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Cambio

yo con cafeterasHace unas semanas cambié mi foto del blog. Algunas personas que me conocían –y otras que comenzaban a conocerme- me decían que aquella era una imagen de muchacha molesta. Muy seria.

Carmen Luisa, la mariposa camagüeyana, cuando me vio me dijo: yo te hacía más grande. Y comentario seguido: y más vieja.

¿Por qué pusiste esa foto?, me preguntaron después y sonaba a reproche. ¿Por qué la puse? Sí, no te pareces…a menos que te quedes pensativa…

Mi primo también vio la dichosa foto y me señaló: “¡hazte la seria, que si los que te leen vieran lo boba que eres pa´ reírte!”
Entonces busqué una que se pareciera más a mí, una a medio reír y ¡entre cafeteras! 😉

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¡¿Cómo?!

telarañaEsa es la pregunta que me hago muchas veces cuando termino de escribir algo, ya sea a mano o en digital. Y ahora, ¿cómo? ¿cómo lo publico?

Me he quedado con las letras archivadas, a veces se me van de la fecha, así me sucedió con “Una hora”, que escribí cuando tuvimos que atrasar una hora a los relojes y yo me preguntaba qué podríamos hacer con ese tiempo de más…hasta que se me iba, desperdiciado mientras pensaba cómo utilizarlo. O “Los Momentos sin Borges” que no dejé en su natalicio, cuando intenté hacerme eco de algo que María Kodama rectificó en 1995: que Momentos o Instantes, que en Internet le atribuyen falsamente a Jorge Luis Borges en verdad es de la escritora norteamericana Nadine Stair.

Podría amanecer delante de una PC, pero Internet se hace intermitente, y cuando al fin logro administrar, y ver las botellas por dentro, y pego el texto, y voy a subir la foto ¡saz! Se reinició la conexión. Comienzo de nuevo… En el último año ha aumentado mi dosis de paciencia (anteriormente solo superada por las infinitas colas en el coppelia al mediodía).

Mis botellas habrían quedado llenas de telarañas mas, un respiro llegó a kilómetros de distancia, y la posibilidad de enviar mis mensajes por correo para que alguien más las publicara hizo que nombrara a la hermanita como vicepresidenta de la fábrica de botellas, con llave y todo. Y comencé a pasar las botellas por segundas vías.

Y aún lo hago, pero si cada vez que la navegación en Internet se descompone, amor, se descompone, yo lanzara mensajes a través de mi otro par de manos, tendría que pagar una cuota adicional de abrazos, gracias y hasta de algo tan personal e intransferible como… ¡los helados!

Una amiga que sabe de mi tormentoso primer año y que además suele leerme me manda a decir -hijo mediante- que si yo me quejo por no poder actualizar, ella tendría que hacer un acto de protesta porque desde hace meses no logra dejarme comentarios. Y entonces me surge una idea brillante, brillantísima. ¿Por qué no amenazamos a Internet y le decimos que si no nos deja ser felices y blogconectados, lo dejaremos uno de estos mediodías en una larga cola para entrar al coppelia?

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Happy birthday

Hoy es mi cumpleaños. Y como cada 10 de septiembre, se me esfumará  casi como un día más: en familia, pero sin mis amigos.

Nunca había caído en esas cuentas, pero tengo a mis amigos, los más cercanos y queribles, muy lejos, a muchos kilómetros de distancia, repartidos en otro municipio, la mayoría por La Habana, por otras provincias, y hasta por otros países. No los puedo abrazar con estos brazos.

El mar también lo tengo lejos. Pero como no suelo quejarme ni crear nostalgias, y mi abuela me enseñó que se debe disfrutar las cosas que tendemos hoy, y cada día al máximo, pues me he trazado todo un “amplio programa de actividades” para tener una “apretada agenda”.

No voy a dormir antes de que se me acabe el día. Abriré mi buzón de correo dos veces, me regalaré un helado (ya le escuché a mi mamá decir en secreto que mandó a hacer un cake), le pediré a mi abuela que me haga dulce de arroz con leche, a mi abuelo café, voy a salir con mi hermano, y luego todos veremos una peli juntos.

