cuentas, aunque el tal Bonaparte le anunciara que en una fortaleza sitiada toda disidencia es traición, él, el único verdugo de la ciudad, también estaba cansado de las murallas, de las piedras que formaban gruesas paredes por donde solo entraba un poco de luz, un poco de oxígeno, suficiente para vivir un día más…

(1) Yamil Díaz Gómez. Madrigal del verdugo. https://www.youtube.com/watch?v=-180nAlEi3I

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amor_besandolalunaMe han alertado varias veces, me dicen que cualquiera, tan solo leer mi blog, podría enamorarme, que debo tener cuidado. No, cuidado debe tener quien lo intente…porque ya hay quien se ha lanzado el mar sin botellas y no le ha resultado… Pero bueno, como soy muchacha bondadosa y me porto bien, voy a facilitar las cosas. Aquí anoto lo que deben hacer (al menos saber). Lo demás, tarea independiente…

1- Escuchar jazz, soul, blues, trova, mientras los inciensos y las velas se consumen.
2- Saber si el mar golpea o acaricia.
3- Haber visto “El club de los poetas muertos”, y “La vida es bella”. Haber leído a Borges, Vallejo, Martí, García Márquez, Rulfo, Cortázar, la Storni, Dulce María… a José Alejandro Rodríguez, Luis Sexto, Michel Contreras, Yamil Díaz, Eduardo Montes de Oca, Enrique Milanés, Fulgueiras, Charly Morales…
4- Simpatizar con el Barça (o en su defecto, no ser madridista. Esto es: estar consciente de que Messi es Dios y por eso Ronaldo es Cristiano…) Discutir de pelota y de fútbol. Gritarle a los árbitros. 😉

(Y como me apasiono muchísimo con el tema del periodismo, dos cosas importantes…)

5- No creer que Padura es mejor periodista que la mayoría de mis amigos PERIODISTAS.
6- Coincidir conmigo en que Julio García Luis ha sido el mejor presidente que ha tenido la UPEC (y que tendrá…)

(Continúo…)

7- En mi tacita de café debe haber una dosis mayor a la suya.
8- Tener un espacio nuestro en el Muelle Real, de Cienfuegos, o en el Morro habanero.
9- Ver el Mundial de Fútbol, la Eurocopa… la Serie Nacional de Béisbol, por encima de cualquier telenovela. No ser adicto a la TV.

(Y como adoro las crónicas y a los cronistas que cada año se reúnen en Cienfuegos, y muchos de ellos tienen libros publicados –que tengo- o están en proceso de publicar alguno…pero uno de mis cronistas preferidos –para no pecar de absoluta y decir mi cronista preferido- no tiene las suyas compiladas, pues…)

10- Compilar TODAS las crónicas de Michel Contreras. Regalármelas (con firma del autor).

Y bien, como las primeras condiciones son más subjetivas y solo confirmables en conversaciones o con el tiempo, mucho tiempo… pues se debe comenzar por la más tangible, o sea, por la última. 😛

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Caricatura: Pedro Méndez (de Melaíto)

“En un play off de beisbol ocurre cualquier cosa: hasta que salga lesionado un escritor.”

Y.D.G

 

 

Hace hoy 8 años que a Santa Clara le “nació” otro cojo.

Antes de ese momento Yamil Díaz Gómez solo anotaba en su currículo: escritor, poeta, periodista. Pero como además es fanático del béisbol, y bien dicen que la pelota es redonda y viene en caja cuadrada, pues uno nunca sabe qué encontrará en un estadio. Y aquella noche Yamil encontró, en el Sandino de Santa Clara, tremenda torcedura en un pie.

Más o menos así podría presentarlo.

O mejor, como lo describió mi migo Yandrey Lay: “Yamil Díaz es un hombrecito barrigón, cojo y casi calvo que tiene el don de asombrarnos a cada momento. El milagro puede obrarse con una frase irónica, un abrazo oportuno o con esa carcajada larga y contagiosa, arrojada frecuentemente en las calles de Santa Clara”.

