Quien a ternura mata…

bandera cubanaLa muchacha que más se me parece me llama desde el otro lado del mundo y me conmueve hasta hacer que –sin poder verlo- mis lágrimas la saluden.

Le pusieron en las manos un celular para que llamara a su familia y supieran que ella estaba bien. Marcó a su esposo, a su mamá, y a mí.

Llego a casa muy impresionada, y de tanta alegría repito esta historia a todos mis rostros conocidos. Les digo, además, que ella me ha sorprendido muchas otras veces.

En una ocasión fue a verme junto a su esposo, yo los esperaba cerca del mar, y el viento estaba frío. Mis brazos estaban igual que el viento. Cuando se acercó para el abrazo, se zafó la única prenda que podía servir de abrigo y me la dio. Meses después supe que ella es reacia al invierno, que al menor aire frío se congela, sin embargo, aquella vez prefirió cubrir mis brazos antes que los suyos.

Otro día supo que yo estaba triste y en un lugar donde me sentía atrapada. Ella me había regalado un libro la tarde antes, un libro con una dedicatoria memorable. Llamó al autor y para abusar un poco de su nobleza y aliviar mi desasosiego, le pidió escribirme otra dedicatoria más.

Me llama y me pregunta cómo estoy, si me siento bien, si estoy regulando el café que no debo tomar, y para que lo reemplace un poco me envía Nescafé, porque dice hará menos daño.

Ella es tan buena que prefiere quedar triste antes que molestarse conmigo. No grita aunque los gritos de otras personas la ensordezcan. Le pide a su esposo que me regañe, porque su rol de hermana mayor no le alcanza para reprenderme, y entonces le pide: “regáñala, que no quiere ir a la casa”, “seguro le da pena quedarse a comer”, “mira lo que compró, regáñala”, y cuando mi sinceridad roza lo hiriente: “¡óyela, escucha lo que dice…!”

Entonces yo trato de enmendar lo mal dicho, y en un intento de reivindicarme les digo que ellos tienen un saco de abrazos míos que ella debe compartir regularmente entre su esposo y su mamá.

Pero como nos encontramos poco -y las veces que nos vemos no podemos malgastar el tiempo en regaños reales o bravezas, todo se termina con las dos palabras usuales entre nos, las que ya pocos utilizan: TE QUIERO.

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9 respuestas a “Quien a ternura mata…

  1. ¿Qué decirte? ¿Qué escribirte? Pues no lo sé, todas las palabras se me antojan demasiado pequeñas 😦 entonces mejor no digo nada y callo, a veces no hacen falta las palabras ¿verdad?
    Gracias, te quiero, ya sabes de qué tamaño…

  2. La amistad es lo que complementa a la familia pero es una familia distinta porque esa persona te conoce y la conoces en etapas de la vida que solo pueden ser el jardín de esa amistad.

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