Tendré algunas llamadas telefónicas y mensajes en mi muro de Facebook que no revisaré hoy, claro. Y lo pasaré mejor, mucho mejor que aquella vez del 2008 cuando Ike, Gustav y Paloma –muy huracanados y nada amigables- se confabularon para regalarme un apagón y mucha lluvia. Ese día prendí velas para alumbrarnos, oímos la radio con pilas, hicimos un flan y me cantaron las felicidades mientras yo miraba de reojo a la rana que desde el patio amenazaba con entrar a celebrar.

Hoy, además, voy a hacer algo que nunca he hecho. Como cumplo 25 años, y eso es ¼ de siglo, he decidido ponerle a este 10 de septiembre algo nuevo, totalmente inusual: voy a publicar mi cumple en las paredes, en los muros, ¡voy a regalarme un post!

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poesia1Hago un breve resumen de mis errores, una fe de erratas.

Escribo estas palabras y recuerdo lo que le sucedió a una profesora del Pedagógico con un trabajo final de su asignatura. Un alumno le entregó el informe y ella, al notar muchos errores le sugirió: si quieres aprobar, vuelve a revisar esto y haz una fe de erratas. La escuchó y a los pocos días el muchacho regresó con una hoja de papel que tenía por título: “Fe de ratas”.

Pero esta vez voy a hacer una lista de los errores, más bien de los olvidos que se comenten cuando escribimos algunos nombres y se nos quedan otros fuera. Y es entonces cuando algunos se sienten dolidos y te lo dicen, otros se incomodan y no te lo dicen, y otros no se dan cuenta…

Esta semana escribí de las personas a quienes les he dedicado un post, declaré que me faltan otros, pero no anoté los nombres de quienes he guardado en alguna botella compartida. ¡Y me faltó Mar, y casi me cuesta una guerra marítima!

Mar casi me cierra su pedacito de mar, y entonces tendría yo un lugar menos donde dejar botellas. Quedó tan triste que casi se retracta de su propuesta de compartir Nutella conmigo.

Por eso tuve cuidado esta vez de revisar las botellas y no pecar de olvidadiza. (Aunque tampoco voy a revelar ahora a quienes he mencionado sin mencionar, porque esas complicidades no son públicas, son solo nuestras ;)).

Fe de erratas (de mis olvidos): He dejado en botellas –y no lo dije esta semana- a Galinka, Yuset Sama, Miguel Ernesto, Nyliam, Alina Perera, Kyn, Yandrey, Mayli, Alberto Yoan, Daynet, Yaima, Víctor Casaus, Alexis Díaz-Pimienta, ¡a la Caperuza! Y otros cuatro camagüeyanos: Tunie, Mariposa, Alejo y María Teresa. ¡A Mar!

¿Se me habrá quedado alguien? ¡Qué difícil ha sido reunirlos a todos! No pensé que tuviera tantos nombres en mis post… (y eso que no conté a mis familiares y a mis muertos) Bueno, por si acaso, voy a dejar un libro de quejas y sugerencias… 🙂

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¿Rana por gota?

La rana de mi amigo Enrique emigró a cualquier parte. O tal vez no, y decidió casarse con otra rana, o anda extraviada.

No, extraviada no, porque vivió demasiado tiempo en esa casa como para desorientarse ahora. Justo ahora. Además, si anda medio perdida –o perdida completa- no se lo puedo sugerir siquiera a mi amigo, porque quedaría triste entonces.

Sucede que desde que Enrique se mudó para su casa, convivía con una rana y una gota.

La rana a veces se molestaba, y miraba un rato a Enrique para transmitirle su decisión de “darse un tiempo”. Pero la gota no, la gota fue siempre más fiel y continuaba encima del lavadero.

Él decidió hacer pública la existencia de su gota, y le llenó de letras un post en su blog. La rana, celosa por la omisión de mi amigo, desapareció.

¿La rana tendrá acceso a Internet? Bueno, yo por si las moscas, o por si las ranas, publico su pesar para que retorne a la casa, porque Enrique conversará con su gota, pero por estos días también añora su rana.

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