O con esta caricatura que le hizo Pedro Méndez, director del suplemento humorístico Melaíto, donde lo deja con un libro en una mano y un lápiz como bastón en la otra.

Podría… Pero no, prefiero que sea él mismo quien escriba el suceso que lo hizo merecedor de todas estas descripciones, el momento que le cambió la vida –o el pie- cuando el equipo de Villa Clara, con desventaja de marcador 0-2 ante Santiago de Cuba, logró el empate y luego en extrainning ganó el pase a la final por la zona oriental.

“De inmediato, miles de aficionados nos lanzamos a la grama. Ahí mismo a mi tobillo le cantaron el tercer strike: una fractura amenizada por el tambor de la victoria.

Ya lo decía; siempre voy al estadio para aprender. Y la noche del martes 30 de marzo de 2004, en el Sandino, recibí dos lecciones: primero, con la tropa naranja no existe nada decidido hasta el out treinta o cincuenta; segundo: tirarse de las gradas al terreno es algo que realmente está mal, ¡pero muy mal!…”

Mientras, yo me quedo con la duda de si debo llamarlo hoy y felicitarlo. ¿Cómo se celebra la cojera? No sé, como él dice que desde entonces ha sido una persona más feliz…

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Me he enamorado con los versos de Sabina, y con las canciones de Benedetti… ¿o sería al revés?

He intentado, como Liuba María Hevia, que no me falte tu sonrisa, decir todo en una palabra, como Carlos Varela, y confesar que te miro y tiemblo, mientras toca la música de Jarabe de Palo. Todo, para no quedar en el club de los corazones rotos.

Me he estremecido con poemas de Neruda, Alfonsina Storni, Roque Dalton, Dulce María Loynaz, Borges…

Sin embargo, solo me he aprendido palabras completas de Alexis Díaz-Pimienta y de Yamil Díaz Gómez, hasta el punto de pregúntame qué tendrá el apellido Díaz que lo que escriben se queda en mi memoria.

No lloverá. Si no vienes/ la lluvia no va a saber/ sobre qué calle caer,/ en qué esquina, en qué contenes.

Por favor, no rescaten las cartas extraviadas./ Dejen el sobre junto al tronco del árbol,/ bajo anónima piedra, o rodando en los parques./  Hay cartas que se escriben para que no lleguen.

…  (A.D-P)

Contra todo pronóstico hoy existe/  un terco violinista que asegura/ que el amor nunca le resulta triste/  ni la existencia le parece dura.

porque así como todas las fotos de la guerra/ son la última foto,/ todas las cartas de amor son la primera carta.

(Y.D.G)

Y ando por las calles cargada de sus poemas. No pesan, pero me persiguen. ¿Será porque marco, señalo, copio y regalo sus letras?

¿Cómo decirles que escriban más, o mejor, que publiquen más? ¿Cómo, si ellos no saben que alguien necesita de sus poemas?

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¡Cuántas veces subí las escaleras

para mirar tus ojos, para ojearlos!

Yamil Díaz Gómez

 

También era diciembre y también hacía calor. Los dos, sentados en un banco cerca de una parada de la guagua, mirábamos a cada momento hacia la ventana de un hospital desde donde dos personas nos veían. ¿Cuidábamos a los de la ventana o ellos nos cuidaban?

Nuestra dosis de sol, sentados donde nos pudieran ver, se prolongó media hora. Precisábamos conversar, abrazarnos, sentir que cada cual se quedaba en la pupilas del otro.

Más allá de la ventana del hospital había una persona necesitada de cuidados. Nosotros, que nos escapamos a un banco para consumir la última media hora juntos, mirábamos hacia aquel tercer piso para saber que el acompañante aún estaba.

Esta semana, por alguna extraña razón, mi memoria insiste en recordarme hace dos año atrás. Solo que esta vez los dos jóvenes sentados en el banco no éramos nosotros, la ventana no era aquella, y la que miraba desde lo alto era yo.

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